¿Qué es la transexualidad?
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Mujeres_por_el_Mundo_26/sept/2011

Daniela Rivera Hernández conversa con  Devany y Agnes sobre el tema: transexualidad.

¿Qué es la transexualidad?

¿Qué es la identidad de género?

¿Cómo surge el gusto por el mismo sexo?

¿Cómo generar entornos de tolerancia?

Parte 1:

 

Parte 2:

 

Parte 3:

 

Parte 4:

 

Transexualidad.

Una persona transexual es aquella que encuentra que su identidad sexual está en conflicto con su anatomía sexual. Es decir, se produce una disconformidad entre su sexo biológico y su sexo social y el sexo psicológico. Lo opuesto a la transexualidad es la cisexualidad.

En estas personas suele darse el deseo de modificar las características sexuales que no se corresponden con el sexo con el que se sienten identificadas. Por eso, algunas de estas personas suelen pasar por un proceso de reasignación de sexo, que puede incluir o no una cirugía de reconstrucción genital, mal llamada operación de "cambio de sexo".


El Manual de Diagnóstico Psiquiátrico DSM IV clasifica la transexualidad como Trastornos de la Identidad Sexual [F64], razón por la cual, organizaciones transexuales de todo el mundo se manifestaron públicamente el 16 de octubre de 2009 para que en la revisión del IV Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, (la nueva edición: DSM-5 en mayo del 2013) desaparezca la transexualidad como patología.


La CIE-10 define tres trastornos diferentes: trastorno de la identidad sexual de la infancia, transvestismo de rol doble y transexualismo; en el DSM IV, estas tres entidades están recogidas dentro de una misma categoría, denominada trastorno de la identidad sexual. Según el DSM IV la insistencia por parte de un individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante. Existen dos componentes en el trastorno de la identidad sexual que deben estar presentes a la hora de efectuar el diagnóstico. Debe haber pruebas de que el individuo se identifica, de un modo intenso y persistente, con el otro sexo, lo cual constituye el deseo de ser, o la insistencia en que uno es, del otro sexo. Esta identificación con el otro sexo no es únicamente el deseo de obtener las supuestas ventajas relacionadas con las costumbres culturales. Deben existir también pruebas de malestar persistente por el sexo asignado o un sentido de inadecuación en el papel de su sexo. El diagnóstico no debe establecerse si el individuo padece una enfermedad física intersexual pues los individuos con trastorno de la identidad sexual tienen genitales normales (en contraste con los genitales ambiguos o el hipogonadismo encontrados en las enfermedades físicas intersexuales, como p. ej., síndrome de insensibilidad a los andrógenos o hiperplasia suprarrenal congénita) . Para efectuar el diagnóstico de trastorno de la identidad sexual deben existir pruebas de malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Muchos individuos con trastorno de identidad sexual acaban socialmente aislados. El aislamiento y el ostracismo conducen a una baja autoestima y pueden contribuir a sentir aversión por la escuela y a abandonarla. El rechazo y las burlas de los compañeros producen secuelas frecuentes que persisten en estos niños. Los intentos de suicidio y los trastornos relacionados con sustancias se encuentran frecuentemente asociados a este cuadro. Los adolescentes están predispuestos a sufrir depresión, a presentar ideación suicida. En los adultos puede haber síntomas de ansiedad y de depresión. Los datos de los países más pequeños de Europa, con acceso a las estadísticas de la población total, sugieren que 1 de cada 30.000 varones y 1 de cada 100.000 mujeres desean tratamiento quirúrgico. Los problemas de identidad en los niños y adolescentes no se definen como trastornos mentales en el DSM IV.

Según Silvia Bleichmar:
El planteo acerca de que la identidad sexual es arbitrariamente atribuida a partir de una lógica de la bipartición es tan cierto como falaz. Guarda en sí la ilusión libertaria pero imposible, residual del siglo XIX, de que los seres humanos pueden elegir al margen de sus determinaciones y sin constricciones. La respuesta filosófica, política y científica a esto consiste en reconocer que esta arbitrariedad no es eterna ni fijada para siempre
Hemos mostrado en capítulos anteriores cómo aun en las sociedades que reconocen una tercera categoría, sexualmente intermedia —como los berdaches entre los cheyennes, los xanith de Omán y lo mahu tahitianos,3 donde los casos de género andrógino funcionan en una tripartición-, los individuos deben escoger una identidad para toda la vida y atenerse a las reglas prescriptas de comportamiento4 sexual.
Si (bien) masculino y femenino corresponden al orden de la creencia, de los enunciados compartidos con los cuales toda sociedad establece sus premisas sosteniéndose en una lógica de la disyunción, sería reductivo y banalizante suponer que por ello son fácilmente descartables.
La distribución de género se establece, usualmente, a partir del correlato con el sustrato anatómico del niño, regido por formas de clasificación sostenidas por los modos con los cuales ciertas reglas de cultura imponen esta distribución.
Hemos hablado en otros capítulos de los cambios profundos que se han producido en la actualidad, sobre todo respecto a las nuevas cuestiones propuestas por el transexualismo y el travestismo, que hacen estallar la cómoda bipartición y los enlaces instituidos. El rehusamiento a que la anatomía defina el destino del deseo marca, de manera absolutamente inédita en la historia, el carácter no natural ni determinado biológicamente de la sexuación, poniendo de relieve, por una parte, que no hay contigüidad entre la naturaleza y la cultura. (Wikipedia)

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