ENTENDER Y AYUDAR A LOS ADOLESCENTES
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Por: Adriana Isabel Lettieri*

 Características generales de la adolescencia:

 

Habitualmente se caracteriza este período de la vida por la inclinación al idealismo, el humor inestable, los conflictos acerca del lugar que se ocupa en el mundo y al rol a desempeñar, la rebeldía ante pautas fijas, la inquietud interior por la búsqueda de la identidad. Así los adultos y el grupo de pares van definiendo los roles a desempeñar por el adolescente y éste, al asumir tales roles, asume su identidad. Este es el tema central… la identidad… llegar a saber quién es uno mismo, cuáles son sus valores y creencias, qué es lo que se desea realizar y obtener en la vida.

 

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En la etapa temprana de la adolescencia la novedad es el componente erótico que se agrega a las fantasías y aparecen las contradicciones acerca del logro de la individualidad e independencia del adulto y la necesidad de parecerse a sus pares.

Los adolescentes de etapas intermedias van resolviendo más fácilmente estos conflictos vinculares y es en los últimos años de este momento de la vida, denominada adolescencia tardía, cuando el joven enfrenta la preocupación por su ubicación en el mundo adulto, la independencia social y económica progresivas y las responsabilidades acerca de lo que hará durante el resto de su vida.

Cuando se habla de una “cultura adolescente” se está mencionando a aquellas formas que tienen equivalente a ritos de iniciación en otras culturas como pueden ser el tipo de corte de cabellos, el estilo para vestir, la inscripción de tatuajes en la piel, períodos de ayuno o bulimia, etc. Abandonar estas prácticas que caracterizan este intervalo entre la niñez y la madurez sexual con la consiguiente condición social de adulto se hace más difícil cuanto más se complejiza la sociedad. En los últimos tiempos se percibe urgencia por agotar recursos vitales, disfrutar de placeres de la vida antes de que se acentúen crisis sociales o que las obligaciones de la vida adulta las dificulten. Es bueno destacar que es propio de los adultos racionalizar acerca de lo inevitable de ciertas actitudes adolescentes olvidando que son el resultado del modo en que nos vinculamos con ellos y que cuando se generan conflictos entre jóvenes y adultos son producto de una interacción anómala que se retroalimenta en círculo vicioso y que depende de frustraciones recíprocas y de vivencias evocadas por los adultos de su propia adolescencia.

 

 

 

El adolescente y la familia:

 

            A medida que el adolescente va perfilando su identidad independiente debe ir rompiendo lazos basados en la autoridad, el respeto, el trato íntimo, el dinero, el impulso, el impulso posesivo y la cotidianeidad. En esos momentos, de tener un ámbito propio, es posible que se refugie en él, lo que le permitirá auto observarse, meditar y registrar su crecimiento ensayando posturas, gestos y estilos de vestimenta. En la base de la conflictiva vincular suele estar la ambivalencia o ambigüedad afectiva. Así se suscitan sentimientos encontrados respecto del propio cuerpo y la inseguridad acerca de mantener conductas de niño o abandonarlas. Esta ambivalencia es la lucha que se produce entre los sentimientos amorosos y de hostilidad o resentimiento. Por otra parte el mundo del adulto resulta anhelado por el adolescente pero también temido por lo cual es probable que el adolescente cuestione todo en su búsqueda de valores a alcanzar por él mismo los que, paradójicamente, son en muchos casos coincidentes con los que cuestiona cuando intentan trasmitírselos sus mayores.

            En los padres el crecimiento de los hijos adolescentes puede reactivar temores y conflictos no resueltos de la propia adolescencia y, en algunos casos puede producirse un sabotaje de la autonomía de los hijos con carácter afectuoso y bien intencionado pero que no deja de ser conflictivo. El joven no siempre puede asimilar las “lecciones de vida” que sus padres pretenden brindarles porque no conoce todavía lo suficiente del medio externo a la familia como para que adquieran sentido para él y cree que sus padres viven del pasado.

