Odisea urbana (De lo apolíneo a lo dionisiaco)
Minuto a Minuto

En la añeja urbe donde la religión ya pudre sus polillas,
Al compás de una escuadra, aquel hereje buscó de cotidiano,
Hallar su esencia en los ocultos laberintos de la Teosofía.
Y  de forma inesperada un grito de soledad y ausencia
Denota la necesidad imperante de hacer pausa.
So pretexto de la asfixia ordinaria,
Se encaminó al submundo, en el cenit de un  jueves.
Caronte le conduce irremediable por la urbe que se oxida,
Hasta mezclarse, en lucha campal, con el Hades mercante
Donde sibilas, faunos y medusas buscan el  sustento
En  la lucha por la sobrevivencia del día a día.
Es imperante  por ahora  asistir  discreto  a un templo dionisiaco.
Los  óbolos respectivos  y el deseo  desatan un dialogo
Donde las palabras comunes aluden los misterios Eleusinos:
La atónita puerta y sus patíbulos abre sus fauces sin denuedo;
La escalera encamina sus pasos a la buhardilla
Y  Cancerbero asoma sonriente, tras la posibilidad
De sobrevivir del mundo cotidiano.
¡Ay de aquel que  atrapado en el submundo ,
No encontrase la salida!
Erebo inicia su ritual  cuando la materia incinera la angustia
De las verdades consabidas:
--el secreto a voces nos ahoga a todos
los que en esta condición perecen.
--la indiferencia que se humilla a la ignominia de un camino
no elegido, es clara incertidumbre  del ajeno y sus rumores.
--exclusión relegada y aparente, es la mayor tormenta
de la rutina y ruin desprecio.
--la discreción aparente es clave impuesta para sobrevivir
al mundo que se apesta.
Ya en los patíbulos,  los aposentos y sus puertas
Te conducen hasta la cúpula de Tártaro,
Meta denotada de un grito desesperado en soledad.
Ante la cámara segunda las miradas brillan
En busca de una oportunidad por devorar a quien asome:
Caduceos,  escondidos en amabilidad aparente,
Donde las garras se dirigen de cierto,
A extender  la mano esperando la caída.
El preámbulo termina lavando la asfixia del profano
Y en colosal tarea deberás someter ¡oh hereje
Consabido!  Los impulsos  que hasta aquí te arrastran.
He aquí los que ya retornan del Averno,
Manifiesta altivez y hombría denotan.
--Es en la dualidad donde las otras puertas
Se atisban con miradas indiscretas--
En el  tercero y ausente portal  es obligado  un descanso
Donde el temor a la autocrítica, se debe  vencer
Por el calor que la humedad acosa.
Es ahí donde la reflexión les atormenta.
El siniestro pórtico deja entrever  Centauros  
Que a las Ménades incitan siempre.
Una mirada fija, un pie anónimo y una mano
Distraída, son la clave para acceder, definitivamente,
A Tártaro, sin vivir el rechazo vil -  donde desprecio
Y burla indómita sería la vergüenza
De un asco que vomita triste intento-
Pan, quien en otros tiempos por Fauno se conocería,
Encamina a su manada  reluciendo su capacidad
De elegir a voluntad de un capricho, a cuantos requiera.
Es en el vapor de una crisálida alimentada de fermentos,
Donde Sileno lucha por hacer de un vil gusano, soberbio Centauro.
Y su mirada ya desprecia a desvalidos y pestilentes,
A los desamparados y  meretrices  revestidas,
En triste intento de camuflar  su desesperante realidad.
Es ahí, y justo ahí donde la  espera y su angustia es vil tormento:
--cada exhalación indica una vida que se acota en la desesperación
De las llamas, que desde dentro nos consumen por igual;
--En la indiferencia el sufrimiento de lo incierto eleva una oración
Para ser ánima elegida a traspasar el portal de todos esperado:
Ventanal que deja ver las sombras que se humillan
En el rito de las convulsiones.
En definitiva a llegado  el tiempo de diseminar
La clara desesperación que nos acosa.
Donde los cuerpos se incineran los unos a los otros;
La caricia de Erebo, ciertamente, es vil sometimiento,
Donde la egolatría busca retardar la contracción
Que jadeante desespera;
La humillación es, ante todo, en ése reino,
El pasaporte claro para salir pronto del tormento:
El verdugo buscará ahogarte, a toda costa,
Y ¡oh hereje, ten por bien sabido que es la experiencia ,
la herramienta única que te hará sobrevivir
A la purificación a que te somete el rito!
¡Una mano ciega y con estigmas de experiencia,
Palpa  puntos clave  que te  permitirán  ser ahora
El que tortura, para así liberar al Adonis  que se asfixia!
Guerra sin piedad. Crueldad infinita,
Tormentos y gritos, son mordidas que devoran  
El obscuro y sombrío paisaje donde la soledad se purifica.
¡De súbito en vendaval un manjar de vino amargo,
Que espumoso escurre sin aliento, es el consabido laurel
De la odisea entre lo apolíneo y lo dionisiaco
De quien se atreve a franquear el Hades citadino!
Metempsicosís. El viaje de retorno a lo ordinario de las urbes,
Se marca por el ritmo estresante de las horas extraviadas.
Y es entonces cuando afortunado me sé  descubriendo en la rutina
Que por fortuna  el submundo me vomita día con día,
A sabiendas de que sí inclusive, un solo pensamiento
Percude la totalidad del cosmos,
Y ante el árido paisaje de lo humano soy responsable
De lo que ocurre al universo por entero.
¡Basta entonces transmutarme para hacer del Hades humano
Una llanura de luz eterna!
¡No hay vuelta atrás! ¡Es hoy el instante exacto
Para emprender la titánica tarea!

EL MONJE HEREJE.