Las cenizas del coro
Minuto a Minuto

 

 

Las cenizas del coro.

 

Los niños, medio centenar, fueron arrastrados hasta el interior de la supues-

ta sala de baños. Habían oído hablar de las apocalípticas duchas que se daban 

en aquellas siniestras dependencias, por eso se resistieron, no para salvar la 

vida, cosa que sabían que era imposible, sino para que sus verdugos no creye-

ran que eran unas criaturas pusilánimes. Una vez dentro de la cámara mortuo-

ria, con los ojos fijos en el techo y las manos enlazadas, entonaron los acordes 

de una vieja canción de cuna, como si formaran parte de un coro que había 

ensayado la canción centenares de veces. Afuera, el cielo se nubló súbitamen-

te y, pronto, empezó a caer una fina lluvia. Minutos después, mientras las chi-

meneas de los hornos crematorios expelían a la atmósfera una densa humare-

da, en medio del fango, florecieron cincuenta rosas. Las cenizas habían sido su 

instantáneo abono.

 

 Salvador Robles Miras. Vive en Bilbao desde los diez años. Ha publicado una veintena de libros de ensayo, novela, cuentos y relatos.

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