            Es bueno destacar que no siempre la ausencia de conflictos visibles es un indicador de que todo marcha bien, ya que puede corresponder a un sometimiento a una educación autoritaria o a una dependencia afectiva exagerada que no permite la maduración. El sacrificio ante el que se encuentran tanto los padres como los hijos es a la renuncia de la dependencia y serán los primeros los que deban ayudar al hijo a separarse de ellos. Aunque a los padres comúnmente los invaden temores, en general, la mayoría de los adolescentes no tienen graves problemas si se deposita en ellos confianza y respeto de sus acciones. Los padres deben aprender a diferenciar si el adolescente exige libertad porque siente que está preparado para asumirla o para probar si lo está, ya que en este caso el hijo puede sentir que lo abandonan si ceden a sus reclamos.

            La gratitud del adolescente sobrevendrá cuando el joven alcance la estabilidad y compruebe que los padres lo prepararon para la vida mejor de lo que creían. Un término medio es que los padres fijen un punto en que las decisiones les correspondan a ellos dejando un margen de libertad al adolescente para ensayar cosas y cometer errores.

            Respecto a la sexualidad es conveniente que los jóvenes ya estén informados por sus padres antes de la pubertad y que durante la adolescencia se pueda dialogar acerca de ansiedades, temores, dudas y la problemática que generan los enamoramientos.

 

 

El adolescente y sus pares:

 

            El adolescente se mueve alternativamente entre la cultura de los adultos y la de sus pares. Si bien existen adolescentes solitarios, en general, los caracteriza la búsqueda de grupos de pares que tienden a ser grupos homogéneos por los gustos e intereses comunes.

            En esta etapa tan particular de la vida los jóvenes tratan de estar cada vez menos en su hogar y si lo está lo pasa sumido en sus ocupaciones y para los que estudian la mayoría del tiempo diurno se pasa en la escuela compartiendo con pares no sólo tareas sino distracciones.

            El tema fundamental entre los grupos de pares es el de la búsqueda de reconocimiento, prestigio y de identidad en cuanto al grupo en sí. En general son selectivos en la elección de grupos y éstos se conforman por la orientación respecto del futuro, por nivel social, tipos de personalidad o la combinación de estos factores. Los grupos marginados suelen ser conformados por aquellos jóvenes que han sido rechazados por otros grupos.

            También los adolescentes tienen gran número de conocidos y de relaciones casuales ya que adquieren la habilidad de relación por intercambio de saludos que los afianzan en el sentimiento de popularidad con el que gozan. Otros jóvenes prefieren amistades más directas e individualizadas y es común que aún extendiendo el círculo al grupo de pares se mantenga un vínculo de amigo o amiga intima.

            Al fin, el adolescente se va volviendo independiente de las normas y valores del grupo de pares hasta alcanzar el mundo adulto pero estos les valen como apoyo en la concreción de su identidad.

 

 

 

El adolescente y la escuela:

 

 

            En el ámbito escolar los adolescentes acceden al mismo logrando la realización de una ceremonia de iniciación en esta etapa de su vida demarcada por el paso de la escolaridad primaria a la secundaria… pero no siempre el trabajo en clase responde a los intereses de los jóvenes quienes necesitan ayuda para planes que sean a la vez imaginativos y realistas.

