IXCATLÁN
Hoy pude llegar a ti,
me fui a santiguar a tu templo centenario
y percibí el olor a cera de los años
que envuelve a tus santos, tu sagrario.
Volé a lo alto de tu campanario
¡para mirarte todo con afán!
se abrieron mis pupilas, cual brazos te rodearon
y te apretaron fuertemente ¡Ixcatlán, Ixcatlán!
Caminé por tus calles empedradas
para sentir la caricia de la roca siliente,
y en la alforja sensible de mi alma
guardé la casta sonrisa de tu gente.
Me sacié de tu paz que habla de siglos
"lugar de algodón", la hebra que no mengua,
y se vuelve una feria en el florido atuendo
al acorde sagrado de tu lengua.
Conocerte es amarte, sin espacio ni tiempo,
es gozar la silueta-mujer de paso vago,
es gozar ese místico andar que se retrata
en el inmenso jade de tu lago.
Felipe Matías Velasco








