Dormimos una vez en los laureles
De los sueños que nunca se realizan
Pero fueron tan bellos como reales;
Sueños de libertad,
De paisajes, de rubias,
Musicales
En los que poesía
Canto y danza,
Formaban trilogías
Mecidas por la selva,
Por los rumores de las urbes malas
Pero con sus reductos de alegría,
De dejos populares,
De expresiones de furia
Promesas de venganza
Por lo que los brutales
Dueños de sinos, de destinos,
De dinero y metralla,
Les han hecho por siglos y milenios.
Dormimos una vez en los laureles,
De algunas realidades,
Que pudieron ser sueños;
Y trajeron después responsabilidades
Al conjuro violento de masacres
En un país que se decía
Vástago todavía
De las revoluciones,
Que emprendieron los curas,
En los mil ochocientos;
Que continuaron los chinacos,
En tiempos de Reforma,
Y pusieron a punto nuevamente
Los escuadrones que arrancaron
De las tierras del norte,
Junto con los sureños
De mirada cetrina y de bigote alacranado.
Despertamos después, sin los laureles,
Porque otras realidades se impusieron:
Buscar ser hombres de provecho
En los tiempos de paz y de esperanzas
Que nunca florecieron,
Que apuntaban no más,
Luego, se marchitaban
Dejando entre la lengua y paladar
Sabor amargo y sequedad,
Señal de que el país de juventudes
Ilusionadas y entregadas
A continuar los fastos señalados
Por los curas,
Los padres de las gestas
De las reformas liberales,
Y los que cabalgaron
Rumbo a Torreón, a Juárez
Zacatecas, Tlaltizapán y Cuautla
Se estaba convirtiendo
En tierra de embusteros,
Engañadores, sinvergüenzas
De bigote o copete,
Y eso si: muy devotos
De vírgenes que fueron
Fetiches, tras los cuales,
Estaban: el engaño
La demagogia y la mentira;
Se estaba convirtiendo
En zona de asesinos,
Masacradores y verdugos
De sueños democráticos,
Convertidos en posta,
En excremento
Y desesperación.
Entendimos , entonces
Que no habrían jamás
Ensueños y laureles,
Sino sonidos de campanas,
Lúgubres y sombríos.
¿Y el futuro? Olvídense de él.
Solo existe el presente
En el que se habla únicamente
De cuerpos destazado
De hombres y mujeres,
Como reses en rastros:
Descabezados y colgados
En puentes peatonales.
Y aparece un enano
Que va diciendo por doquiera
A quien quiera escucharlo,
Que esta Patria es país
Con futuro brillante.
Esto es bellaquería
Perversidad, vileza
Y desvergüenza.
No hablemos más de sueños,
Porque aquí solo hay dueños
De dinero y poder
Para aplastar y asesinar,
Para insultar memorias
De los desposeídos
Caído en los fosos
Que traficantes homicidas
Excavaron a posta
Para, como los gatos,
Esconder su excremento.
Pero en vez de la excreta
Sepultaron cadáveres,
Ilusiones y sueños.
Como réplica irónica
Hay un montón de mierda.
¿La han visto? Está sentada
En los escaños del congreso,
Y se dice orgullosa
De fabricar embustes que dan ¡gusto!
Como ese que nos habla
De la Ley Federal del trabajo...
Y otros más por ahí
¿No eso acaso desvergüenza?
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 23-11-2012
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








