Pasarela
Minuto a Minuto

 

 

Como ratones asustados,
Vivimos, alarmados:
Que si el dios Marte, que si Shylok,
Que si el ladrón que vino
Y nos robó nuestra esperanza
De una vida mejor,
Aquí, claro, en la tierra;
Que si no lo hizo solo,
Sino con su gavilla
De lobos, que, como él
Están dispuestos a ingerir
A devorar nuestra energía
De producir y de crear;
Que si con el comportamiento de un mastín,
Quieren tenernos atrapados
Por la garganta, y de rodillas;
Que si se apoyan en ficciones
Como la Democracia,
De la que son representantes sedicentes;
Y la enarbolan frente a nuestros ojos,
Como la zanahoria ante el caballo,
Que va jalando la carreta.

Todo eso y mucho más,
Provoca nuestra angustia cotidiana
A unos más que a otros;
Todo eso nos arredra.

Nos llena de terror la perspectiva
De morir aplastados por orugas,
Destrozados
Por un cohete teledirigido;
Por la presencia y la amenaza
De la fisión nuclear.

Nos aterra vivir sin aguas negras
O sin las hamburguesas;
Sin que nos lancen a la cara los piropos:
¡Que bello o bella eres!
¡Qué elegante te ves!
¡Uy, que fuertote!
Y, de que año es tu Lincoln,
Tu Audi tu Volkswagen.

¡Preciosas! se  ven tus pantimedias,
Y más cuando sugieren bellos glúteos,
Vulvas voluminosas,  
Y hasta los clítoris erectos.
Y ni hablar de esos pechos
De puro silicón;
También los muslos participan
Del generoso material,
Y hasta el botox perverso
Que te engruesa los labios
Y los hace deseables
Para besar y ser mordidos,
Se hace presente en el engaño
De la belleza artificial.

Y qué me dices
De tus cejas tatuadas
Y tus pestañas-abanicos,
Que te añaden presencia seductora
Tanta que opacas y avasallas
A las divas del pop, la pasarela y la pantalla.

¡Ja! Qué irrisión.
De lo que no nos damos cuenta,
Es de que, alguien se ríe
A carcajada abierta y satisfecho
Con cada adquisición
Que hacemos los de acá, los de la prole
De un pantalón descolorido,
De los que otros  tiempos
De mayor sencillez
En que no había el hostigamiento
De la pantalla azul
Y de los magazines,
Eran ropa de soba, de trabajo,
De labor cotidiana,
Y ahora el mercachifle que nos domina a todos
Los convirtió en ropa de lujo,
Que alegres portan nuestras ninfas,
La que prefieren que estén rotos,
Des garrados aquí,
Deshilachados por allá;
Si muestran algo de las “pompis”,
O sea lo que antes eran nalgas,
Muchísimo mejor.

Y pensar que todo esto
Y mucho, mucho más,
Ha sido puesto a punto
Por los que rigen este mundo,
Embotando el cerebro,
Hurgando en él para saber
Cuales son nuestros sueños,
Fantasías ocultas,
Y por ahí colarse e infiltrarse
Para domesticarnos
Como a los perros de Iván Pávlov,
Y como colofón,
Asegurase el dominio total
De nuestras vidas
Domesticando nuestros sueños,
E induciendo el terror
Mediante guerras, invasiones,
Catástrofes gestadas
Por ellos o sus testaferros
Atribuyéndolas ,
Sin ninguna impudicia
A sus demiurgos inventados
En los que ni ellos creen,
Pero los utilizan
Para sembrar terror
Y así tenernos
Como a las ratas, aterradas:
Royendo y temblorosas.

¡Viva el capitalismo!
El  que se muestra diariamente
Como el perfecto estado existencial.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 5-2-2013

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.

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