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04 de agosto de 2017

 

Marzo 17 de 2017/9:45 a.m.

―¿Qué, no hace frío señorita?

―No, para nada.

―En la mañana que salí a las siete estaba helando, y anoche hizo un frío que

¡uuuy!

―Sí, la noche estuvo con una temperatura bajísima, pero ahora está templado.

―Mire a éstas, piden y piden, y con el niño a cuestas.

‘―¡Ah, sí! Qué les darán a los pobres para traerlos así, dormidos todo el día. Y se

fija, son dos mujeres, cada una un niño. Pobres, me dan mucha pena y compasión. Es

mayor la pobreza de conocimientos que la de dinero. Porque dudo mucho que teniendo

estudios anduvieran aquí exponiéndose ellas y los niños. Pero ya sabe, para nuestro

gobierno entre más analfabetas, mejor. Y qué hacen nuestras autoridades

representantes del DIF, nada, calladitos, calladitos, para que no reparemos en ellos.

―Sí, pero todo es cosa de ponerse a trabajar, conseguirse no uno sino dos

trabajos a la vez y con eso ya la hizo. Eso me aconsejó un hombre ya mayor cuando yo

era chico, tenía diecisiete años, me había quedado huérfano. Y me dijo: mira muchacho,

tú búscate dos trabajos y verás que en poco tiempo ya tienes lo mismo que tu vecino. Y

sí, así lo hice, tuve dos trabajos muy buenos. Uno lo ocupas para vivir, me dijo, y el otro

sueldo lo guardas. Así que eso hacía, pues como estaba chamaco no tenía en qué

gastarlo.

―No lo dudo.

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―Ahora, a mi edad estoy bien. Tengo dos hijos, uno es abogado y la otra dentista,

y a los dos les di carrera.

―Que bien, lo bueno fue que seguramente no le hizo a los vicios.

―Nooo, pues no, aunque le probé de todo, eso sí, porque mi amigo me dijo:

prueba de todo en la vida para que no te cuenten, y ya tú dirás si te quedas ahí o te sales,

aunque yo te aconsejo que no te quedes. Y sí, probé de todo, hasta marihuana, pero no

me gustó. Y mire que tuve compañeros de trabajo que me la invitaban. Los de la

Volkswagen, porque también trabajé ahí, ese fue mi último trabajo.

―Cuando era bien pagado, ¿verdad?

―Así es, muy bien pagado. A mí me tocó ver compañeros que tenían muy buenos

carros y unas casas bien grandes. Pero en cuanto venía la quincena eran de los que

llegaban a cerrar el bar. Ya hasta sabía el cantinero. No había que decirle nada, corrían

a todos y cerraban puertas, mis compañeros pagaban todo: mujeres, licor, meseros con

muy buenas propinas. Ah sí. No, yo no, dije: esto no es para mí. Porque, qué pasa

después. Ya andaban de canijos y más, tenían otra mujer. Yo le decía a uno de esos:

mira canijo, bueno, con otras palabras, claro. Para qué quieres otra mujer, ahorita la ves

muy arregladita porque está bien pintada, pero mañana que amanezca y la veas bien,

¡nooo! Es sólo una que te va a sacar la lana, y cuando ya no le des, te va a dejar. Y mira

a tu mujer, ella sabe pero calla, calla, y un día te vas a quedar como el perro de las dos

tortas. No hay nada como tener a su mujer y sus hijos. Yo gracias a Dios tengo a mis

hijos y mi mujer. ¿Y a qué edad cree que me pensioné?

―Pues, no sé.

―A los cincuenta y cinco. Ahora mire que el otro día me encuentro a uno de esos

compañeros y; ¡no, no! Que le digo hartas groserías. Porque usted cree que ahora anda

juntando el tiempo que le faltó para jubilarse. Le digo: ¿Ya ves? Y me dice: ¡Ay si tú muy

chingón! Pues no, le digo, pero sí tengo mi taxi. Ay, ¿apoco es tuyo? Bueno, lo manejo,

pero ya estoy pensionado y esto lo tengo para irla pasando. Me levanto, me desayuno,

me arreglo y salgo, regreso a comer, y si me siento mal porque yo soy hipertenso y tengo 

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diabetes, pues me acuesto y listo. Eso es todo. Porque aquí donde usted me ve,

¿cuántos años cree que tengo?

―Unos, ¿sesenta?

―Por ahí andaba usted. Tengo setenta, y a mis amigos los veo ya bien amolados,

por mensos, les digo. A ver, para qué tanta mujer y tanto vicio.

―Porque creen que esa vitalidad les va a durar siempre, y no saben que a la larga

el tiempo se los va a cobrar con interés.

―Exacto, exacto. Mire que ya la aburrí con mi plática. Pero ya llegamos.

―No, cómo cree, muchas gracias, ¿cuánto le debo?

―Setenta pesitos por favor.

―Que tenga un buen día.

―Gracias a usted. Igualmente muy lindo día.

 

Autor: Carmen Arronte Isasi

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