
23 de agosto de 2020
A mi mami en su batalla contra el Alzheimer
No lo noté,
cuando sentí ya había un torbellino,
porque tu mente cambia en segundos,
tu mirada se torna triste por el esfuerzo
tratando de recordar.
Entonces,
siento ese escalofrío que recorre
mi cuerpo,
mi mente,
mi espíritu.
Nunca imaginé
que algún día me desconocerías,
cómo podría anticipar que algún día
te vería así,
si siempre me abrazabas
siempre me envolvías en mi angustia
-como dijera papá-
me cubrías con tus enaguas,
siempre has sido mi heroína.
Setenta y seis años han bastado
para el deterioro meteórico de tu entrecableado,
para que tu confusión vuele,
para que ese estado nos dañe a todos.
A solas,
en silencio,
he tocado la puerta de los ángeles,
he conversado con Lupita,
he charlado con Dios;
les dije que les mandabas saludos,
les propuse un trato,
porque no soporto ver tu mirada triste,
tu angustia por no recordar.
¡Tranquila mami!,
¡tranquila!,
yo siempre te cuidaré
como tú lo hiciste conmigo,
y si tengo que dar la vida
y arrancarme el corazón,
así lo haré;
porque tú me enseñaste a amar,
a proteger,
a velar por lo que amamos,
así siempre seguiré.
Ahora saben en qué pienso
cuando me ven distraído;
lo que no saben
es que siempre estoy contigo,
en tu mundo,
abrazándote..
AMÁNDOTE.
Filo Huesca, especialista en medicina regenerativa y comunicador.








