Pachita, la curandera que desafío a la ciencia (Artículo y video)
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3 de octubre de 2021

 

ConoSER Bien

 

“Yo no soy una santa, mírame más jodida que tú y yo juntos”.
Pachita.

La curandera Bárbara Guerrero, mejor conocida como “Pachita” o la “Santa”, como la llamaba Jacobo Grinberg-Zylberbaum, nació en 1900 en Parral, Chihuahua, y murió en la Ciudad de México un 29 de abril de 1979. Se la reconoce como la única “cirujana psíquica”, por sus grandes dones para analizar la mente de las personas que acudían a ella y realizar cirugías inexplicables.

Fue abandonada por sus padres, por ser hija ilegítima, y adoptada por un personaje extraño, el cual se llamaba Charles, de origen africano y de tez negroide. Según una descripción hecha por la misma Pachita, Charles se dedicó a enseñarle una serie de procedimientos de curación, manejo energético, visiones acerca de las estrellas y obtención de información oracular.

Pachita y sus curaciones han sido estudiadas por investigadores de todo el mundo, como el psicólogo estadounidense Stanley Krippner, el antropólogo médico cubano Alberto Villoldo, el investigador paranormal español Salvador Freixedo, el neurofísico mexicano Jacobo Grinberg-Zylberbaum, el escritor chileno Alejandro Jodorowsky el cual le dedicó numerosas páginas en sus textos y el estudioso del nahualismo tradicional mesoamericano el peruano Carlos Castaneda, entre otros.

Cuenta Pachita que ella desconocía sus propias capacidades curativas y que, en una ocasión, al asistir a un circo que se presentaba cerca de donde ella vivía, en el norte del país, se encontró con un elefante bebé que estaba muy enfermo; Pachita se acercó a este animal y lo curó; a partir de ese momento comenzó su carrera de curandera.

Pachita comenzó a curar por medio de hierbas y demostró tener grandes habilidades, lo que le hizo tomar confianza de sí misma. En algún momento, se lanzó a realizar “cirugías”, asegurando estar poseída por el espíritu de Cuauhtémoc, a quien ella llamaba “Hermanito”, quien -según contaba la curandera-, “se apoderaba de su cuerpo físico para realizar los procedimientos”.

Para realizar sus “cirugías”, Pachita utilizaba siempre el mismo cuchillo de cocina, la empuñadura estaba recubierta y forrada con una cinta negra de aislar y la hoja sin filo tenía grabado un indio con penacho. Nunca hizo uso de anestesia y, aun así -según decía- literalmente removía órganos del cuerpo de sus pacientes y colocaba otros en su lugar.

Lo impresionante venía al concluir la cirugía, pues una vez cerrando la herida, casi de inmediato, enjuagaba con un poco de alcohol y colocaba vendas para, luego de un par de horas, enviar a sus pacientes a casa, donde tendrían que mantenerse en reposo durante tres días. A todos los recién “operados” les indicaba que tomaran ciertos jarabes e infusiones y, de seguir el tratamiento al pie de la letra, al cuarto día sus pacientes ya podían realizar sus actividades cotidianas.

Los métodos de Pachita variaban, dependiendo de la cosmovisión de sus pacientes: a los nativos les recomendaba usar hierbas, a los extranjeros medicinas, a los católicos rezos, a otros conectarse con la madre tierra y, si la persona tenía en mente un rito en especial para sanar, Pachita se los permitía. Claramente eran estos placebos para ayudar en la sanación de sus pacientes.

El paciente llevaba una sábana, un litro de alcohol, un paquete de algodón y seis rollos de vendas, materiales para su operación y recuperación. Se dice que en el cuarto oscuro donde realizaba sus procedimientos quirúrgicos y, a la luz de un par de velas, era capaz de materializar órganos sanos, como hígados, vejigas o riñones.

Nunca cobró un peso por sus curaciones. En un frasco de mayonesa, los pacientes hacían las donaciones. Se asegura que salvó a cerca del 90% de los que la fueron a buscar.
Al término de la cirugía se entonaba la siguiente oración de agradecimiento al Hermanito:

Adiós Cuauhtémoc hermoso,
Emperador del cielo,
Tu nos traes el consuelo
Y nos quitas todo mal.

Cuan triste peregrino
Errante sigo yo.
Tú nos tiendes la mano
Para seguir al Señor.

Cuauhtémoc fue su nombre
Y la historia lo grabó
Y por su grande esfuerzo
La Gloria conquistó.

Tú Espíritu Divino
El Señor lo mandó
Para que nos des consejo
Y nos quites todo mal.

Al morir Pachita quien sería heredero del “don” de la madre fue Memo, hijo de Pachita y (aunque, según Jodorowsky, el que siguió operando fue otro de sus hijos, Enrique) y doña Candelaria, una anciana que hacía las veces de afanadora en el quirófano.

Su hijo Enrique, viajó a Francia a operar y se constata que las operaciones han disminuido en crueldad. Se lo hace notar a un ayudante y éste le responde que de encarnación en encarnación el “Hermanito” iba progresando y que últimamente había aprendido a no hacer sufrir tanto a los “estudiantes” como les llamaba a los pacientes.
La relación de Pachita con Los Pinos le costaría a Grinberg salir del grupo de Pachita al término de su libro, pues Margarita López Portillo le solicitó que no dijera que allí había conocido a la chamana.

La existencia de Pachita es un fenómeno médico, místico, cultural, pero esencialmente es un manifiesto energético. Teorías físicas como la que creó Jacobo Grinberg (Teoría Sintérgica) están sustentadas en las acciones probadas de la chamana.

Algo difícil de creer para los estudiosos de las ciencias, pero está documentado en varios textos que nos dejan la duda filosófica de si fue realidad o es un simple mito.
Juzgue usted.

 

Jorge A. Rodriguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) ingeniero y comunicador. Conduce el programa conoSERbien en Sabersinfin.com
Consultas:
https://matadornetwork.com/es/pachita-la-curandera-poseida-por-el-espiritu-de-cuauhtemoc/
http://www.cicloliterario.com/ciclo71abril2008/elcuchillo.html
http://survivalafterdeath.blogspot.com/2015/11/las-manifestaciones-del-ser-pachita.html
https://www.redalyc.org/pdf/3729/372937680005.pdf
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