Se me pasa la vida
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

27 de febrero de 2015

Al pecho de la calle se le ha sellado, justo en el centro, una línea de acero; es algo parecido a los rieles de la vía del tren. Esta vía no es ferroviaria, por ella no avanza a grandes velocidades un tren de carga o pasajeros. Por sus hendiduras se desliza un bastón, este bastón lleva un ojo en el extremo que se aplica a la vía, la mano que lo dirige debe de empujarlo con fuerza para evitar que este salga de su línea; de ser así, el ojo perderá el control. Solo algunas calles tienen esta línea y para encontrar otra que haya sido sellada y hendida de plata habrá que caminar a ciegas, en medio de titubeos, rodeando y de regreso sobre las mismas. En ocasiones estaremos al borde del abismo o en medio de un torbellino a causa de nuestra condición.

No todo es tan malo, en el ir y venir nos tropezamos con algún incauto como nosotros. Nos sonríe; creemos ver en él, el final de nuestra angustia, con la resulta de unir nuestra ceguera a otra: mal de todos, consuelo de tontos.

En medio de toda esta trifulca, tampoco advertimos la brújula de los demás sentidos. Sumidos en el piso, estropeamos la evolución, al grado de terminar el ciclo vital encorvados de tal forma que nuestro aspecto demuestra una desmedida testarudez.

Dejamos de percibir los momentos fugaces de la tarde, el despilfarre de aromas universales, aún las intromisiones de leves o fuertes hedores que han provocado el desbalance en el ánimo de la citada armonía del aromático cosmos.

Los perfumes de las horas, de cualquier hora, despejan sin darnos cuenta algunas turbulencias en nuestro doblegado andar.

¡Y qué decir del contraste celestial! trinar arriba, estruendo abajo.

Empinados buscamos el punto que absorbe y conduce al oscuro mundo.

Leticia Daz GamaLeticia Díaz Gama, poeta residente en la ciudad de Puebla, México.

  1. Facebook
  2. Twitter
next
prev
next
prev

Hay 323 invitados y ningún miembro en línea