Enfurruñado estuvo el sol,
De mal humor.
Las nubes lo asediaban;
A ratos le arrojaban polvo hacia la cara;
El astro rey lo soportaba.
Pero esto convertía su semblante
En el retrato del enojo,
Del malestar y el mar humor.
¿Pero era él quien se mostraba
Irremediablemente agrio?
Después de mucho meditarlo,
Quedó claro que no.
La opacidad andaba dentro
Causando inconvenientes y desorden,
Aburrimiento y desencanto.
¿Valía la pena caminar,
Ir en persecución de un objetivo?
¿Se andaba por los rumbos
Con credencial de ciudadano
Libérrimo del mundo,
Con sus derechos respaldados
Por atestado que dijera:
Tiene permiso de viajar
Hasta la luna si lo quiere,
Ir y venir hasta mercurio
Si así se le ocurriere?
Parecía que si.
No había declaraciones
Diferentes ni opuestas
A esas, sus intensiones.
¿Qué barreras o muros
Le impedían desplazarse
Hacia un rumbo cualquiera?
Parecía imposible
Precisar donde estaban.
Si eran cercos de espinas
O murallas de lodo.
¿En realidad era imposible?
En apariencia, solamente:
Afuera no había nada
Que detuviera o que frenara
¿Entonces?
Entonces pudo ver
Que dentro de la casa
Se movía las ratas macilentas,
Husmeando derrengadas,
Mordisqueando las fibras
Transmisoras de esencias,
Significados e intenciones.
Afuera, no había muros;
Los caminos,
Eran amigos e invitaban
A conocerlos, recorrerlos,
Y prometían transportarlo
Hasta donde alcanzaran los impulsos,
¡Qué irrisión!
El alambrado estaba dentro.
Ahora viene la tarea:
Cortarlo y destrozarlo.
No hay opción
Si hay ánimo y deseo
De dispersar las nubes
Que le hacen sombra al sol.
Ricardo Montes de oca, Puebla, Pue., 24-II-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








