Fábulas del confinamiento (Cuentos)
Minuto a Minuto

20 de febrero 2021


El topo
Había perdido la cuenta de los días desde que el encierro había comenzado. Lo único que sabía era que había pasado mucho tiempo desde el inicio de la emergencia, sin recibir noticias del exterior y limitando su dieta a las lombrices que poblaban el subsuelo. Recordaba como la plaga había caído sobre el bosque; los primeros animales en caer muertos; el contagio; la decisión de aislarse tomada por los jefes de las tribus de osos y lobos. Pensó que ya era tiempo de ascender a la superficie. Con sus garras se abrió paso por el subsuelo. Al sacar su cabeza a la superficie, sus pequeños ojos quedaron deslumbrados por el sol, más fuerte que nunca, no obstante, éste se fue apagando poco a poco, haciendo visibles troncos carbonizados y tumbados ahí donde alguna vez hubo frondosos árboles. La prueba atómica había terminado.


                                                            La caverna
Rompió las cadenas. Era libre. Se había cansado ya de aquel incesante desfile de sombras proyectadas en la pared y que toda su vida había estado contemplando. Por primera vez pudo mirar al grupo de hombres encargados de mover las marionetas, frente a la hoguera responsable de las sombras. Luego se dio cuenta de que tenía que subir una pendiente para encontrar la salida de la caverna. Ya cuando pudo asomar la cabeza al exterior, el sol deslumbró sus ojos. Tardó bastante tiempo en distinguir las formas y texturas contenidas en el paisaje. Y entonces vio la estatua de una mujer alada, que sostenía unos laureles en la mano, tirada en el suelo con fragmentos de la columna de piedra que alguna vez la sostuvo. No cabía duda. Tenía que regresar a las sombras.


                                                                                                                                      Retrato
Llegó la pandemia y te perdí, y no obstante, al ver este retrato, siento como si aún estuvieras frente a mí. Sonreías. Vestida con esa blusa de franjas oro y lila que tanto me agradaba. El pantalón de gamuza. Tu cabello suelto que era como mejor se te veía, sosteniendo ese gato de peluche que gané alguna vez en la feria, tirando al blanco. Y esos ojos castaños, tan brillantes y a la vez oscuros. Sobre la mesa, estaba esa antología de Jaime Sabines, autografiada, que tanto te gustaba leer en voz alta. ¡Y sí! Aún contemplo de manera compulsiva este retrato. Llegó la pandemia y tú partiste. El encierro nos hizo contemplarnos largas horas en completo silencio, dándole solo voz a la televisión. Luego nos gritábamos y con un portazo salías a la calle. Recuerdo las largas horas esperando tu regreso. Tarde o temprano me dejarías. Lo sabía muy bien. Pero la pandemia había llegado y moriste. Y ahora contemplo esta fotografía que me hace por un momento imaginar que aún vives. ¡Y Sí! Llegó la pandemia y te perdí. Con mis propias manos te quité la vida.

Nicholas Gutiérrez Pulido, Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin