
18 de enero de 2021
Entró al cementerio
una tarde lluviosa
bordeando la neblina espesa
y sus ojos turbados buscaban
una lápida vieja donde estaba
inscrito su destino:
Eres carne dada a los gusanos.
El sepulturero
Cuando el sepulturero
terminó de leer aquella
inquietante inscripción
en la vieja lápida
ya había desaparecido
el espíritu desconocido
La tumba
De aquella tumba brotaban
llantos desgarradores
que surcaban
las paredes huyendo
del sueño y la vigilia
que mantenían en agonía
al primitivo impulso
ahora que ya nada existía.
Enrique Canchola Martínez
04012021 Relatos 01,02,03
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