Con el frío en los pulmones nací
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Es cumpleaños de mi exalumno de filosofía en la preparatoria. Ya es un hombre y lo admiro, lo respeto y lo mejor, es mi amigo. Edmundo Morales es también ahora mi maestro, aún no es mi médico, por una extraña razón nunca lo he consultado. Algo de mí vive en él, o mejor dicho, hace cosas que yo quisiera hacer, sentir y pensar. De cierta forma también es mi cumpleaños, aunque yo no nací con el frio en los pulmones, puedo oler las tejas.

 

Comparto con gusto lo que escribió  a sus 28 años, envidiando su juventud, así, como él la vive.

Luis Fernando Paredes Porras

 

 

Cumpleaños

Debió estar lloviendo y haciendo frío, tal vez por eso herede del mes del que nací ese frío en los pulmones, esa agua permanente en la nariz que he tenido desde niño todas las mañanas y el asma que se apoderó de mis pulmones cuando a los 11 o 13 años. La casa era de tejas, eso sí lo sé. Si no mal recuerdo, según me contaron eran como las once de la noche, tal vez por eso me gusta la noche, la nocturnidad y esa melancolía que tienen todos los días al recordarnos que hay un principio y un final, yo nací, o mejor dicho me nacieron en un final del día, en la oscuridad de un jueves de 1986. Mi madre me nació, mi padre ayudo, atendió el parto el mismo, no había otro médico en muchos kilómetros a la redonda, así tenía que ser. Nunca le he preguntado a mi hermano mayor que estaba haciendo entonces, ya debía tener 6 años, el también nación en Octubre, un 2 de octubre, fecha memorable y trágica para todo joven con conciencia de mi país. Y bueno, así quiso la vida traerme, y así fue que llegue a este mundo para mi fortuna. Lo demás es un largo camino de amor a la vida, de aciertos y desaciertos pero sobre todo de conocer el mundo y actuar en consecuencia, como cuando se conoce la luz al abrir los ojos por primera vez y en consecuencia anda uno mirando todo desde chiquito cada vez con más curiosidad, o cuando se conoce el amor de la familia y uno tiene que actuar en consecuencia reproduciendo eso mismo con las personas de otras familias, hasta que se tiene conciencia de la gran familia que es la humanidad, lo bueno que al amor siempre alcanza. 

 


Ahora, con 28 años ya conozco muchas cosas, ya sé delo que es bueno para la vida y lo que no, de la bondad endémica de mi pueblo y de su capacidad de maldad, toca actuar en consecuencia de lo que se sabe y lo que se siente. Toca seguir cantando como diría mi amigo Benedetti a quien conocí tempranito y toca desalambrar como dice el otro amigo Daniel que conocí de más mayor cuando estudiaba medicina. Toca preguntarnos ¿Qué hacer? Como se preguntó el tal Vladimir Ilich. Toca abrazarse y caminar y cantar en la ciudad y en el campo como con mi mejor amigo Ivan Elias, y compartir la comida y el hambre como con tantos compañeros y compañeras, compartir la alegría, la angustia y la incertidumbre y la esperanza que como el amor no se termina hasta que se termina todo. Toca compartir el amor de mi familia y su solidaridad plena y constante conmigo a pesar de que nos siempre están de acuerdo con mi manera de manejarme con el mundo, así toca dar la solidaridad con la gente buena, aunque no siempre se esté de acuerdo en todo.

 

 

Es decir, hoy creo que no me he equivocado, que esto no se trata de acumular para sí, sino de conocer, sentir, actuar en consecuencia y compartir y sumar al amor a por la vida plena, pero no solo eso, tampoco se trata de estar bien con uno mismo y con los que nos rodean inmediatamente y conformarnos con ese amor a medas, mediocre, proxeneta de una felicidad egoísta que hace de avestruz metiendo la cabeza en la oscuridad del subsuelo para no comprometerse con otros, sino que se trata de luchar encarnizadamente contra la muerte injusta, la prematura, la ignominia que nace del egoísmo y de la ambición. 

 


Seguramente hacía frio bajo el tejado, seguramente estaba oscuro porque en ese pueblo no había luz electora y por las noches uno solo se podía poner al abrigo de las veladoras o el quinqué, seguramente llovía como siempre pasa por día de muertos, ¿habrá olido a cempaxúchitl?, seguramente la muerte andaba rondando el momento de mi nacimiento, pero esa muerte de las montañas, tan natural cómo la vida, tan llena de vida y de luz de veladoras y de olor a copal y flores, seguramente mi padre tenía temor y mi madre también, como saben tener todos los padres antes del nacimiento del nuevo hijo. Seguro se estaban preparando para saber si era niño o niña, al fin fui un poco de los dos. No había ultrasonidos en ese entonces, ni carretera como hay ahora, ahora hay pero no para mejorar la vida de las personas sino para acelerar el proceso de explotación del campesino serrano. Así nací, en esa casa de teja que le rentaba mi familia a un ganadero de la zona, Don Alfonso. Casa de piedra y teja donde después jugaba en el patio empedrado con un carro de pedales formula 1 que tenía calcomanías de “Malvoro”. 

 


Amo mi historia tanto como el presente mismo y la esperanza del porvenir. No pude nacer en mejores condiciones que en esa noche de Octubre de 1986 en esa pequeña casa de la sierra norte, con un parto a vela, atendido por mi padre y no pude tener mejor familia ni mejores amigos que en ese pueblito del siglo XIX, en ese sitio que me permitió entender mejor la vida y que me puso en medio de tantas cosas siempre.

 


Pd. Quien conozca mi historia, entenderá mi postura política y ética y mi actitud intolerante e intransigente con cosas que no es posible tolerar.

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