El mecanismo de la persignación católica a la luz de la filosofía yoga (Artículo)
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26 de febrero de 2018

El uso de gestos ceremoniales sagrados con las manos existen representados desde hace, aproximadamente, 5000 años en el antiguo Egipto, y en otras culturas milenarias.

En el hinduismo estos gestos simbólicos aparecen con el nombre de mudras desde hace miles de años.

De acuerdo con la cultura védica todo está hecho de cinco elementos llamados pancha-maha-butas o los cinco elementos de la naturaleza: aire, agua, fuego, tierra y por último el denominado aakash –espacios intercelulares que se encuentran dentro del cuerpo humano y que, actualmente tiene su correspondiente en la física cuántica con el concepto que denomina matriz divina.

Evidentemente el desbalance de estos elementos puede interrumpir el adecuado funcionamiento del sistema inmunológico y del sistema nervioso en su conjunto, provocando un proceso de desarmonía que, irremediablemente, conduce a una serie de enfermedades. Esta visión tiene su correspondiente aproximado en la teoría de las enfermedades como una causa psicosomática sustentada porThorwald Dethlefsen, en su libro “La enfermedad como camino”.

Un mudra es, dentro de la filosofía yogui, un gesto corporal y sagrado, con valor energético y simbólico, hecho generalmente, con las manos que sirve para liberar la energía bloqueada. Etimológicamente éste concepto proviene del sánscrito Mud “gozo, alegre” y Dra, producir; es decir un mudra es un productor de gozo o bienestar. Indica una descripción del movimiento invisible que resulta de ése gesto ya que, cuando unimos los dedos de la mano formamos una especie de circuito que permite concentrar o hacer contacto con una energía en particular, analógicamente este proceso ocurre, tal como cuando al tocar las teclas de un aparato electrónico se desarrolla un proceso instantáneo y especifico. Justo así es como funcionan los mudras o gestos sagrados. Así pues, uniendo un dedo con otro hacemos contacto y cerramos un tipo especial de circuito que permite una cualidad de energía, una intención o una vibración en particular, ya que del mismo modo en que las letras son combinadas en multitud de formas para formar diferentes palabras, así los dedos pueden también construir todo un sistema de diferentes mudras.

Las manos son algo más que sólo partes funcionales de nuestro cuerpo, son un mapa de energía de nuestra conciencia y salud. Cada área de la mano corresponde a cierta parte del cuerpo y el centro de cada uno de estos 5 elementos está, literalmente, en la punta de nuestros dedos, por ello cuando los dedos se juntan en un patrón específico forman un mudra y es así que pueden utilizarse para equilibrar los distintos elementos y recuperar la salud. Sí los mudras tienen un valor simbólico y energético. Cada dedo se relaciona, a grosso modo, de esta manera:

El pulgar representa el elemento fuego, el meridiano del pulmón, la fuerza de voluntad y el "yo superior", es decir, que en el pulgar se representa nuestra esencia divina.
El índice corresponde al elemento aire, el meridiano del estómago, la inspiración, la intuición y el poder del pensamiento.

El dedo medio representa el el Akash o “elemento éter” y corresponde al meridiano de la vesícula biliar. En este dedo se representa la energía necesaria para actuar y vivir en armonía.

El anular simboliza el elemento tierra, la vitalidad y la fuerza necesaria para protegernos y defender nuestro territorio.

El dedo meñique concierne al elemento agua, la comunicación, la creatividad y nuestra capacidad para interactuar con otras personas.

Existen mudras propios de cada cultura o tradición y existen mudras de carácter universal, por ejemplo, el Atmanjali mudra, relacionado con la comunicación divina. Es el gesto que usamos en todas las religiones para hacer oración y lo colocamos a la altura del corazón inclinando la cabeza ligeramente. Este produce a nivel mental armonización y calma nuestros pensamientos. En el plano espiritual nos contacta con la esencia divina. Simbólicamente unen los dos lados de la dualidad y forman una unidad predispuesta al espíritu.

