
El aborto no solamente es un tema de las mujeres, sino que es un asunto que nos involucra como sociedad. Sabemos que el aborto es una cuestión de salud pública, debido a las muertes de muchas mujeres y a las complicaciones que ocasionan los abortos inseguros; es una cuestión de justicia social, ya que son las mujeres más pobres, desfavorecidas y las más jóvenes quienes se encuentran en mayor riesgo porque no tienen ni los recursos, ni los medios, ni el apoyo necesario para acceder a servicios de aborto seguro; es una cuestión de derechos humanos, porque es a las mujeres a las únicas personas a quienes se les niega el derecho de decidir sobre su propia reproducción en contextos en donde el aborto no es legal; y finalmente, es una cuestión de equidad e igualdad ante la ley, ya que sabemos que las mujeres no se embarazan por sí mismas y ninguna legislación restrictiva contempla sanciones para los coautores del embarazo: los hombres.
Si los hombres fuéramos los que viven el proceso fisiológico del embarazo en nuestros cuerpos el aborto seguramente sería legal. Ya es tiempo de que los hombres nos liberemos de los mandatos hegemónicos de género que perpetúan la inequidad, la violencia y las injusticias. Reconozcamos cabalmente que las mujeres—compañeras, hermanas, amigas, madres, esposas, hijas, tías, sobrinas, novias—que deciden interrumpir un embarazo son personas con dignidad y derechos humanos, no criminales, y tienen el derecho de decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.
Alexis Hernández.








