MIS HUELLAS - Nicolás López Dallara
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Aquí me fui enterando de las trayectóricas huellas que ha dejado su padre –Jesús Martín Merino- sobre la nevada playa de su historia. Y sin querer tomé la posta de su matinal manzanilla. También tengo el honor de compartir con él un adictivo gusto por el pinar del Guadarrama. O por el río Eresma, donde en temporada la pesca de truchas saltimbanquis adorna la playa de mi vida con sus frágiles siluetas marcadas en la arena.

 

Ahora, de regreso, salgo a la calle y veo a dos jovencitos campiranos caminando despacito mientras sus penas se confiesan. Y me recuerdan a la época de los dos pares de huellas yendo juntas por mi playa. Juro que al Señor yo le rocé el codo con el mío, después de una completa jornada caminando, cuando tambaleantes los dos nos sujetábamos en nuestros pies descalzos.

 

Y he aquí un dato curioso, que redunda en la acostumbrada ironía: Aquellos pasos que en mi adolescencia acompañaban a mis huellas, y que se extraviaron en la tragedia que más marcas ha dejado en el arenoso vado de mi propia historia, ahora los encuentro cuando hago mis visitas al Eresma, y me enfilo caminando por la orilla hacia donde las ganas me llevaren. Nadie camina al lado mío, y encantado voy mirando los robles y los pinos, o los convexos cerros del valle Guadarrama.

 

Pero en los atolladeros, noto siempre que al lado de mis perpléjicos pasos se hunden en los charcos las pisadas que me habían olvidado, un día 24 de mis 13 eneros pasados. En mi andar cotidiano el Señor no me acompaña. Tal vez comparta mesa conmigo mientras reviso ortografía en un poema acabado. Pero me está esperando a las orillas de mi río. Ya no le guardo rencor ni antipatía. Ahora Él camina al lado mío pero con diferencia y con distancia. Tal vez su intangibilidad se deba a un justo remordimiento que experimentó cuando me había dejado. Pues yo sé que aunque se fue a conocer otros caminos siempre estuvo recordando los años que vivimos. Mas la carga de mi cruz fue un peso que Él no pudo ir arrastrando sin hundirse. Ahora andamos silenciosos cual dos sabios escrutando el horizonte al que nunca llegaremos. Pues María siempre espera mi regreso a Carretera del Robledo. Y de a muy poco, como si fuéramos un zorro esperando a un niño rubio, el Señor otra vez se va ganando mi confianza. Aunque converso más con la montaña. Y cuando parto hacia mi casa, Él se sienta a las orillas del Eresma y se entretiene contemplando las apariciones de mis huellas en las tollas estancadas.

 

Más de la obra de Nicolás López Dallara: 

 

Nicolás López Dallara es escritor argentino que reside en San Ildefonso, Segovia; entre sus trabajos se encuentran:

 

Publicaciones:

 

Amarga Hiel (Recopilación poética): En cada letra te desnudas

Eclipse de Luna (Antología Poética): Mariposas negras y blancas

Revista Remolinos (Perú): Katrina

Revista Diez Dedos : El Águila Real (Epistolario)

Revista Almiar: El Reflujo

Archivos del Sur (Argentina) : La Herida del Amor – Un lustro sin tenerte

Revista Pastizal Nº 7 y 8 (México): Introducción a Color del Trigo,  Murallones  - Olor a tierra mojada (epistolario) , Desingenuidad (poema)  Poesía de Ayer y Hoy: Mis sueños realidades , El Otro Oeste, Gestaciones.

La rosa Profunda: Refugios Naturales (poema) – Tictac 3 (relato)

Revista Voces, Númeno de Marzo 2007: Poemas : Cinco Caracteres – La mar en calma - Relatos : Un hombre con sentimientos puros

Saber sin Fin: Padre

Liceus: Intangibilidad (Ensayo)– Consolaciones para mi desarraigo (poemario)

Poesía de Ayer y Hoy: Murallones – El otro oeste (poemas)

Revista diez Dedos: El águila Real (Epistolario)

 

Emisoras de Radio

(Textos seleccionados para distintos programas):

 

Poesía y Algo Más (Buenos Aires):