Epístola de una sombra
Minuto a Minuto

7 de diciembre de 2015

 

Un alma sola, sola se desnuda en un poema.
Un poema es la desnudez solitaria del que ahoga
y el verso, la desnudez de un pensamiento que se anhela.

Por todo ello cada vez que lees un texto que te escribo
siento tu mirada que transita por mi cuerpo
y penetras el caudal que no claudica en el intento.

Alquimia irremediable de las circunstancias adversas,
donde cada negación es una invitación a persistir,
y una oportunidad para desarrollar de la voluntad la fuerza.

Y si un verso no te aprisiona la persistencia siempre avanza.

Cuanto más huyes más me obsesionó.

Soy la sombra que te persigue a cada paso
y por más que corras no me desprendes del camino.

En cada verso que te escribo va implícita
la sombra del furor de mis anhelos.

En el reloj el sol transita y entre más avanza la tarde
la sombra más se extiende...

Quizá pretendas olvidarme en el cenit,
lugar donde la sombra en apariencia languidece;
triste ilusión porque es justo al medio día
cuando estoy adentrándome más en ti
con el colorido calor de tu pensamiento.

¡La sombra no se extingue con la noche;
es la sombra que se extiende con la noche
hasta cubrir y cobijar irremediablemente tus caricias!

La noche es mi sombra que pernocta en tus caricias.
La noche es un verso que se esconde entre las sábanas,
es un abrazo que no puedes prescindir.

Soy uno con la noche y la noche es la húmeda cama que te espera,
abrazo inherente que desnuda los versos que te anhelan.

¡Nunca podrás alejarte para hacer distancia!
Soy la sombra que desde el amanecer te busca,
y ya en el ocaso me unifico con la noche.

De ahora en adelante, será irremediable que me mires
en tu sombra y sepas que con la noche mi cuerpo te cobija...

Ya es irremediable que tu sombra será el símbolo de mis anhelos.

No podrás más pretender hacer distancia,
porque al amanecer ya estaré presente
y al obscurecer es irremediable que te abrase.


Juan Carlos Martínez Parra.