A la una de la tarde
Se agrietaron las compuertas;
A la una de la tarde
Se rompió la resistencia;
Las aguas se difundieron
Como sábana gigante;
Cobijaron la pradera;
Inconscientes, la cubrieron,
Y avanzaron desbocadas
Hasta lejanos confines,
Donde las montañas quietas
Esperaron el embate.
Este llegó. A pie firme,
Los montes lo soportaron.
El torrente enloquecido,
Se estrellaba en cada embate
Contra las abruptas faldas;
Furioso, chasqueaba, sordo,
Esperando derribar
El obstáculo imponente
Que separaba las aguas
Entre pradera y océano.
La montaña resistió,
Eso era lo previsible.
La montaña no cedió,
Era la vida o la muerte.
Como la montaña es fuerte
Pudo resistir; si acaso
Con deterioro en sus faldas.
Las aguas se detuvieron.
Enfurruñadas, volvieron
A sus cauces primigenios,
Pero no escarmentarán,
Volverán, lo intentarán;
En esa nueva intentona,
Volverán con nueva fuerza
Con ánimo destructivo
Más demoledor, feroz,
Con disposición quizás
A destruir si es posible
La más pequeña obstrucción.
Pero, ¿qué intentan las aguas?
Arrasar, solo arrasar
Para ejercer su dominio
Indiviso y sin fronteras:
Que nada se les oponga,
Que nadie intente protesta.
Y el que se oponga será
Aplastado y sepultado.
Nadie tendrá voz ni voto;
Para todos, la censura,
La prohibición, el límite,
El “hasta aquí” de la fuerza
Irracional y violenta.
De libertades, ni el nombre;
De derechos, ni la “D”.
Solo queda resistir.
Y es posible conseguirlo.
La roca fue lo primario,
Antes que llegara el agua,
Y debe prevalecer.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 8-7-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








