Al salir del panteón me acerqué a Rodrigo, no le dije nada y
sólo le eché la mano al hombro, veía reflejado en su rostro cierto sentimiento
de coraje y de impotencia, entonces yo no sabía qué era eso, pero la expresión
era la misma que tenía cuando veinte años más tarde lo vi alejarse después de
sus últimas palabras: ¿No’mbre, como va uste a creer eso?
No recuerdo ya cuantas cosas pasaron después de salir del
panteón aquel día, ni cuantas más me dijo Rodrigo antes de que sucediera, que
si la muerte del cura, que si el robo a Don José, que si la helada, que si la
tormenta y no sé que más, pero el miedo fue cambiando a respeto y porque no
decirlo, a querencia. Llegué a querer a Rodrigo como si fuera mi hermano y aún
de mis hermanos no me acuerdo con tanta frecuencia como de él.
(Sí,
de él es del único del que me acuerdo, de todo el pueblo sólo Fernando se
acercaba a mí y me hablaba sin miedo, será por que lo salvé de que le cayera el
árbol encima o porque le avisé de la crecida, pero a partir de allí casi
siempre anduvo conmigo.
No
sé cómo empezó esto, ni cuando fue la primera vez que pude ver lo que iba a
pasar, pero el caso es que sucede, de repente se me nubla la vista, parpadeo y
clarito veo como van a ocurrir las cosas. Vi como el árbol caía sobre Fernando
y lo aplastaba hasta no distinguirlo de la tierra, y vi como la serpiente de
agua se comía las casas, ante mis ojos pasaron los animales inflados por el
agua hasta casi reventar, también vi como mataban al cura y todas las demás
desgracias que pasaron.
Después
de las visiones me quedaba un dolor de cabeza que me la partía en mil pedazos y
se me quedaba adentro hasta que pasaba lo que tenía que pasar. Y si se me
ocurría contárselo a alguien entonces el dolor se me hacía más fuerte hasta
desmayarme y así me quedaba a veces hasta una semana, por eso mi tata me hizo
prometerle que nunca diría a nadie lo que veía.
Cuando
él murió lo único que me quedaba era Fernando y rompí muchas veces mi promesa
para evitar que algo le sucediera)
Yo me convertí en su compañero y una sola vez en su
confidente, a Rodrigo no le gustaba hablar. Muchas veces me hizo advertencias y
yo siempre le hice caso.
Una vez que regresábamos de una fiesta en el pueblo y ya con
unas copas entre pecho y espalda pude preguntarle:
-¿Cómo le haces para saber lo que va a pasar? ¿Con quien
tienes pacto? ¿Quién te dio esa bendición?
Estás borracho, me contestó y no lo volví a sacar de su
silencio, que a veces creía se lo comía por dentro.
No fue sino hasta mucho después, que de camino al maizal, me
contestó sin haberle preguntado...
-No es bendición como dijiste esa noche, es una maldición y
no sé quien diablos me la echó encima.
De momento no supe de qué me hablaba, hasta que vi su rostro
cansado de tanto guardar silencio y de poco haber vivido.
-Si supieras cómo me siento por no poder prevenir a todos de
lo que va a ocurrir, se te quedan viendo como si estuvieras loco y te corren
con malas palabras que sólo reflejan el miedo que no pueden controlar y ni
siquiera aceptar. Cada palabra que digo me desgarra el interior y me rebota en
la cabeza y mis manos se entiesan de la impotencia y coraje por no poder hacer
otra cosa.
Entonces supe que era la impotencia y el coraje, los vi
reflejados en su rostro, igualito que cuando salimos del panteón.
-Por eso, siguió diciendo, creo que es mejor irme de aquí, a
ver si se me quita la maldición o por lo menos dejo de ver cómo la gente que
conozco se va acabando o muriendo poco a poco.
-No te iras a matar, ¿verdad, Rodrigo?, le pregunté
espantado.
-No’mbre, ¿cómo va usté a creer eso?
Y con esas palabras me dio la espalda y no lo volví a ver.
Sólo en una ocasión escuche su nombre otra vez, fue en la
fiesta del pueblo, cuando en el baile se junta la gente de los alrededores y se
habla de muchas cosas, no sé porque salió en la plática.
-¿Rodrigo Meneses?, dijo Fulgencio, a ese lo mataron por
loco en Santa Fe, lo corretearon de la iglesia hasta la salida del pueblo
lanzándole piedras y maldiciones, quedó muerto junto a la cruz que está en la
carretera, fue exactamente un día antes de que el pueblo desapareciera por la
crecida del río, que este año si estuvo dura.
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