Tuxtepec, gobierno y pueblo de necios
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Tuxtepec: gobierno y pueblo de necios

 

Luis Fernando Paredes Porras*

La soberbia no es grandeza sino hinchazón;

y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.

 

San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.

 

cabildo tuxtepecLa necedad es prima hermana de la soberbia, la cual es considerada como pecado capital - por aquello de la cercanía de los días santos –, proviene del latín “superbia” y se define como un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Podrá comprender el por qué afirmo que las autoridades municipales de Tuxtepec son soberbias.

 

El conflicto de los parquímetros – uno de los muchos que tiene el cabildo en pleno, por su desleal complicidad con el ejecutivo municipal e intereses de otras personas, los cuales alcanzan a los suyos - puede explicarse sencillamente, porque son soberbios. Estas cualidades del carácter, dirían los más añosos, o estos vicios del alma, explicarían los avezados en combatir los vicios, han sido, para desgracia del pueblo tuxtepecano, el perfil de la mayoría de las autoridades de los últimos trienios gubernamentales; muchos podrán afirmar que la desgracia en que se encuentra Tuxtepec – no es ninguna gracia estar gobernados por soberbios y tener una ciudad que se arruina día a día – se remonta a varias administraciones atrás, por hablar de las más recientes no hay que olvidar que con José Manuel Barrera se decía que no se pensaba que hubiera una administración más terrible que la de Salvador Santos, hasta que Barrera y Antonio Ávila Galán, por ser quienes ocuparon el ejecutivo, mostraron que se podía pasar a la historia como la peor desgracia que le pudo acontecer a Tuxtepec después de la inundación de 1944, - y que por cierto, falta hacer la crónica de esa violación tumultuaria que sufrió la ciudad por parte de sus autoridades, tarea que le corresponde a algún cronista advenedizo y pueril, pudiendo ser la crónica de su vida – y que fue el caldo de cultivo para que los soberbios pensaran que sus cualidades – a propios ojos, vicios a ojos de los demás – era lo que la ciudad necesitaba para renacer, es decir, creen con fe, que la soberbia se hizo para hacer resurgir de la desgracia a un pueblo ignorante y masoquista. En realidad la culpa es de todos, pues tanto peca el que encubre al soberbio como el que le acaricia la espalda para montarlo.

Desde que se iniciaron las campañas políticas más recientes, en mi derecho y obligación de ciudadano pedí públicamente en los espacios televisivos donde tengo el privilegio de emitir mi opinión, que los candidatos a ocupar la presidencia municipal en la anterior contienda electoral, deberían presentar su plan de trabajo; fue sorpresiva la actitud de algunos de mis compañeros insertados en medios de comunicación que argumentaban que no eran los tiempos, que no tenía sentido, que teníamos que esperar a que llegara uno al poder y ahora sí, nos diga qué es lo que va a hacer. Quizá por mi formación profesional es que consideré que los procesos educativos pueden evaluarse antes, durante y después de dicho proceso, y es que hubo quienes compartieron esa creencia y con su silencio validaron lo que fue un ejemplo de la educación que como pueblo le estábamos dando a quienes recién habíamos contratado para que nos sirvieran en el administración de la cosa pública: no nos informen, no lo necesitamos, es más, ni queremos saber.

El conflicto de los parquímetros puede verse desde esa arista, la combinación entre soberbia y conformismo. Se sabe que la llegada de los parquímetros fue una negociación de Gustavo Pacheco Villaseñor y su cabildo, que capoteó Barrera; la empresa y beneficiarios de este arreglo, creían que al llegar el mismo partido al poder, podíase hablar con soltura al oído de los soberbios, de las soberbias para comenzar a hacer el negocio, pues qué significa esperar unos años cuando la ganancia está planteada para décadas, y el pueblo se acostumbrará a ello, pues al parecer logró aceptar el delito y la corrupción como modus de gobernar ya sin pena alguna. Y sí, los parquímetros se instalaron y comenzaron a funcionar sin que nadie se opusiera, sin que pidiéramos transparencia y legalidad, es decir con nuestra anuencia y también, complicidad, la cual es parte de la desgracia actual de Tuxtepec.

La transparencia y la legalidad forman parte del contexto actual de cualquier pueblo que se respete a sí mismo, es un proceso y por lo tanto hay grados, pero este contexto es desvalorizado por la gente que asume la soberbia como modus operandi e incluso como modus vivendi. De eso estoy hablando que sucede en Tuxtepec con el caso de los parquímetros que recientemente robaron los dirigentes de la sección 22 magisterial, aprovechando la complicidad de nosotros, el pueblo, sus fines políticos y económicos y la soberbia del Presidente Municipal y cada una y uno de los integrantes del cabildo.

La falacia, hasta ahora enorme falacia, de un Tuxtepec que renace, podría transformarse para dar lugar a la acepción de la soberbia y generar una ciudad óptima y bella, soberbia.

Nietzsche, el filósofo existencialista consideraba a la soberbia como una virtud elevada, pero no me refiero por supuesto a ello cuando digo que estamos siendo gobernados por mujeres y hombres que asumen conscientemente la soberbia para seguir dañándonos, tanto como los que sabiendo su complicidad en el caso de los arreglos para la venta del beneficio de vender el espacio público, siguen manteniendo sus interés lo más oculto que puedan; a estos niveles ya podemos aplicarles a ambos grupos los sinónimos de necios, altaneros, arrogantes e incluso en ocasiones vulgares, al perder el contexto de sus actos.

Como pueblo no necesitamos de héroes o heroínas, como lo señalé en mi columna anterior titulada “La legión S22” y donde esbocé lo que hoy abundo; en esta madeja de debilidades del carácter entre gente común que somos todos, los que transitan por un poder efímero y quienes los mantenemos en él con nuestra conformidad cómplice ya como estilo desgraciado de vivir, no debemos olvidar que lo que sucede en el rancho, en el pueblo, la colonia, la familia, en nuestro interior, está contextualizado con los momentos que pasa la patria y el mundo, pretender desvalorizarlo es mamar del seno de la soberbia, la necedad, la altanería y la vulgaridad.

Dice la iguana que ella es verde, escamosa, de milenaria y soberbia ascendencia, y que si sigue viviendo en la rivera del ahora contaminado arroyo Moctezuma no es necedad, como neciamente le enfatizo, por su bien, según yo, sino que espera el renacer de ese arroyo, y no porque nadie se lo venga a prometer, sino porque a través de los millones de años su genética le dice que no hay mal que dure cien años ni soberbia que no se pague.

Antes de treparse a la rama la iguana de dice que le baje tres rayitas a mi soberbia y otros pecados más que, según ella, se me notan a leguas, y que mejor vaya a la última misa en la parroquia de San Juan, porque ya el santísimo abandona esta construcción hoy, para dar paso al tiempo de la barca, catedral de la diócesis de Tuxtepec, a donde podremos ir a expiar pecados y dejar nuestras monedas en los parquímetros de la vida, porque los otros están en el purgatorio, por el momento.

*Pedagogo, productor de Medios de Comunicación para el Desarrollo, Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM y Director del portal www.sabersinfin.con región sureste.

 

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