Cuatro poemas de Jorge Nández Britos: Trama, Sin, Oquedad e Hilos
Minuto a Minuto

 

21 de diciembre de 2020

 

Trama

Hoy lluevo lentamente, en el escaso límite de una esquina desde donde retornan los fracasos.

Acopio el golpe cano e hilvano en un rosario las muecas pardas, el gajo sucio, la irreverencia del impacto en la espalda.
Acumulo -mano sobre piedra- una confianza descreída en cuyas arrugas corren los cueros secos.
Sé del resentimiento y su sino rancio. Sé que se consume a sí mismo y con él arrastra mi sino.
Ignoro desde qué lugar y punto de vista ubicar la abulia bruta para obviar el vacío.
Rebusco a tientas en la evocación pero desguarnecida se esfuma lívida e intrigante.
Indago en aquellas calles, Oficial 2, 470, por ejemplo, el transparente apenas verde y medio seco que dieron ojos y
encías a las palabras que soltarían proclamas, que absorbieron banderas y cobijaron dramas espurios.
Rasco en la pulpa de los días y por una noción intuitiva, insisto.
Zurcidas quedan las miradas que procuran disimular los agujeros natos, revirados.
Libros y retamas ensoñaron la distancia con pronósticos cercanos, un diagrama político en vísperas de estampida.
Las cartas, los discursos, las declaraciones, las enmiendas, los programas quinquenales, la planificación científica hicieron su fila y soldaron eslabones que se estiran como una manía histérica.
Una secuencia ilógica, hipotáctica se entrevera en un incordio de espinas resecas.
Por un frenesí que ignoro fueron haciéndose invisibles los paradigmas clásicos, las estrategias tácticas, la perspectiva
materialista, la concordancia heteróclita, la lucha de clases.
El analfalbetismo a vencer se transmutó en cartel de anuncio en los andamios de la unesco.
En la calle se hicieron círculo inicuo los derechos dados.
La forma se convirtió en masa y se hacina.
Se agosta el espacio. Se estrecha la conciencia con estocada de herida perpetua.
Amarga la retina ve el silencio de lo mínimo.
Un disparo fútil entre manos queda mudo mientras las aguas desvarían en las rampas grises de la costa.

Hoy lluevo lentamente. Y escondo el desánimo detrás del espejo para entibiar el frío.
Lluevo crudamente, en un impulso evanescente aunque haya niños que nazcan.

 

Sin

Los colores pardos estallaron en el horizonte magnífico de tu sentencia.
Sumé las olas, quité latitudes a la saña inerme, indagué en el cuerpo escondido.
Siempre me he mentido y legado en sarcófagos blancos las razones y sus ramas.
Cuánto doblega no encontrar el tino para recoger en gotas únicas la calma de tu lluvia.

Supe que eras.
Sé que me envuelven los bucles de una conciencia aciaga
que se redime en la inercia.
No estuve, no estoy en el punto del nudo mágico.
Me limito a un lamparón de escarchas y desiertos.
Me engaño en las enredaderas de la primera primavera.
Miento, esquivo, escondo, ruedo por los pretiles romos
y conminadas crujen las dudas en su fibra cruda.
Una impaciencia enclenque se yergue lenta y fáctica.

Sin previsión posible,
no sé.
No sé el límite del rumbo.
No sé dónde.
No sé quién.
No sé qué no sé.
Me me evito, suspendo, me oculto, lastimo en una trágica postergación
Nunca supe.

La ausencia solapa o labra los labios de la espera.

 

Oquedad

Se ha tornado muy difícil.
A la condición de bruma le siguió el hálito de ojos mudos y pretiles agobiados.
Una mirada que aloja órganos trágicos, agudos, condenatorios.
La alquimia de nubes con razón de puertos desmedidos inhibe el cántico de las palabras.

Se sosiega el liquen por agotamiento ancestral y desoído.
Es un repliegue carcomido por la carga, por el miedo.
Pésimo desenlace de indecisión.
Indecisión que estira el músculo húmedo y reúne en sus ventosas
los instintos básicos de la soga que anuda y agota.
El impacto de noche se encoge en la oquedad de las esquinas.
En trance de muro, la roca se brinda líquida al suspiro de las entrañas.

¡Restan tantas ilusiones de maderas aladas!

Hubo diámetros sensatos, lúdicos, fáticos, incluso irascibles pero todos válidos a la vez.
Persiste en la escala insurrecta una caída de lomo sobre la razón.
La derrota es una piedra, en cuyo centro está la posibilidad de vencer.

No es desquicio sino cambio de estado.


Hilos

Llegué hasta tu viernes por un camino de comas. Creí lo extraño.
Reconocí el eclipse del extravío.
En una adivinanza a ciegas caí al cauce de tu agua. Y bebí de manos abiertas.
Los pliegues de las curvas asumieron el vértigo sensato. Espejo. Vidrio.
Transparencias blancas. Lunas huérfanas que hallaron tu encaje aquiescente.

Llegué.
En el recreo de tus ojos se anudaron las moñas.
Bailaron en sus cintas las firmezas del impulso.
Crecieron en racimos dulces las piedras desnudas.
El absurdo se hizo mágico.
Las esquirlas fueron vanas.
Las esquinas adivinaron su retorno.


Continuidad de hilo.
Hilo que se nace.
Hilo que exhuma.
Hilo que se hila.
Hilo que nos hila.
Hilo que hila.
Hilo que de un tajo muere.

Nunca supe ni sabré algún día cuál fue tu razón de látigo.


Noticia del autor
Jorge Nández Britos (Maldonado, 1955).
Cursó estudios en el Instituto de Profesores “Artigas” donde se desempeñó como docente de Didáctica de Español y como Director efectivo de la institución.
Su actividad profesional ha estado ligada a la educación media y superior. Cuenta con publicaciones e investigaciones referidas a educación y a su especialidad disciplinar.

Libros de poesía publicados:
Aquí/Entonces, 1981. Plaqueta con dibujos de Juan Mastromatteo y Jorge Nigro.
Los rostros y la cara, 2002. Ilustraciones de Jorge Nigro.
Imprimismos, 2005.
Simas, 2006. Ilustraciones de Adolfo Nigro.
Votivos, 2011. Ilustración de Adolfo Nigro.
Reunida, 2018.