No está demás mencionar que en sus primeros tiempos el cristianismo prohibió su uso a los creyentes y sólo los sacerdotes podían hacer uso de el.
Otro mudra muy popular en el mundo es el denominado Chin mudra o mudra del conocimiento y la armonía. Es el gesto que se asocia generalmente con la meditación, y que consiste en unir ligeramente el dedo índice y pulgar mientras el resto de los dedos permanecen extendidos. Este a nivel espiritual permite conectar la mente individual con la consciencia Divina.

Un concepto filosófico del hinduismo, y base fundamental de la filosofía yogui, es la existencia de los siete chacras o vórtices energéticos que interconectan los diversos planos o cuerpos que estructuran al ser humano en su conjunto. A nivel físico tienen su correspondiente en el sistema endócrino y sus siete glándulas en el plano espiritual refiere los diversos niveles de consciencia que van trascendiendo lo instintivo, lo emocional y ególatra que corresponde a los primeros chacras o niveles más primitivos de consciencia. Posteriormente a nivel del corazón se manifiesta el amor o compasión universal que sirve de interconector entre los niveles de consciencia elementales con los superiores, que refieren la sabiduría del quinto chacra, la intuición y la conexión divina o iluminación del sexto y séptimo chacra respectivamente, haciendo alusión al proceso de la evolución espiritual de los individuos.

Los mudras son empleados en todo el mundo, y particularmente en el área religiosa. Las tradiciones que, actualmente, más los emplean son el budismo y el yoga.
Dentro de la cultura católica encontramos una diversidad de mudras, por ejemplo, el mudra de la oración, ya mencionado anteriormente. Cabe destacar que otro muy común en la iconografía católica, es el denominado Varada mudra o también conocido como Abhaya mudra, que se ve regularmente en las imágenes de Jesucristo cuando realiza bendiciones, es el gesto de la compasión y el perdón.

Uno de los sistemas de devoción más característicos de la religión católica, es la denomina persignación que consiste en una serie de mudras que a continuación me permito analizar desde la perspectiva del yoga.

Simbólicamente hace referencia a la señal de la cruz e indica la fidelidad y devoción a la figura de Jesucristo. Se hace tres veces la cruz, una en la frente, otra en la boca y otra en el pecho. Exotéricamente indica respectivamente que “Dios nos libre de los malos pensamientos”, la cruz en la boca indica “Que Dios nos libre de las malas palabras” y la última se usa para que “Nos libere de los malos deseos y las malas obras”.

Analizando este mismo sistema a nivel de mudras y procesos energéticos, podemos notar que, el gesto de la santa cruz es ante todo, una deformación del Gyan mudra o mudra de la armonía, que busca integrar la consciencia individual (dedo pulgar) con la mente divina e intuitiva (dedo Anular), armonizando al individuo con el universo en su conjunto representado por los demás dedos, analógicamente estamos formando un conducto o circuito entre el yo individual y la Divinidad. En cambio, el mudra de la cruz estaría obstruyendo y bloqueando esa conexión divina. Y más aún si ubicamos las áreas del cuerpo donde se realizan estos signos. La primera señal va dirigida al sexto chacra y se le ubica energéticamente en el entrecejo. Es encargado del desarrollo de los procesos extrasensoriales o intuitivos, razón por la cual se le denomina popularmente “el tercer ojo”.

La segunda parte indica un bloqueo a nivel del quinto chacra, relacionado con la sabiduría y la última parte de la persignación refiere el bloqueo del cuarto chacra encargado del amor o compasión divina.

Quizá para algunos les parezca demasiado forzada esta comparativa entre ambas cosmovisiones, pero basta con recurrir a la historia de la religión católica y su interacción con el mundo oriental. Durante la invasión inglesa al territorio hindú, la cultura católica retoma varios elementos propios del hinduismo tales como el uso de los malas que posteriormente se integran al catolicismo como los rosarios y otro ejemplo es el ya mencionado mudra de la oración. Y no está demás mencionar las múltiples teorías que sostienen que Jesús vivió en la India, durante los denominados “años perdidos de Jesús” o inclusive que nació en Cachemira como sostienen diversos investigadores.


Juan Carlos Martínez Parra (El monje hereje).

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