Samsara
Minuto a Minuto

4 de junio de 2017

Somos la generación frustrada,

donde padres e hijos no se frecuentan 

a pesar de vivir en una misma casa.

Somos la generación frustrada

que comprende perfectamente

el mecanismo de una flor

pero olvido admirar las lagrimas

del rocío que se prepara para continuar su ritmo.

Somos la generación frustrada

que sin ideales deambula taciturna 

y sólo deja que lo cotidiano le haga olvidar su angustia,

siendo esta la razón de la primera.

Somos la generación frustrada 

donde los todos los datos están alcance de la mano 

y sin mayor trabajo te conectas con el mundo

para dejar de sentir el calor de una palmada.

Somos la generación frustrada

que excreta en cada poro

el miedo desbordante, así mismo y a los otros,

porque cuando el hambre grita la ética se calla.

Somos la generación frustrada

que ya no creyó en un Dios enmohecido en un altar

y buscó otras rutas para terminar más confundido,

sin saber distinguir entre religiosidad y espiritualidad,

entre charlatanería y sapiencia.

Somos la generación frustrada 

que ya no puede salir al bosque 

y tendrá que escuchar las aves

recordando su trinar en un estéreo,

y vivirá confinada a escuchar los consejos de un rio 

en una triste foto que por dentro desluce sola

Somos la generación frustrada

que carga sobre su espalda

la obligación de liberar un planeta que se quiebra

y siendo sólo testigos de cómo, irremediablemente,

cooperamos más a su evidente inanición.

Somos la generación frustrada 

que a gritos calla el dolor de saberse

una tuerca que se aferra a un empleo

que ya le asfixia, y sin mayor alternativa,

que seguir caminando la ruta de la vida

intentando pagar un stress que suda las deudas

que carcomen una mesa ya vencida.

Somos la generación frustrada, 

donde la academia sólo fabrica ya ilusiones

pues quizá termines sobre un auto

ofreciendo tus servicios con una sonrisa 

que esboza la frustración desencajada.

Somos la generación frustrada

donde la mujer que transpira el éxito laboral

se consuela junto a una mascota 

y su sed de amor transmuta 

en una soledad acompañada.

Somos la generación frustrada

donde aquel que se atreve a cobijar a un hijo tiembla,

al ver la podredumbre donde la extensión

de su propia angustia,

quedará irremediablemente confinada.

Y sabiendo, de antemano, que irremediablemente un día

le dará en prenda suplicante a los abuelos.

Somos la generación frustrada

que sabiéndose vacíos buscan rellenar su angustia

con objetos que oculten la razón de aquella.

Somos la generación frustrada 

que comprende su propia situación y se ahoga

bebiendo a diario la cicuta

sabiendo, de antemano, que su voz no será escuchada…

 

Autor:Juan Carlos Martínez Parra