            En general suele suceder que la educación media intenta suplir el déficit de la educación primaria y esta ha tratado, a su vez, de suplir las falencias familiares. A esto se agrega que muchos adolescentes no están preparados vocacionalmente para el estudio que encararon o sus niveles de conflictiva neurótica no les permite asimilar los nuevos conocimientos. En el marco de este sistema educativo si no se les brinda materia de interés o de significación para ellos les generará rebeldía o apatía. Está en el docente la posibilidad de expandir el espacio que brinda la convivencia con los jóvenes para proponer actividades de conjunto que sean creativas, convirtiéndolas en fuentes de información y asesoramiento personal. El joven necesita dirigirse a alguien que lo comprenda y le explique lo que le está sucediendo en términos de crecimiento psicofísico y social. Los docentes pueden colaborar en esta tarea y a la vez orientar para la búsqueda de consultas especializadas en caso de necesidad. Es necesario que el docente no caiga en la actitud de denuncia de desviaciones sociales del adolescente ni intente deplorar la situación de la generación joven por sentirla equivocada debido a sus propios prejuicios, ni a criticar a los padres sin conocimiento real de causa, sino que debería utilizar su rica energía en planificar acciones para ayudar a los alumnos a buscar otras salidas sociales más fructíferas utilizando las ideas y las energías de los alumnos en beneficio de ellos mismos y de la sociedad.

            Si docentes y alumnos pueden trabajar juntos para cumplir con un programa de estudios, con los contenidos curriculares, no es imposible que se consulten y respeten mutuamente acerca de otros temas que los haga sentirse contenidos, siendo una prometedora manera de evitar problemas.

 

 

 

Principales problemas de salud de los adolescentes:

 

Un reciente artículo publicado por expertos de la OMS resume los principales problemas de salud de los adolescentes. Y da pistas para enfrentarlos.

 

Salud mental

Muchos problemas de salud mental surgen al término de la infancia y principios de la adolescencia. El hecho de potenciar la sociabilidad, la capacidad para resolver problemas y la confianza en uno mismo ayuda a prevenir problemas de salud mental como los trastornos del comportamiento, la ansiedad, la depresión o los trastornos ligados a la comida, junto con otras conductas de riesgo como las ligadas a la vida sexual, el consumo de sustancias o las actitudes violentas. Los profesionales de la salud deben contar con las competencias necesarias para relacionarse con gente joven, detectar con prontitud problemas de salud mental y proponer tratamientos que incluyan asesoramiento, terapia congnitiva conductual y, cuando convenga, medicación psicotrópica.

Consumo de sustancias tóxicas

Además de las leyes que restringen la disponibilidad de sustancias ilícitas, tabaco y alcohol, las intervenciones para reducir la demanda de tales productos generan condiciones más propicias a un desarrollo saludable.

Para que los adolescentes estén menos predispuestos a consumir sustancias es eficaz informarlos de los peligros que ello entraña y capacitarlos para resistir a las presiones de los amigos y manejar el estrés de forma sana.

Violencia

Los programas de desarrollo social y preparación para la vida cotidiana dirigidos a niños y adolescentes son importantes para reducir los comportamientos violentos. También resulta eficaz prestar apoyo a padres y profesores para que enseñen a los jóvenes a resolver problemas y sepan imponer la disciplina sin recurrir a la violencia. Cuando de todos modos ésta aparece, las medidas para lograr que los sistemas de salud estén más atentos a la cuestión y que sus profesionales actúen con mayor empatía y competencia pueden ayudar a que los adolescentes que son objeto de violencia (comprendida la sexual) sean atendidos y tratados con eficacia a la par que delicadeza. Un continuo apoyo psicológico y social puede ayudar a esos adolescentes a desactivar los efectos psicológicos que a largo plazo engendra la violencia y reduce la probabilidad de que ellos, a su vez, la perpetúen en el futuro.

Traumatismos y accidentes

Para proteger la salud de los adolescentes es importante encontrar fórmulas para reducir las colisiones en las vías de tránsito y los graves traumatismos que provocan. Entre ellas figuran las siguientes:

* hacer cumplir las limitaciones de velocidad;

* combinar acciones pedagógicas con medidas legislativas para promover el uso del cinturón de seguridad (y el casco) y prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol u otras sustancias psicoactivas;

* proponer alternativas a la conducción, incrementando la disponibilidad y seguridad de medios de transporte público baratos.

Las medidas destinadas a generar un entorno más seguro y a enseñar a los niños y adolescentes a evitar caídas, quemaduras y ahogamientos pueden reducir las probabilidades de que se produzcan este tipo de accidentes. Cuando alguien resulta herido, el rápido acceso a una atención traumatológica eficaz puede salvarle la vida.

