La nación no es el mito
Que pusieron en rueda de molino;
No es ese ritornelo de: ¡la Patria!
La nación es el hombre que labora,
Que se postra ante un Dios
Imaginario o fidedigno;
Es el hombre o mujer
Que engendran y conciben
A veces con angustias,
Otras con alegrías,
Beneficiarios, legatarios,
Y herederos que un día,
Imitarán a los ancestros,
Y con ello, aseguran
Esa continuidad
Que la madre primaria
Plasmada en el capullo
De una rosa tranquila,
Exige a cada uno
De los que van llegando:
Segmentos de la especie.
La nación es el canto
De alegría o de tristeza
Que brota en cada pecho
Del que en horas de asueto
Entona porque si,
Porque le nace
Lo que quiere lanzar
Al aire: la congoja,
O el regocijo de saberse
Parte de un gran enjambre
Que se desliza, sin saberlo,
O habiéndolo intuido,
Por los rumbos grandiosos, majestuosos
En cuyos ámbitos están,
O los recorren,
Las estrellas gigantes
Y los cometas peregrinos.
La nación es el fruto
Nacido de la tierra,
Y después, cosechado
Por esas manos rudas,
Encallecidas muchas veces;
Ásperas y sangrantes
De quien labra la gleba,
De quien noche tras noche
Se debate rumiando
Ante la incertidumbre
De si habrá buenas lluvias,
O acudirán enloquecidos
Los vendavales destructivos,
Que lo priven de la esperanza y del sustento,
En el ciclo futuro, por venir.
La nación, es la dupla
Equilibrada o asimétrica
Que se levanta cada día,
Con fatiga o sin ella,
Para cumplir con la faena
Ineludible y necesaria,
La que produce el alimento;
La nación es la dupla
Que con disposición o malestares,
Marcha, contenta o indispuesta,
Al sitio de labor,
Y desgasta su fuerza
Su energía y su ánimo,
Para que nazca o aparezca
El bien, que ha de calmar
Ansiedad o deseos
Inquietudes o hambre
Lujos y presunciones.
La nación es el par,
Que alegre y bullicioso
Danza feliz, gozoso
En los días de fiesta
Al ritmo, al compás
De la jarana o la guitarra,
De la tambora o del violín,
Ritmo que se convierte
En el espíritu vocinglero
Y alegre en el jolgorio
Celebrador de la cosecha.
O del ciclo creativo
Productivo y nutricio.
Es el dúo que va por los jardines,
Los días de descanso o efemérides
Con lo hijuelos, con los vástagos,
Disfrutando, espontáneos,
Contentos y entusiastas
Sencillos, campechanos
O humildes y sumisos,
Tristes o melancólicos,
Desconsolados, o afligidos
Lo que el jolgorio o el festejo
Les ofrece, como homenaje
A sus penurias.
La nación son los seres
Que arriban a los centros
De ilustración y de sapiencia,
A trasmitir o traspasar
La gigantesca herencia,
Que trasmutada en ciencia
Hace más grata la existencia.
La nación es todo eso,
Y más: es el amor
Que al paisaje se tiene,
Al terruño por magro que este sea;
Es el cariño
A lo que todos crean
En tradiciones y costumbres,
En usanzas y ritos.
Es todo eso, que es mucho,
Pero les es arrebatado,
Escamoteado, suprimido, hurtado
Precisamente a los creadores.
Si acaso se le da, es con irritación,
Con enojo, con grima,
Con desagrado y mezquindad,
Para luego decirles
En forma de reproche prepotente,
Con insolencia : ¡Se les da!
Y no tienen derecho a reclamar
Ni a protestar.
Mejor sería que agradecieran
La magnanimidad de quien les da.
Así lo dicen,
A diario, y lo repiten,
Quienes se han asumido como dioses,
Y que en sentido de lo real
No son los que producen,
Tampoco los que sufren,
Pero se han adueñado
De lo que pertenece o debiera
Pertenecer a todos
Los que arribaron a la luz del día
En la comarca que llamamos MÉXICO.
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








