Putas del puerto de Veracruz
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Jorge Gabriel, el Poeta del Puerto, Coordinador del Instituto Cultural de Información del Sotavento, INCISO, capítulo Puerto Jarocho, nos regala su experiencia con las putas...

 

“LAS PUTAS DEL PUERTO…”

 

Las putas del puerto no tienen remedio. Han sobrevivido a la santa inquisición. La única gloria eterna de todas las invasiones, son las putas sin remedio, heroicas sin distinción. Se elevan, como el efluvio a mierda en los días de la canícula. Vencedoras del vómito negro y la peste bubónica, salen de los muelles como ratas sobrevivientes, arrastrándose…rastreando. Los callejones del centro se abrieron por los surcos de su andanza.

Delante de un mulato; no tienen remedio.
Delante de uno blanco, no hay curación.
Entre mil vacantes otras, no encuentran el tiempo,
Pudiendo ser meseras, no es su vocación.

En los arrabales de Las Amapolas… no tienen remedio. Con marido en Costa de Oro, no hay curación.

Delante del mar, no tienen remedio. Aún niñas de casa… ¡no hay salvación!

Se envisten desde mozuelas como rotarios, repitiendo el Credo en la Santa Rita, en veces viajan, comen lo caro, y asisten a colegios de agua bendita.

La arenisca de los nortes, no es más que los polvorosos y estrafalarios sedimentos de sus cigarros. Hay más putas que esquinas en esta costa de paso, pululan como jaibas en regimiento, azotan desde las palmas sin ser cortadas, brotan como espuma de la maldita salobre resaca que da el mar…

Con sus muslos de salitre, no tienen remedio. Con sus redes de consuelo; no tienen remedio. Con sus ansias implacables, no hay curación. Llenas de gracia entre la hora del ceviche y el bullicio, entre la marimba apurada y el olor a ostión. Milagrosas entre el sudor de guayaberas , la mentada de madre y el chilpachole de camarón. Santas entre los billares. Vírgenes del malecón.

Un dios hombre hizo la noche, porque las putas aman lo oscuro, lo escondido. Viven de la madrugada, sangran con ella. El agudo existe para retorcerse en su garganta, aves del pecado sudando su canto…su encanto.

Revueltas en sudor, no tienen remedio.
Con perfume galés, no tienen remedio.
En su silencio psicotrópico no hay curación.
Ni aún con anillo de oro, ni bodas de plata
Ni aún trayendo senos de importación.

En los días de mayo, temblorosas de placer…no tienen remedio.
Con diciembre en los huesos, no hay curación.

Tienen un torrente corriendo dentro y han jurado siempre mantener rubor, entre ojos idos y su sacrificio, redimiendo al mundo por su perfección.

¡Ay de aquellos hombres que se creen amados!
¡Ay de tantas hembras muertas en el tedio!
Pobres las mujeres, que no nacen putas…
Pobres de las putas, que no…tienen remedio…

Jorge Gabriel López García.

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