La violencia como propaganda política
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15 de junio de 2012

El presente proceso electoral está en su recta final, caracterizado como una elección dentro de un contexto de guerra como hacía tiempo no sucedía; de tal suerte que el colectivo social hoy día al mismo tiempo recibe noticias de la incesante ola de muertos que deja el crimen organizado, y por si no fuera suficiente esto, están los asesinatos políticos dentro de la lucha electoral, además de lo que después de Tepeaca, parece como el uso o publicación de la violencia como “campaña política”, actitud muy irresponsable de la coalición compromiso por México, mostrando de esa manera el rostro escondido del autoritarismo.


La primera utilización de la violencia como campaña, se pudo apreciar como noticia en los acontecimientos protagonizados por estudiantes en la UIA, desde ese momento personajes como el candidato presidencial del PANAL, inmediatamente condenó la agresión; empero no se le dio mayor dimensión, ya que la respuesta fue la transformación de este incidente  en recurso positivo para el candidato presidencial tricolor, que ha devenido en su utilización descarada y hasta abusiva para producir un martirologio en beneficio de Peña Nieto. A partir de que la sociedad rechazó la agresión en la UIA, todas las agresiones en contra de Enrique Peña se le adjudican al movimiento 132, a sus diferentes rostros simpatizantes o de plano a las izquierdas mexicanas.


El caso mejor organizado de la violencia como campaña política  fue el expuesto mediáticamente en el evento protagonizado por algunos jóvenes “antipeña” en la ciudad de Querétaro. Ahí el candidato presidencial del PRI/PVEM, inició un llamado a sus huestes seguidoras de “no caer en la provocación, evitar las confrontación”, destacando la imagen inimaginable de un priísta ortodoxo reconvertido en un moderno político demócrata. Ahí apareció la imagen guardada de aquel Salinas de 1988, remarcando su “política moderna”. Los medios nos mostraron una noticia que presentaba dos rostros: el del demócrata tolerante frente a una minoría irracional, escenificada en un pequeño grupo de jóvenes violentos, desesperados, mostrando su antipeñismo, golpeando un vehículo de utilería, mientras el candidato presidencial tricolor, así como la audiencia que había asistido al mitin de campaña salían por accesos diferentes a los rijosos. El discurso encontraba sustancia política valiosa, los antipeñanieto son pocos, son intolerantes, son violentos. El demócrata resiste la presión, resiste el reclamo, tolera y no guarda la espada autoritaria que se había empezado a mostrar en la indagación de los 121 estudiantes de la Ibero.


La tolerancia, la libre manifestación de las ideas, el derecho político a protestar y a disentir, enarbolados por un candidato presidencial, encontró en la sistematización de la agresión, de la violencia electoral, el mejor recurso para construir con arena la imagen o el ídolo de un demócrata moderno, de un demócrata tolerante, que esconda en ese ejercicio el verdadero rostro de autoritarismo. Por eso, no ha sido casualidad el tono que tomó la violencia y agresiones contra Peña Nieto, se convirtieron en el acompañamiento de la campaña presidencial y se muestre o se construye lo mismo en Zacatecas, que en Baja California, también en Zacatecas, y preferentemente en Oaxaca como también en Veracruz y en todo aquel escenario que sea necesario, faltaba más. Y ya encaminados y adjudicadas las agresiones al movimiento 132, o a los movimientos orquestados desde las izquierdas añejas, vemos repetir la constante de deslindes.


Pero el cinismo de esta estrategia de campaña electoral nada democrática, lo tuvimos en Tepeaca Puebla el pasado 12 de junio, que de forma burda, torpe, el peñanietismo puso al descubierto su verdadero rostro autoritario. Porque ahí quedó evidenciado el montaje de los actos de violencia desde dentro del tricolor, solamente para hacer que el discurso de la tolerancia pegue, impacte y logre sus objetivos políticos de mostrar un rostro maquillado del viejo PRI. Organizar protestas de utilería para  vender a la ciudadanía la idea de que el candidato presidencial tiene mentalidad política nueva, la mentalidad  de un auténtico demócrata que oculte la sangre autoritaria.


Lo interesante fue adjudicar el incidente a Germán Valencia, como actor de la agresión, Germán es un actor político muy hábil, pero no es “tontejo”. Lo de Tepeaca  además buscó cubrir el verdadero problema: “un mitin mediocre –dicen que diez mil asistentes, cuando fue evento regional no distrital y daba como para un asistencia de treinta mil-, la causa: haber fijado un día no apropiado para acarreo, ya que fue día de tianguis en Acatzingo, tierra del coordinador estatal de la campaña presidencial. Ante este grave problema operativo, lo más fácil fue fácil hacer de la violencia la nota principal, y seguir fortaleciendo el nuevo discurso de la tolerancia, y el nuevo demócrata. Ejercicio muy lamentable sobre todo  porque Germán Valencia, en sus propiedades tiene al mismo tiempo propaganda de Morena, como del candidato a diputado del PRI.


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*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.