ADOLESCENCIA Y AUTOIMAGEN
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ADOLESCENCIA Y AUTOIMAGEN

Por: Jesús Tamariz Saldaña* 

 Una parte muy importante en la construcción de la identidad en la etapa de la adolescencia y, en términos generales, a cualquier edad, es la construcción de una auto-imagen adecuada. 

Entendemos como auto-imagen aquella construcción mental del conjunto de características físicas, psicológicas y emocionales que creemos nos caracterizan y nos individualizan en el grupo social, llámese familia, amistad, escuela o cualquier otro ámbito en el que convivimos y nos desarrollamos. 

Y dije bien, creemos, porque por lo general dicha auto-imagen es el producto de lo que los demás nos han dicho y no de nuestra convicción real.

 

Hace poco, platicaba con una  adolescente que precisamente está atravesando por esta etapa y que, según su mamá, es una chica “rebelde, desobediente y mal portada”; al entrevistarla y preguntarle cómo se veía a sí misma resultó que se  veía de un modo muy similar al descrito por su madre y ella agregaba que “es mala”. Cuando profundizamos en la entrevista, entre todo lo que dijo se le escapó un “es lo que siempre me han dicho”, que aproveché para aclarar el punto. 

La idea que tenemos de nosotros mismos se forma, en primera instancia, de la información que recibimos del medio, de lo que nos dicen los demás que somos o deberíamos ser. Los demás, principalmente los más cercanos (papás, hermanos, familia, amigos), van a colocarnos etiquetas que nosotros terminaremos por asimilar y creérnoslas de modo que, tengamos esas características o no, vamos a terminar por actuar y reaccionar del modo esperado según las etiquetas.

El problema es que aquí se aplica escrupulosamente aquello de que “Una vez maté a un perro y desde entonces me dicen mataperros”.

Sí, la familia suele ser determinista en este sentido, porque si una vez mientes serás mentiroso por el resto de tu vida, aunque jamás vuelvas a mentir, por haber mentido en esta ocasión la etiqueta se te queda y sólo por demostraciones extraordinarias de honestidad se podría reconsiderar, pero ante la menor sospecha de que lo que dices posteriormente no sea verdad la etiqueta reaparece y todo el buen esfuerzo de una vida honesta se esfuma.

La pregunta aquí es pertinente… ¿Cuántas etiquetas cargamos desde la infancia y juventud?, o peor aún… ¿Cuántas etiquetas le colocamos a los adolescentes con los que tratamos a diario como padres, tíos, amigos, profesores o en cualquier tipo de convivencia?

Como les decía, ésta es sólo la primera instancia desde la que se forma la auto-imagen, la segunda depende directamente de lo que cada individuo decida hacer con aquella información y etiquetas.

Así es, soy yo quien va a decidir creer o no aquello que se dice de mí, bueno o malo, soy yo quien lo va a confirmar o negar con mis actitudes y acciones diarias. El problema, nuevamente, es que debo creerme aquello que afirmo o niego con mis actitudes

Para poder llegar a creérmelo es importante que aprenda a diferenciar cuatro conceptos esenciales: SER, HACER, ESTAR Y TENER.

Tres en realidad, ya que en este caso identificamos estar y tener como sinónimos en un nivel emocional.

Cuando nos referimos al SER, estamos hablando de aquello que constituye al sujeto, de su esencia, lo que lo integra como ser humano.

Cuando nos referimos al HACER, estamos hablando de las acciones específicas de cada sujeto. El ser es el que realiza la acción pero no podemos permitir que la acción haga, o defina, al ser.

Cuando nos referimos al ESTAR y al TENER, estamos hablando no sólo de la ubicación física del sujeto sino a su estado mental, emocional y sentimental.

Digo que es importante conocer estos conceptos ya que muchas veces confundimos el ser con el hacer o el estar, así es, es muy común que  cuando nos equivocamos digamos “soy un tonto” en vez de decir “hice una tontería”, confundiendo el ser con el hacer. Es común escuchar “soy un miedoso”,  en lugar de un “tengo miedo”…  “soy  malo”, en lugar de “hice mal”…

Si identificamos adecuadamente estos conceptos no vamos a calificarnos por nuestras acciones sino por nuestra esencia, definirnos por lo que somos como personas, no por lo que hacemos en determinado momento de nuestra vida o por la acción realizada en una circunstancia específica o por las reacciones ante los estímulos del medio.

Para identificar lo que eres checa la permanencia de tus sentimientos, acciones, emociones, actitudes y pensamientos…  vas a encontrar un patrón que te define mucho mejor; pero hay que ser honesto y justo porque es muy común que si haces esta revisión estando molesto, triste o dolido, terminas por verlo todo negro y dándote una vapuleada de antología. No digo que debamos caer en la autocomplacencia y creer que somos lo mejor que le pudo pasar a este planeta, pero si que debemos ser realistas y sobre todo justos.

Para un adulto no es sencillo, mucho menos para un adolescente que está en busca de esa identidad, en la construcción de esa auto-imagen. Lo mínimo que podemos hacer para ayudarles es no colocarles etiquetas y no permitirles que se las coloquen a sí mismos confundiendo su ser con su hacer, estar o tener.

¡Ánimo, si se puede!

Recuerda escuchar mi programa “Sexo Sentido” todos los jueves a las 8 de la noche en el 105.9 de F.M.  y ahora también en mi programa “Inteligencia Sexual” los domingos en a las 10:30 a.m. en la página XHTVFM.com   radio por Internet en donde seguiremos realizando esta labor educativa en torno a la sexualidad.  Van a estar  buenos… no te los pierdas.

*Jesús Tamariz Saldaña (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Licenciado en Psicología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, realizó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Palafoxiano.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Papalia. Diane E. Psicologia del desarrollo. Edt. Mc Graw Hill. Quinta edición. México 1992.

Aguilar Gil José Angel, Máyer Hernández  Beatriz, compiladores. Hablemos de sexualidad: lecturas. Mexfam. México 1996.

Satir, Virginia. Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Edt. Pax. México 1995

Calle, Ramiro. Guía práctica de la salud emocional. Edt. Improve. España. 2002

 

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