Nutrición

La malnutrición crónica en los primeros años de vida provoca frecuentes retrasos del crecimiento y afecta a la persona, tanto sanitaria como socialmente, durante toda su vida. Aunque la mejor prevención empieza en la niñez, la adopción de medidas para mejorar el acceso a los alimentos también sería beneficiosa para los adolescentes. La anemia es uno de los principales problemas de origen nutricional que afecta a las chicas.

Prevenir embarazos precoces y mejorar el estado de nutrición de las niñas antes de que queden embarazadas podría reducir la mortalidad materna e infantil y ayudar a romper el círculo vicioso de la malnutrición intergeneracional.

Ello requiere no sólo mejorar el acceso a alimentos nutritivos y a suplementos de micronutrientes, sino también, en muchos sitios, prevenir las infecciones. La adolescencia es un buen momento para adquirir hábitos saludables de alimentación y ejercicio, que pueden contribuir al bienestar físico y psicológico durante ese periodo, y para reducir la probabilidad de que en la edad adulta aparezcan enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición. Promover modos de vida sanos también es fundamental para atajar la rápida progresión de la epidemia de obesidad.

Salud sexual y reproductiva

Los programas para impartir a los adolescentes educación sobre salud sexual y reproductiva deben ir combinados con otros programas que los inciten a aplicar lo aprendido en su vida cotidiana, y también con medidas para que accedan fácilmente a cualquier servicio de salud preventiva o curativa que necesiten y sean atendidos por personal sanitario competente y comprensivo.

Para combatir la coacción sexual en la adolescencia hay que actuar a varios niveles. Conviene promulgar y aplicar enérgicamente leyes que castiguen con dureza estos delitos y movilizar a la opinión pública para que ejerza una intransigencia feroz ante semejantes actos. Conviene asimismo proteger a las niñas y mujeres del acoso y la coacción sexuales en establecimientos educativos, lugares de trabajo y otros escenarios de la vida en comunidad.

Prevención de embarazos no deseados

Para prevenir embarazos precoces puede ser necesario promulgar y hacer cumplir leyes que fijen una edad mínima para el matrimonio y tratar de mentalizar a familias y comunidades para que concedan a las niñas el tiempo necesario para crecer y desarrollarse, dejar atrás la niñez y llegar a ser mujeres antes de convertirse en esposas y madres. Junto con ello, los servicios de salud deben estar preparados para prestar la necesaria atención prenatal a las adolescentes embarazadas o practicar abortos en condiciones seguras cuando la ley lo permita. Prestar una atención eficaz durante el embarazo es importante para asegurar la supervivencia de la madre y el bebé y prevenir problemas como las fístulas.

VIH / Sida

El riesgo de que una persona joven resulte infectada por el VIH guarda estrecha relación con la edad de la iniciación sexual. Las medidas de prevención en la gente joven apuntan, entre otros objetivos básicos, a evitar el coito y a retrasar el inicio de la vida sexual activa.

En el caso de los jóvenes sexualmente activos, es fundamental que reduzcan el número de parejas sexuales y que tengan más facilidad para acceder y utilizar servicios integrados de prevención, lo que comprende tanto la educación como el suministro de preservativos. Los programas en la materia deberían servir también para prevenir otros comportamientos peligrosos para la salud, como el consumo de sustancias, y para intervenir rápidamente cuando se produzcan.

Los jóvenes deben tener a su disposición servicios accesibles y adecuados de detección del VIH. Los jóvenes con VIH necesitan servicios de tratamiento, atención, apoyo y prevención positiva. Es preciso recabar la participación de jóvenes con el VIH a la hora de planificar y prestar todo servicio relacionado con el VIH dirigido a la población joven.

