FALTA DE RIGOR Y COHERENCIA EN LA PUESTA EN ESCENA DE “LA APPASSIONATA” DE HÉCTOR AZAR, DIRIGIDA POR
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rodolfopineda.jpgFALTA DE RIGOR Y COHERENCIA EN LA PUESTA EN ESCENA DE
“LA APPASSIONATA” DE HÉCTOR AZAR, DIRIGIDA POR AMANCIO ORTA
Reseña crítica de Rodolfo Pineda Bernal*
 
“La Appassionata” es el primer texto dramático publicado de Héctor Azar, editado por primera vez en 1958 por Juan José Arreola en la ahora célebre colección de “Libros del Unicornio”
“La Appassionata” es, ante todo, una obra donde se funden la poesía y la realidad a través de diálogos teatrales plenos significado donde, el sentido del humor y una realidad de pobreza extrema, contextualizada dentro de una casa de vecindad de nuestro país, hacen que los personajes de esta familia se conviertan, gracias al genio de Azar, en personajes universales que trascienden las fronteras del realismo y de su mexicana realidad. Hay que apuntar que la temática que nos cuenta la historia de esta familia y de cómo se reencuentran en la muerte, puede emparentarse con la obra narrativa de Rulfo. Pero Azar, la traslada al ámbito del teatro, donde nos muestra el reencuentro una madre con su hijo muerto (la historia inversa de “Pedro Páramo”.) Es, en resumen, el reencuentro del personaje de “Canario” que vuelve del más allá para llevarse con él (y con su esposa) a toda su familia. En este punto, el texto nos hace pasar de una realidad al nivel de lo fantástico. Además de que con la esposa del hijo se encarna una alegoría mexicana, pues se trata del personaje emblemático de José Guadalupe Posada, “la Catrina.” Personaje que Azar usa para potenciar el sentido teatral y dramático (tragicómico) de esta obra en que la familia entera y una vecina, transitarán de su precaria realidad a la plenitud que se les ofrece a través del viaje a otra realidad. El deseo del reencuentro del hijo y el anhelo de salir de la realidad que oprime a toda esta familia, se unen en una resolución inesperada donde todos, a través del matrimonio de “Canario”, se han emparentado con la muerte. “La Catrina” representa la riqueza de la muerte mexicana, que le permite a esta familia de clase baja escapar –al final de la obra- de las limitaciones económicas y sociales a que han sido sometidos, desde su nacimiento y hasta su muerte, todos y cada uno de sus miembros. En este sentido tenemos que decir que la elección del texto es excelente, porque es total su vigencia en nuestra cotidianeidad y puede generar, con los recursos propios del teatro y de la poesía, una obra que a la vez de entretener y divertir nos acerque a los mundos alternos con los cuales se identifica nuestra cultura y, en este caso, una parte de nuestra sociedad que en buena medida representa a la mayoría porque, lamentablemente, la falta de oportunidades ya no sólo es parte de una clase social, sino de la gran mayoría. 
 
“La Appassionata” es un montaje de “Teatrofilia A.C.” dirigido por Amancio Orta, que, como iremos viendo, está plagado de defectos y muy pocos aciertos. El reparto está integrado por Iris García Cuevas (Gardenia); Vlad Villegas (Sagitario); Julieta Hamilton (Floralinda); Héctor Tóriva (Modestino); Lila Rodríguez (Marchitania); Luigi Zepeda (Canario); Esther Lídice Salgado (Cangrina); Omar Karim (Piropo); Roberto del Castillo (Ángel Nuncio) y Susana López (Catrina). Los actores están, en la mayoría de los casos, fuera de casting. Además incurren en el vicio de ilustrar y caen, la mayoría de las veces en el tono del “melodrama” cuando se trata, según el texto del propio Azar, de una “tragicomedia”, pero no alcanzan, en ningún momento esta mezcla que surge, como sabemos, de los dos géneros mayores de los que se deriva todo el teatro.

Julieta Hamilton representa a Floralinda que, según el texto de Azar, es una adolescente; lo extraño del casting radica en que vemos una adolescente que cuando se ríe se le notan las arrugas y su voz afectada nos refiere, más que a una niña o una jovencita, a una mujer con algún problema mental o de madurez. Piropo, en su única aparición, deja de ser el personaje de Azar para transformase, gratuitamente, en Omar Karim quien empieza sus parlamentos con un volumen que nos hace pensar en un intento de teatro intimista que, por la mala dirección, tira a la basura con unos gestos groseros, desconcentrados y arbitrarios que buscan la risa fácil, y que nos recuerdan la atmósfera de las películas de “Ficheras”, cosa que nunca se evoca ni lejanamente en el texto. Iris González en vez de tocar el carácter tragicómico de Gardenia, se agarra de un tono melodramático, lacrimoso y falso propio de las telenovelas; el Ángel nuncio interpretado por Roberto del Castillo usa un volumen tan alto, como si estuviéramos en un enorme teatro y con una dicción perfecta que, desgraciadamente se queda hueca por la falta de intención y sentido en lo que dice. Vlad Villegas habla y se mueve como él mismo, no crea personaje alguno y los niños, Héctor y Lila, son lo mejor de la obra porque a pesar de que no son tan niños, están por su tamaño y delgadez en casting y con su propia intuición, aún sin vicios, logran construir y mantener, del principio al fin de la obra, unos personajes vivos que reaccionan y hablan con intenciones adecuadas a las situaciones escénicas en las que participan. El personaje de Canario, fundamental como hemos visto más arriba, aparece en escena maquillado como si se tratara de una fiesta de “Halloween”, lo cual es totalmente gratuito y, hay que subrayarlo, una muy mala aportación de la dirección al texto. Evidentemente el director desconoce la “Introducción a la literatura fantástica” de Todorov que, Azar, por ser maestro en literatura, seguramente conocía y dominaba a la perfección: El regreso del hijo muerto a casa debe crear, a través de la apariencia de realidad, la duda de si el Canario está realmente vivo o no, ya que se trata de un indicio (véase el sentido de este término empleado por Roland Barthes) expresado por Gardenia quien, repetidas veces expresa que su hijo “no ha muerto.” Amancio Orta decide poner en escena al hijo muerto ensangrentado con un tiro en la frente. Ilustra, debilita y omite por ende el tránsito de la realidad a lo fantástico con lo cual tira por los suelos el potencial alegórico que re-significa, en el nivel de la representación escénica, la llegada de la muerte que se nos plantea en la obra. Volviendo a las actuaciones, la “Catrina” (interpretada por Susana López) en cuanto realiza el primer movimiento, le ocurre el primer accidente: se le cae una pulsera de la mano izquierda que permanece en el suelo durante el resto de la función.

