Los clamatos, ¡qué ricos!
Minuto a Minuto

El prohombre tranquilo,
El que se dice redentor,
El que se planta en su sitial
Y mira satisfecho
A la plebe, a su grey,
Al súbdito sumiso,
Se siente andar flotando
En nubes vaporosas
Azules, color rosa
Que vagan por los rumbos
Del espacio infinito,
De tiempo en tiempo consolando,
Fertilizando las campiñas
Que cada día son más
Posesiones del prócer,
Del poderoso, el arbitrario
Que sueña con poblar
Los planetas vecinos de la casa
Común pero apropiada
Por los que cada día que pasa
Muestran más su locura,
La de quedarse dueños de este mundo
Pero eso sí,
Rodeados de esclavos
Fabricados en serie,
Lo que parece ya están efectuando
Mediante reducciones,
Disminución por muerte,
Asesinato autorizado
Por el compinche gobernante.
¿Y cómo ocurre, esto
Cómo es que lo perpetran?
Es sencillo:
Pirocloro, antimonio,
Y hasta plomo amarillo;
Los que te castran virtualmente,
Pueden estar en tu alimento
Aminoazobenceno,
Inefable e inocente,
Que ingerido,
Te causará la muerte
Como inductor de cáncer.
Enumerar podríamos
Cientos o miles de sustancias
Que en tu diario alimento,
Podrán causar placer a las papilas,
Pero que transcurridos  
Tus días de vigilia
Y tus noches de ensueño,
Se harán presentes fatalmente,
Como duendes malignos
Provocándote estragos,
En tu páncreas,
En las divinas glándulas mamarias
Del sexo tan amado,
El que nos trae al mundo
Día tras día.
Cuando tomes un jugo
Enlatado, en cartones
Que te  acompañe el brindis  con la “chela”,
Piensa si ese clamato
Que tanto te prestigian
Desde el hocico de las bellas
Que en la televisión seducen,
O que en las páginas alegres
De la revista en que te ofrecen
Mostrando nalgas y caderas,
Te dicen o te ordenan
Con seductora frase:
¡Saboréalo, mi rey¡
No te provocará
Más tarde o más temprano
Algún padecimiento.
Pero eso es poca cosa:
MacDonalds y otras firmas,
De tan firme prestigio
Que hasta suena solemne
El nombrarlas a diario
En la hamburguesa que te ofrecen
Te  convidan venenos.
Lo del sabor que tanto anuncian,
Lleva intenciones muy perversas:
Las que se mueven silenciosas
En el cerebro de los jefes,
Los reyes del dinero,
Quienes sueñan a diario
Con reducir la población
De todo ranchería
De cualquier megalópolis,
Cualquier  poblacho,
País o continente
Para poder formar
Su ejército de esclavos
Seleccionados a su gusto.
En eso está la clave. Y todo esto,
Mientras campea el cáncer
En cada cuerpo humano
Inducido a porfía
Con perversión y contumacia,
Por los que sueñan dominarte
Y convertirte en lagartija,
En musaraña que les sirva,
Para la brega cotidiana
Cuya finalidad consista
En producir y producir.
Para que el dueño de este mundo,
Se sienta satisfecho
Porque con ello aumenta
Su caudal ensoñado.
Mientras, el que trabaja,
Se morirá entre gritos y lamentos,
En el infierno de los cánceres,
Que hasta en la piel te harán sufrir
Ya que gravitan hasta en el perfume
Con que han de seducirse
Las Colombinas y  los Arlequines.
¿Será nomás el cáncer?
Pueden der cientos de afecciones,
Padecimientos destructivos
Que no fueron enviados
Por la naturaleza  ni el capricho
De algún demiurgo enloquecido,
Sino por esos cómplices de reyes
O reyes ellos mismos:
Los Monsanto, Dupont,
Herdez o Jumex
Cargill,  o Nestlé.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 26-5-2013

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.