 

 

 

Mejorar los vínculos con los adolescentes:

 

El decálogo que sigue a continuación trata de ser una aproximación a las actitudes que pueden ser más eficaces para mejorar relaciones  con los adolescentes:


1.- VALORAR EL APOYO SOCIAL
Muchos adultos tienen problemas comunes, el grupo de apoyo mutuo puede ser una buena herramienta. Los padres y madres, a veces los educadores, se resisten a admitir que tienen problemas con los jóvenes, esto dificulta el éxito de un  instrumento de eficacia probada. El apoyo social supone incidir sobre las distintas variables que condicionan la conducta: dedicar tiempo, estar presente, consejo, guía, empatía, disponibilidad, cariño, estima.
El grupo de apoyo mutuo debe ser visto como una herramienta central para compartir experiencias desde ópticas distintas y a la par comunes. Los educadores, psicopedagogos, trabajadores sociales, mediadores comunitarios y la propia iniciativa de los padres/ madres debieran ser capaces de estimular grupos concretos de encuentro y debate.
En esencia, un grupo de apoyo mutuo se forma por el interés de compartir problemáticas comunes. Teje lazos de amistad entre los participantes y permite relativizar sus propios problemas y a la par ensayar alternativas de conducta desde la experiencia colectiva. La idea es muy participativa, los profesionales se limitan al estímulo y a veces a la conducción del grupo siempre desde posiciones muy abiertas y de estricto soporte al proceso. No es imprescindible la presencia de profesionales para formar grupos de soporte mutuo.

2.- NUNCA DISCUTIR, SIEMPRE INFLUIR
No caer en espirales de ataque/defensa. Saber soportar niveles de agresividad verbal asumibles. Es muy fácil iniciar una escalada de conflicto a partir de cualquier cosa: una mala contestación del adolescente que se reprime verbalmente, esto genera una nueva situación de tensión (el adolescente a lo mejor quiere autoafirmarse), nueva actitud autoritaria que se castiga, etc. Esto no conduce muy lejos. En todo caso, conduce al deterioro de relaciones y a establecer un marco inadecuado de interacción en la familia o en una clase.
Los adultos debieran ser capaces de asumir que su autoridad está siendo puesta en cuestión y que eso no es forzosamente grave. Simplemente hay que ir estableciendo un nuevo marco de relación y una nueva forma menos impositiva de ejercer la autoridad. Esto no supone renunciar a ningún derecho por parte de los mayores, simplemente debe aprender a dar nuevo significado a lo que esta pasando (que acostumbra a ser menos importante de lo que nos creemos).
El miedo legítimo de los padres y adultos en general que tratan con adolescentes tiende a teñir de forma perjudicial estas situaciones que son normales pero que deben tener límites claramente fijados. La asertividad  es la capacidad de usar los derechos propios sin agresividad. Es una habilidad que sirve no sólo para estas situaciones, es útil para todo en la vida. Practicar la asertividad es una buena regla para estas situaciones. Controlar la propia emoción de ira y reorientar la discusión es oportuno. Hablar, no discutir y no dejar de influir nunca, es lo adecuado.

3.- CREAR UN ENTORNO DE AFECTIVIDAD Y AUTOESTIMA
La empatía, el reconocimiento y la paciencia son virtudes a aplicar mucho más efectivas que la represión, el castigo, la desesperación y las proyecciones personales.
Una proyección es un mecanismo de defensa nuestro que aplicamos a otro. Un hijo debe ser médico porque su padre lo es. O debe estudiar una carrera porque sino no triunfará. No sólo hay proyecciones profesionales, también modelamos actitudes y valores que deseamos ver en nuestros j+ovenes. No ser conscientes de eso es una fuente continua de frustraciones y las frustraciones producen agresividad.
Existe consenso en distintos autores respecto a que el castigo es menos efectivo que otras conductas humanas de refuerzo. Castigar es ejercer el poder en su forma más amenazadora y, esto sólo tiene efectos puntuales y a corto plazo. El castigo ataca a la autoestima que el niño está construyendo. Aprender cómo y cuando castigar adecuadamente, debería ser un objetivo común de todos los padres y docentes.
Mientras la empatía tiene que ver con la capacidad de compartir estados emocionales de los demás, el reconocer lo bien hecho acostumbra a ser un aspecto más olvidado. Tendemos más a críticar que a darnos cuenta del poder que tiene un elogio adecuado.

