El placer sensato
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El placer sensato.

 

Primero, suprimió la lectura; luego, las películas, después, las obras de tea-

tro; más tarde, la visita a los museos. Sólo se quedó con el placer del cuerpo. 

Pronto, el placer se tornó en rutina, y la rutina, en un tedio insoportable. Y, más 

viejo, más sabio, volvió a la lectura y al cine y al teatro y a los museos. Y, mila-

grosamente, entonces, el placer del cuerpo, emergiendo de la monotonía, se 

hizo grande, grandioso. Había crecido hasta la sensatez.

 

 Salvador Robles Miras. Vive en Bilbao desde los diez años. Ha publicado una veintena de libros de ensayo, novela, cuentos y relatos.

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