5 de abril de 2013
Después de las elecciones poblanas de 2010, en las cuales la estrategia del PRI, su utilización de la ley, aprovechar el alto costo de las campañas, y más con el fin de ganar elecciones, ser partido predominante y detener al PAN, llegó a su fin a través de la utilización de mismos instrumentos pero en manos diferentes – las de la coalición Compromiso por Puebla-, quedando derrotado el PRI en la gubernatura poro con resultados apretados en las elecciones de ayuntamientos y de diputados.
En la elección de gobernador la coalición Puebla Avanza que conformó el PRI/PVEM alcanzó 883,285 sufragios frente a 1´111,318 de la coalición Compromiso por Puebla, donde Rafael Moreno Valle ganó diecinueve distritos de un total de veintiséis, pero en el caso de las elecciones a diputados el panorama fue diferente: Puebla Avanza tuvo 895,077 sufragios frente a 982,483 de Compromiso por Puebla, una diferencia de cien mil votos, así el ejerció político de construir un escenario de elecciones bipartidistas dio resultados para quitarle al PRI el poder político. Los tricolores con estos datos y su regreso a los Pinos, les provoca cierta emacionalización triunfalista, aunque objetivamente miran un panorama pesimista y no es casual tres años después se ha reformado la ley electoral y sobre todo se han desaparecido distritos sobrevaluados electoralmente que beneficiaban al PRI.
Una reforma electoral como en la era del PRI a modo para el tetra-gobierno coalicionista y alternativo, que no tocó los escandalosos costos de campaña; que permitió la coalición de partidos estatales nuevos; que reivindicó la figura de la candidatura común; que inclusive se le ha acusado de la intromisión en el nombramiento de los integrantes de los organismos electorales; y lo más interesante, la conformación de un partido estatal “Compromiso por Puebla” amparado en el triunfalismo de la coalición que ha venido sirviendo de recipiente para integrar a los panistas de dudosa militancia, asimismo, ha servido para vaciar al partido Movimiento Ciudadano; forman entre otros ingredientes, las nuevas condiciones para que en el estado de Puebla, el tetra-gobierno salga triunfante.
Por supuesto que no se tiene el mismo panorama en los estados de Oaxaca y Sinaloa, en donde también en el año 2010 ganaron coaliciones opositoras al PRI, pero ahí no se ha producido un constructivismo institucional y político para quedarse con el poder como se ha creado en Puebla. Y sobre todo que se ha preparado no solo para mantener el poder político, sino para disminuir al PRI, como quedó demostrado con los resultados diferenciados por partido político en las elecciones federales del año 2012. Por supuesto los resultados en Oaxaca y Sinaloa nada tienen que ver con el ejercicio poblano en donde si se suman los votos de los cuatro partidos que llevaron al poder al gobernador se destaca un crecimiento de un cuarto de millón de votos sobre la alianza PRI/PVEM.
Al tetra-gobierno de alternancia poblano, le queda muy claro que el PRI sigue siendo el partido político de mayor peso, por ello en la construcción de la coalición “Puebla Unida”, todos los negociadores tuvieron que ceder a sus emociones de grandeza y aceptar la plana realidad política nacional y estatal, de que ningún partido político por sí solo le ganaría al PRI. Por el lado del partido en el gobierno federal, se ha mantenido la alianza con el PVEM, en la coalición “Mover a Puebla”. Como sucedió en el año 2010, aun antes del inicio de las campañas electorales, es claro el peso y poder de Puebla Unida. Por lo tanto “Mover a Puebla” está encajonada a hacer el mejor de sus esfuerzos, los partidos PT& y MC que van solos, no tienen la menor oportunidad de pulverizar votos, más bien lucharán por alcanzar el 2% para mantener privilegios. Como se ve en Puebla se construye una nueva forma de disputar el poder que provoca obligada atención.

Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.








