Sácale mocos a la musa
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- ANGAS O MANGAS -

Sácale  mocos a la musa
 
El Sastre
 
“Hasta en los mocos hay linajes,
unos son sorbidos y otros son guardados en encajes”.

Refrán popular

De niño mi hija se comía los mocos. También su prima, que ahora es maestra del tecnológico, se comió los mocos; de hecho tengo una foto de esas que se tomaban con las cámaras de fotos instantáneas en donde está mirando su dedo y se aprecia la bolita verde-gris.
 
Por un tiempo pensé en intercambiar esa foto con  mi sobrina por aquella en donde estoy en Veracruz tirado en la playa, durmiendo inocentemente mientras me rodearon de botellas de cerveza. Pero a mi sobrina como a mi hija no les afecta que diga que fueron niñas come mocos, así que no hay trueque.

Los mocos son lindos después de todo.

Debo aceptar que hay un extraño placer en hurgar en el fondo de la nariz para ubicar ese cuerpo en formación, y extraerlo.  Ignoro el por qué cuando uno va manejando se antoja sacarse los mocos. Si no me cree, ponga atención a los conductores en cualquier ciudad.

Los mocos son hermosos después de todo, y más si entendemos para qué sirve un moco. Dice la wiki:

“El moco es una sustancia viscosa de origen biológico. Es producido como método de protección de superficies en el ser vivo, contra la deshidratación (pulmón), ataque químico (mucosidad del estómago), bacteriológico (mucosidad respiratoria) o simplemente como lubricante (esófago, colon). El moco (o mucosidad) es producido por un tipo especializado de células, las células caliciformes, que segregan continuamente glóbulos de moco. Está compuesto por una mezcla de glicoproteínas y de proteoglicanos, en el retículo endoplasmático y en el aparato de Golgi. Segregado por las membranas mucosas, contiene altas concentraciones de anticuerpos y varias funciones protectoras en el organismo.' El moco, producido por una célula caliciforme, es secretado a la luz del túbulo en cuestión por exocitosis y diluido con agua con el fin de revestir el epitelio expuesto a acciones nocivas presentes en los tubos digestivos o respiratorios.1 Una de sus funciones más importantes consiste en mantener húmedo el epitelio (en particular el de las vías aéreas) y evitar su desecación”.

Oiga usted, después de esto si no aprecia sus mocos es porque en verdad no aprecia la vida.

Pero una información reciente me hizo cimbrar todo mi cuerpecito. Los cuenqueños, por sus hábitos alimenticios, estamos en riesgo de comer más mocos que cualquier otra persona en el país. Me explico.

Hay un letrero en el puente de san Bartolo que dice “cuidado con el moko del plátano”. Es parte de una campaña de prevención de esta enfermedad  que afecta de forma tremenda los plantíos en muchas partes del mundo.

Si usted se precia de ser sotavetino, de ser cuenqueño le debe gustar comer plátano.

Así de fácil, así de contundente.

Hablar del plátano será motivo de otra entrega que le haga más adelante. Ahora permítame decirles que si esa enfermedad,  detectada por primera vez en 1840, en la Guayana Británica y que apareció en forma epidémica en Trinidad en 1895, no se atiende, más de uno estará después anhelando su plátano.

Por angas o mangas la vida me da sorpresas todos los días; ahora que vea a mi hija y a mi sobrina les diré que son mis musas mocosas. La razón en una comparación, ¿sabe cual es el nombre científico del plátano?

“Musa paradisiaca”… no me crea, investíguelo y de paso, cómase un plátano o sáquese un moco, se lo dejo al gusto.

* Luis Fernando Paredes Porras es director del proyecto Las 1001 Voces y Colectivo a favor de la infancia , el cual consiste en desarrollar el pensamiento crítico de los niños a través de la comunicación. Luis Fernando Paredes Porras es conferencista y facilitador en educación.

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