Por otra parte se realizaron otros cambios arbitrarios del texto a la puesta en escena que, en vez de fortalecer la propuesta la debilitan. El uso del espacio escénico es arbitrario y esto hace evidente el descuido de los detalles profundos de un texto que exige, por su estructura, un tratamiento estético riguroso. En el texto la acción y el tiempo transcurren: “En el interior de una vivienda en una casa de vecindad” (Azar, 27) en tanto que en la puesta en escena la acción transcurre en una escenografía que evoca una estancia de un rancho, ya que se trata de una escenografía permanente del mismo teatro, escenografía que ha sido reutilizada (como si fuera reciclable) con mejores y peores resultados, en diversas representaciones, y en esta ocasión, como si se ignorara que en el teatro “todo es signo” (Kowzan). Ante esta arbitrariedad uno se pregunta: ¿qué hacen los personajes de “La Appassionata Héctor Azar, en el campo o en un rancho? Pero este defecto llega hasta la falta de sentido y significado de lo que hacen y son los personajes y, por ende, se extiende a  las acciones de los actores que, en su gran mayoría, están sucias. De todo esto se deriva la carencia de sentido en lo que vemos. Enumero algunos ejemplos: 1) Los personajes “se sirven y comen tamales” cuando dicen que “el chocolate está servido”; 2) Encienden la estufa y ponen la olla de Doña Cangrina pero, sin darse cuenta de que la estufa se les apaga (otro accidente), el niño le lleva la olla a Doña Cangrina y hace como si estuviera caliente; 3) Los personajes comen en los mismos platos sucios, manchados por los tamales de mole; 4) Somos testigos de una golpiza que recibe Gardenia, la cual se lleva a cabo afuera de escena, pero se nos anuncia que se usará un cinturón. Escuchamos que a cada golpe, Gardenia responde con un grito que pretende ilustrar, de manera vacía de emoción y cargada de melodrama, el dolor con el que la madre recibe su castigo. Esto no provoca nada, debido a lo mal que se ejecuta una acción que en vez de ser climática, hace que la convención teatral se caiga y no creamos en ella porque, por principio, los actores no creen en lo que hacen o no tienen recursos para transmitirlo, pero absurdo de absurdos, después del castigo con el cinturón Gardenia regresa con el ojo morado. 5) Otro ejemplo de la falta de rigor en el trabajo escénico se observa cuando se supone que Gardenia le grita a los hijos pero se hace evidente que está gritándole a una pared y lo mismo se repite cuando Sagitario y Gardenia les gritan a sus hijos sin la más mínima muestra de rigor y sentido. ¿Cómo explicar todas estas arbitrariedades?  En la falta de rigor y sentido (coherencia) de lo que, desde la dirección y hasta la ejecución, se nos plantea.

De todo esto podemos deducir que los errores de dirección son múltiples y, eso sí, constantes de principio a fin del montaje. Uno de los errores más graves e imperdonable es tratar al público como si fuera retrasado mental. Amancio Orta, director de este montaje, se nos muestra con muy pocos recursos y muchos vicios pues incurre en el error de ilustrar y agregarle al texto cosas que no tiene (y no las tiene porque evidentemente no se necesitan.) Esto se puede ejemplificar claramente cuando la “Catrina”, al cierre de la obra, nos muestra el pomo de veneno -que empleo Gardenia- entre sus manos para explicar, por si no se entendió, que fue por ese veneno que se murieron todos. Estamos ante un teatro que además de menospreciar al espectador, disminuye y destruye el potencial dramático y estético del texto de Héctor Azar. En resumen este montaje es un intento fallido por llevar a escena un texto dramático del maestro Héctor Azar, texto que, sospechosamente, entra preseleccionado como uno de los mejores montajes de la “Muestra Estatal de Teatro Poblano Héctor Azar 2009” en la que la preselección que se hizo -no sé bajo qué criterios- pero evidentemente no los que deben imperar en lo teatral.

“La Appassionata” se presentó dentro de la Muestra Estatal de Teatro “Héctor Azar” 2009 en el Teatro Renacimiento el día lunes 16 de Noviembre a las 19:30 horas. Como siempre lo invitamos a que sea usted quien genere su propia opinión y que asista a ver esta obra que permanece en temporada en el “Teatro Renacimiento de Espacio 1900” todos los domingos a las 18:00 horas y los lunes a las 20:00 horas, Donativo general $50.00
 
*Rodolfo Pineda Bernal ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es director de escena y dramaturgo, egresado de la Licenciatura en Teatro por la Universidad de las Américas Puebla y Maestro en Lengua y Literatura Hispanoamericana. A partir del 2006 se convierte en Fundador, Representante Legal y Director Artístico de Teatro Aira
 
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