San Juan Bautista en Tuxtepec
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FIESTAS DE SAN JUAN BAUTISTA TUXTEPEC, OAXACA, MÉXICO;

a través de la mirada de ZURIZADAI JAZMIN MEZA TINOCO

 

Mes de junio, las primeras lluvias anuncian su pronta llegada, las palomillas de San Juan no se hacen esperar, acompañadas por grandes chicatanas y ese olor característico. Se batalla por quitar de entre los cabellos y ropas los bichitos, pues se han de meter en cada recoveco mientras los niños recolectan en vasos o botellas o incluso en el puño de sus manos, las enormes hormigas aladas.

Semana previa al día del Santo, se ven llegar  los primeros juegos mecánicos a los alrededores del parque Juárez, el vaivén de los señores de los juegos es acompañado por el sonido de los metales al ser ensamblados, chiflidos y frases prosaicas, tubos que caen, una barca vikinga y una rueda de la fortuna que emergen cual gigantes de acero, carpas que se levantan, puestecitos de canicas, semillas y frutas de conserva, las palomitas; son los primeros en ser armados. Y el embeleso de una niña que va camino a la escuela con manos a la altura del pecho sobre las correas de una mochila, es interrumpido por un ¡apúrateee que ya es tarde!

            ¡Día de San Juan! Indiscutiblemente el retumbar de los  cohetes que te despiertan a primeras horas de la mañana, anuncian por fin que el día ha llegado, los feligreses se van dando cita en la Catedral (parroquia) para las primeras misas; un largo itinerario de actividades religiosas y sociales se van desarrollando a lo largo del día; el paseo del Santo por las calles, cánticos y porras, juegos y concursos tradicionales como el palo encebado, carrera de encostalados, etc. Una semana de “las fiestas de San Juan” que para una niña terminan por la noche con el remate de los boletos de los juegos mecánicos, un elote con arto queso o un hot cakes, además de una alcancía o un sencillo juego de té ganado en las canicas. Por algunos años esta fue la perspectiva observada durante mi niñez, al levantarme por las mañanas e ir camino a la escuela, atravesando todos los días el parque Juárez, siendo testigo año con año del término de las fiestas al retirarse los juegos mecánicos y todo tipo de puesto que los acompañan; un experiencia tan cercana viviendo a la vuelta del parque.

Hija de una madre soltera, trabajadora de tiempo completo; poca fue la motivación o que se me inculcase a participar en el aspecto religioso de esas fechas, sí, Católica desde pequeña por tradición, título ganado a través del bautismo; alejada cada vez más de la Iglesia, mas no de la Fe; factores como la escuela, actividades extracurriculares, la desidia, filosofías ateas en la universidad que ponen a prueba tu esperanza, la confianza en lo que hasta ese momento se cree, la llegada de nuevas plazas comerciales, nuevos centros de recreación, gente que viene de fuera a trabajar y se asientan en nuestras tierras, gente apática que nos mantenemos al margen de todo ello.

Un constante devenir de nuestras tradiciones, para algunos, pueblerinas, como si el hecho de que Tuxtepec  al pasar de Villa a ciudad significara también el desprendimiento de todo aquello que aún nos hace pueblo, de lo que para algunos es cosa de indígenas, del Santo de una pobre comunidad.

Es fácil alejarte de tus raíces cuando carecemos de identidad, o como el joven que sale de su lugar de origen para estudiar en uno de “más mundo”, o simplemente por ir en busca de nuevas experiencias lejos del cordón umbilical y posteriormente, por cuestiones de trabajo; actitudes y factores que cada vez influyen más en el interés por lo nuestro, por ese tipo de actividades que día con día pasan a formar parte sólo de un grupo minoritario de personas de edad y disque un grupo selecto de la “alta sociedad” que pretenden ganarse el cielo con sus aportaciones y participaciones, como una simbiosis  “alta burguesía-iglesia”.

Dato curioso es, que, buscando nuevos lugares, aires nuevos, gente nueva, conviviendo y participando en festividades y tradiciones ajenas, te topes con pared, te mires a un espejo y te preguntes cual estrofa de canción “¿quién soy, qué quiero, de dónde vengo y hacia dónde voy?”; o en el peor de los casos, que alguien más lo pregunte por ti. Es cuando realizas una introspección y en ese momento quisieras indagar en los libros que recopilan crónicas del viejo Tuxtepec, entrevistar a tus papás, tíos, abuelos o al más viejo de tu barrio. Irónico ¿no?... irónico en el sentido de que sea en otra tierra dónde descubras y valores de dónde provienes, lo que eres y sientas la necesidad de volver a enraizarte, caso muy particular.

Hoy como mujer, hija, hermana, madre, artista e integrante de la Asociación Artístico-Cultural “El Flamenco” mi perspectiva sobre las fiestas de San Juan toma un nuevo rumbo, no  sólo como espectadora, sino como partícipe de la misma, no en el sentido religioso, pues aún disto de los actos litúrgicos de estas fechas específicas, por la ignorancia de la cero participación religiosa en lo que recuerdo en mis casi trigésimos años de vida. En sí, mi ahora participación radica en el aspecto Artístico y Cultural. Tuxtepec ya cuenta con el festejo litúrgico, social y tradicional; sin embargo aún falta darle un fuerte empuje a lo artístico, a lo que realmente nos define como cultura y he ahí el ser los promotores de dichas áreas, no sólo exhibir bonitas artesanías u obras pictóricas coloridas, sino compartir en algunas de ellas el orgullo y misticismo del ser, del pertenecer a estas tierras, reflejadas en un bordado, en un tallado en madera, un tejido con los más hermosos hilos, el ingenio creativo en artículos varios con elementos de la región: barro, jícaras, semillas, etc. O hermosa joyería con piedras y semillas que nuestro suelo nos brinda. Y por si fuera poco, la cosmovisión de cada  artista plasmada en lienzo.

Todo eso que nos hace sentir parte de esta tierra, sea uno indígena, mulato o mestizo. Una tierra bendecida por la abundancia fluvial, que origina toda esa riqueza que nos caracteriza, el orgullo de ser de San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca; de un Santo Patronal que fue asignado como protector de la misma, un Santo que Bendecía a través del elemento del agua, preparando la llegada del mesías, en la más humilde de las filosofías de vida. Benditos hoy los que hallámonos parados aquí, sea ésta pues, nuestra valiosa celebración.

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