27 de junio de 2014
- La Historia Jamás Contada -
La despenalización de la marihuana es un reclamo social desde hace más de cuatro décadas, cuando su persecución alcanzó el rango de cruzada nacional… en Estados Unidos, las políticas de cuyo Gobierno, por desatinadas o absurdas que resulten para los norteamericanos –o mexicanos-, imita servilmente el de aquí. En México, aparte de su uso en la Medicina tradicional, la empleaban “recreativamente” –así se dice ahora- cargadores, choferes, soldados, pandilleros, presos, monjes… y artistas, todos hombres que pasaban largos periodos en soledad. (También la usaban mujeres en parecidas circunstancias –recuérdese la canción “La Cucaracha”, de tiempos de la Revolución-, aunque en menor proporción.)
Fue en la década de los 60, con el surgimiento de una contracultura –manera de vivir contraria a lo establecido- juvenil, que la marihuana pasó a la clase media, adoptándola no sólo estudiantes y hippies, sino también académicos y profesionistas jóvenes, convirtiéndose en la droga de moda. (La “onda” en esa época era básicamente contemplativa y la “yerba” la propiciaba. Se dice que la famosa “pipa de la paz” de los nativos norteamericanos, la contenía entre sus ingredientes para apaciguar a individuos de suyo belicosos y que pudieran parlamentar.)
Ahora, ante la inminente posibilidad de su liberalización, es crucial considerar junto al aspecto médico y farmacológico, también el sociológico y, sobre todo, el histórico-cultural. (La Historia Cultural es una venerable disciplina académica que no se desarrolló en México por haber estado las Ciencias Humanas –como la Antropología- dedicadas a legitimar el régimen clerical-priísta, buscando el “espíritu de lo mexicano” ya sea en lo profundo de la tierra –Arqueología oficial- o lo recóndito de la sierra o la selva, entre los “inditos” –catolizados, desde luego- y sus usos y costumbres –Etnografía indigenista-, descuidando el seguimiento y documentación de lo que sucedía en el País real, especialmente las ciudades.)
Es una manera realista de plantearse el problema de las consecuencias sociales objetivas del posible libre tráfico y uso de la marihuana, que serían indudablemente distintas en un medio de gente tranquila, intelectual, introspectiva –incluso contemplativa, como los monjes- que entre sujetos baladrones, abusivos y violentos, como pandilleros y delincuentes en general. Constituiría también el punto de partida lógico para una reglamentación adecuada y no hecha sobre los pupitres como se acostumbra en los Congresos.
La legalización de la hierba no traerá por sí misma la tranquilidad al País, aunque si aflojará la presa que el hampa mantiene sobre los consumidores de clase media que recurren a ella para proveerse, resultando además criminalizados de facto al entrar en sus redes, aparte de serlo formalmente por la Policía para extorsionarlos.
Hay mucho aún por hacer en este campo específico de la etnografía aplicada, siendo mejor empezar ahora mismo para tener cuando menos una primera idea de qué “onda” con la marihuana en la sociedad.
Fernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.Facebook Social Comments