4.-  NEGOCIAR NUEVOS PACTOS Y MANTENERLOS
Establecer un nuevo “contrato” con los adolescentes, desarrollar nuevas habilidades de negociación y mediación en los padres y educadores funciona. Los límites establecidos deben ser mantenidos.
La negociación es una habilidad natural de las personas que se aprende y mejora. Es preciso tratar seriamente y comprender que pretende el adolescente y tener claro los objetivos de los padres y madres. La comunicación, con todas sus dificultades debe establecer ciertos pactos que marquen los límites de lo que es asumible por cada parte. Estos pactos contendrán desde el estado de la habitación del adolescente  al cumplimiento de otras obligaciones familiares. Aunque la flexibilidad es una virtud en todo. Es preciso pactar y hacer cumplir. La mediación (informal) es una negociación asistida muy útil para situaciones en que existen conflictos con los pares del adolescente


5.- LA ESCUCHA DEBE SER ACTIVA
Los adolescentes nos dicen muchas cosas de las que no nos enteramos. La percepción es selectiva. Los estereotipos y prejuicios dificultan la comprensión. Los silencios también hablan.
Como en la música, reiteramos que los silencios tambien hablan. No podemos dejar de comunicarnos. En español hay dos verbos  “oír” y “escuchar” y esto no es por casualidad. Debemos escuchar de forma muy implicada las inquietudes, desvelos, problemas de nuestros hijos o alumnos. Es conveniente no dar demasiados consejos. Los jóvenes deben aprender a descubrir por sí mismos aquellos que les conviene. Hablar poniendo a todos en el mismo saco: “tus amigas son un desastre”, “tu amigo parece el rey del piercing”, etc. no ayuda demasiado. Se es más persuasivo  si se escucha más, aunque parezca lo contrario.

6.- COMPRENDER PARA EDUCAR
Quienes tienen a cargo la formación de adolescentes deben conocer lo que se sabe hoy sobre agresividad, relaciones de poder, entrenamiento en resolución de conflictos, relaciones de sistema y educación emocional. Esto no sólo sirve para educar, sirve para  la vida en general.
El cambio tan profundo que está haciendo el mundo en el que vivimos, hace que muchas cosas nos resulten difíciles de asumir. Los recursos personales para afrontar conflictos que habíamos aprendido parecen haber entrado en crisis. Lo que antes funcionaba, ahora no funciona. Es el momento de abordar nuevas herramientas con una mentalidad enteramente nueva. Hoy se sabe bastante de agresividad, de emociones, de relaciones de poder, de conflictos y hemos de construirnos un nuevo bagaje adaptado a las nuevas situaciones que deben servirnos más allá de como mejorar la relación con quienes nos rodean. Hoy, el mundo exige nuevas formas de ver la realidad y las relaciones interpersonales.

7.- LA CULPA NO SIRVE PARA NADA
No es útil ni culparse ni culpar. Estamos ante asuntos complejos, normalmente intrincados e interactivos. Más que culpar sirve actuar en la dirección correcta.
La culpa es una imputación de responsabilidad. Si culpamos a alguien de algo debemos considerar que tenderá a defenderse. Además la culpa tiende a ser más multicausal de lo que nos creemos. La culpa dirigida hacia nosotros mismos es una agresión innecesaria que distorsiona el curso de la acción que deberemos tomar. Olvidemos la culpa, centrémonos en las soluciones. Se hace preciso comprender que, está estudiado en la psicologia social, que no todos atribuimos las culpas de la misma manera y que tendemos a autoengañarnos muy fácilmente.
Muchas veces culpamos en defensa propia. Seamos capaces más allá de la culpabilidad de ver horizontes de acción positiva frente a los problemas. No somos culpables, debemos ser responsables y eso obliga a actuar.

