"¿A dónde vas, conejo Blas?"
Minuto a Minuto

Un candil en la noche,
Es mi coraza y mi bandera.
No llevo más; no puedo.
Lo único que me impulsa
Es consignar
Antes de mi periplo designado
Desde que me encendieron el candil.
Mi razón de cruzar
Por los breñales y jardines
Que pueblan estas zonas.
 
Indagué, investigué,
Me hice muchas preguntas
Acerca de mi estancia en estos prados.
Y me dijeron muchas cosas:
Tú debes consagrarte a los demás,
Tú debes alcanzar la excelsitud,
Tu fuiste señalado por un hado
Para llevar la luz;
Tú tienes la misión de mensajero.
Tú tienes y tu debes;
Tu obligación es esta,
El contrato que hiciste…
Y no se cuanto más.
 
Y a todo yo debía
Asentir, con sentir,
Decir que si, que estaba bien.
Hasta que un día yo me dije
Fastidiado de oír tantos mandatos:
Y dónde quedé yo,
Dónde quedo mi voluntad,
Dónde mi arbitrio,
Y qué de mi albedrío.
 
Lo pensé diez mil noches.
Y un día al amanecer
Me conteste preciso:
Lo primero, preciso:
Está en ser uno mismo,
Decidir por si mismo,
Pensar en quién se es.
Y tomar el camino
En el que se transite más seguro,
Pues de no ser así,
Seré un ciego con ojos,
Que no miran por si,
Sino con las pupilas de los otros.
Desde entonces circulo
 
Con plena libertad,
Y estoy contento
De que las voces que yo esparzo
Sean recogidas por quien tiene
Oídos para oír,
Y pensamiento que expandir.
Y estoy contento.
Y ya no me interesa
Plantar sobre cumbre
Del Dzhamalunga o el Aconcagua,
Y ni siquiera del Popocatépetl
Ni banderines ni banderas.
Si el adjetivo que yo expreso
Coincide con el otros
Bienvenidos
Si no.
Por su camino cada quien.
 
Estuve aquí, estoy
No se por cuanto tiempo.
El que sea.
Pero su recorrido
Será hecho a conciencia.
Dejaré lo que sea.
Algo será.
¿La memoria?
Me parece que si,
Una semilla,
Indudable.
Testimonios del tiempo
Que me toco integrar,
Ni duda cabe.
 
Ahora permítanme continuar el periplo.
Si coincidimos en trazado,
Que contento,
Que alegría y que júbilo.
Y si no,
No habrá querella. Al fin y al cabo,
El punto de reunión
Ya nos fue señalado
Y no habrá uno que no llegue,
Por mucho que se esconda,
Por mucho que se niegue o patalee.
Y allí quedará claro
Que todo el pleito que emprendimos
Mientras, peonzas con la tierra,
Quisimos empujarnos
 
Los unos a los otros,
Sin darnos cuenta,
Sin pensar
Que por más intención
Puesta en nuestro objetivo,
El barco, para todos era el mismo,
El punto de llegada, era idéntico,
Y que por ello, finalmente,
Jugamos un papel muy bufonesco,
En el que cada uno fue grotesco
En sus empeños tan mezquinos.
 
“A dónde vas, conejo Blas”,
Con tu escopeta, o sin ella,
Si te adelantas, allá vas;
Si te retrasas, llegarás…
¿A que horas? No importa
T’ate tranquilo, ten paciencia....
 
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 2-3-8 
 
Ricardo Montes de Oca
 
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.