Corona de espinas han puesto en mi frente,
penetran mi piel, me causan dolor,
la sangre escurre por todo mi rostro,
imploro perdón para el género humano.
Suplico piedad al despiadado romano,
la espalda se hiere por el látigo ardiente,
revienta y ciñe mi desnudez.
El tumulto de gente aclama mi muerte,
el mendigo se acerca y escupe mi rostro,
los niños se burlan de mi sufrimiento.
Las cadenas atan mi caminar
dejando sus huellas por todas las calles,
mi vestido desgarrado muestra mi pecho dolido,
mis pies se desangran por tanto tropiezo.
La carga que llevo es glorioso descanso,
allende los cielos,
los clavos de hierro penetran mis manos
que sostienen sin fuerza la madera que cargo.
Ansío la muerte, glorioso descanso,
mas pronto vendré a cumplir mi destino,
Maestro Jesús me llamarán por siglos,
dedico estas letras a ustedes … mis queridos hermanos.
*Leobardo Cruz Magariño (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es abogado y amante de la lectura y la poesía.
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