8.-  SABER MEJORAR LA COMUNICACIÓN
La comunicación es la base de interacción humana. Comprender sus mecanismos y potencialidades mejor ayuda mucho en la tarea de educar. Qué preguntar y cómo, cuando preguntar y que responder por ahí va el problema y su solución sirve para todo.
De la forma como formulamos las preguntas obtenemos determinado tipo de respuestas. La comunicación no verbal (el gesto, el tono de voz, etc.) son útiles de gran ayuda que hoy se estudian y se aprenden. Estamos en la sociedad de la información, pero no precisamente de la comunicación y menos de la comprensión.
Hay que valorar los espacios de comunicación y generar condiciones para que éstos se creen. Esto no es fácil en el entorno vital en el que el tiempo se considera un factor crítico. Comunicarse requiere tiempo, paciencia, observación, reflexión, uso de la palabra y el silencio. Sin embargo, este reto es imprescindible en orden a unas relaciones interpersonales sanas. La televisión, videojuegos, teléfonos móviles, etc., no ayudan demasiado a este proceso.

9.- GESTIONAR LA ORIENTACION PERSONAL ADECUADAMENTE
Hoy las necesidades de información compleja son múltiples y en cuanto a los jóvenes abarcan desde el sexo, la salud, las conductas de riesgo hasta la  orientación profesional. No todos los profesionales son adecuados, ni todas las metodologías. El panel de expertos cualificados es una buena alternativa en la que es preciso comprometerse la comunidad educativa. Anticiparse al futuro es la regla y saber asumir riesgos controlados, parte de la solución.
Un panel de expertos es un grupo de personas preseleccionadas entre sus conocimientos o habilidades y que son capaces de dar opinión cualificada en un asunto puntual. En general, los jóvenes tiene la información excesivamente dispersa (Internet no integra la información para el caso concreto). Muchos profesionales  (psicólogos, educadores, orientadores etc.) pueden no ser adecuados para una labor especializada como es el consejo personal. El panel permite efectuar la preselección de profesionales con garantías y conocimiento.
A los jóvenes hay que ponerles a disposición información pertinente y relevante para su futuro y la aceptarán si está pensada y planteada en su lenguaje, en su contexto y a través de los medios que les ofrecen credibilidad. En pocos momentos esto es tan importante como en la adolescencia.

10.- TODA SOLUCIÓN CREA NUEVOS PROBLEMAS
Igual que el mail genera spam o correo no deseado o los medicamentos tienen efectos secundarios, las soluciones tienden a crear nuevos tipos de problemas. El análisis coste/ beneficio es eficaz en muchas ocasiones. No existe la solución perfecta.
Cada solución, genera su problema. No obstante, así ha avanzado el mundo. Es preciso ir más allá de las panaceas. Más allá de soluciones mágicas y de cosas que sirven para todo. Errar es humano, pero no debiéramos hacerlo cada día. La exploración de nuevas respuestas es la actitud adecuada, junto a la ponderación de costes y beneficios.
No hacer nada muchas veces tiene también un alto coste. En otras ocasiones las cosas tienden a recomponerse por sí mismas. Sin embargo, la prudencia aconseja adoptar decisiones reflexionadas y con información adecuada.

 

*Adriana Isabel Lettieri es profesora argentina para la Enseñanza Primaria con intensificación en Psicolpedagogía con especialización en diversas áreas de Educación y actualmente es Directora de la Escuela No. 20 Distrito Escolar 11 – Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.  

 
Fuentes consultadas:

Braconnier, A. (2001) Guía del adolescente. Editorial síntesis
Goleman, D. (1996) La inteligencia emocional. Editorial Kairós
Morin. E. (2001) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Ed. Paidós.
Redorta, J. (2005) El poder y sus conflictos. Editorial Paidós
Rogers, C.R. (2000) El proceso de convertirse en persona. Editorial Paidós

 

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