La electricidad ¿bendición o maldición?
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13 de diciembre de 2013
 
- ConoSer Bien -
 
Ha llegado a mis manos un escrito de Pierre Lance, autor del libro“Sabios malditos, investigadores excluidos”, que me hace reflexionar sobre el costo que tiene la modernidad y las consecuencias que, tarde o temprano, tendremos que pagar.

El autor parte de la pregunta ¿Podemos concebir nuestra vida sin electricidad?, es decir, nada de televisión, ni aparatos de cocina, ni plancha, ni refrigerador, ni congelador. Lo anterior no es una hipótesis de ciencia ficción ya que durante la historia de la humanidad ha habido varios apagones eléctricos en el mundo, ya sean por fallas humanas, por desperfectos en los equipos electrónicos, por sobrecarga, por corto circuito o por inclemencias del tiempo, pero también se han realizado algunos apagones intencionales.

Uno de los apagones más recordados de la historia fue el de Nueva York, el 9 de noviembre de 1965, además de haber paralizado a la metrópolis por 24 horas, es también muy recordado porque después de cumplirse nueve meses del apagón, hubo una cantidad de nacimientos más alta de lo normal. Así mismo, el 14 de agosto de 2003, 8 estados americanos y 2 provincias canadienses, en total 50 millones de personas se quedaron sin electricidad durante dos horas. El ocurrido en Chile, en 2011, que afectó por casi 5 horas a todo el país, poco después de los terremotos que le azotaron. El 31 de julio de 2012 en la India ocurrió la mayor falla de energía en el mundo, dejando la mitad de la India sin suministro eléctrico durante  dos días.

El ser humano conoce la electricidad desde tiempos inmemoriales. La palabra viene del griego elektron, que era el nombre del ámbar amarillo, una resina fósil que posee propiedapropiedades electroestáticas. Es sabido que los peces eléctricos se representaban ya en los bajorrelieves egipcios, un pez de la familia de las rayas cuyas descargas eléctricas utilizaban los romanos contra la migraña o la gota en el siglo I de nuestra era.

Fue William Gilbert, médico de la reina de Inglaterra (siglo XVI) quien dio el nombre de electricidad a esta forma de energía. En 1752, Benjamín Franklin demostró que el rayo era un fenómeno eléctrico e inventó el pararrayos. Sin embargo, es en el siglo XIX cuando aparecen los grandes científicos cuyos nombres quedan ya ligados al concepto de electricidad, como Ampere, Faraday o Volta y en el siglo XX surge Nikola Tesla, un genio de la electricidad que creó miles de inventos y muchos de los cuales fueron ocultados.

Durante décadas nadie se ha preocupado de saber si la electricidad producía algún tipo de consecuencia en nuestra salud. Desde 1979 sabemos, que la leucemia infantil afecta el doble a los niños que viven cerca de un transformador o de una línea de alta tensión, demostrando también que existe un número preocupante de abortos en mujeres que utilizan mantas eléctricas. Jean-Pierre Maschi, en los años 60, sospechaba que esta radiación estaba detrás de una de las enfermedades que provocaba mayor discapacidad, la esclerosis múltiple.

Estudios recientes establecen que todos nosotros nos encontramos sumergidos en un océano electromagnético que provoca efectos inevitables en el funcionamiento de nuestras células. Se afirma que esta contaminación no cesa de aumentar, ya que se multiplican los aparatos de los que nos rodeamos de manera inconsciente. A estos efectos hay que sumar los de los transformadores, los cables eléctricos, etc. Todos emiten radiación más o menos peligrosa de la que no nos protegemos y a esto se añade también el efecto de los teléfonos móviles y las antenas de telefonía.

Investigadores afirman que la principal precaución, que hay que adoptar, para evitar enfermedades, es la de mantenerse lo más alejado posible tanto de los aparatos, estén o no en funcionamiento, como de los enchufes y de los cables. Recomiendan cuidar especialmente el sueño, por lo que para protegernos, se nos sugiere retirar de los dormitorios todos los aparatos eléctricos, sobre todo los televisores y las computadoras. Si no se puede prescindir de la lámpara de noche o del despertador, necesitamos colocarlo de manera que no estén muy cerca de la cabeza.
 
Jorge Rodriguez y Morgado 2Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce: ConoSERbien en Sabersinfin.com

 

 

 

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