Puebla, la recomposición de la elite ganadora del PRI
Minuto a Minuto

 23 de febrero de 2012
 La nueva dirigencia estatal del PRI en la entidad poblana, parece que ha regresado a cerrar la heridas que dejó su división en sexenio anterior, en donde gobernaba una elite en plena descomposición que fue castigada con la pérdida del poder –la gubernatura-;  y  esta derrota a diferencia de la alternancia foxista, la poblana se convirtió a un año después en un ejercicio de persecución  con riesgos de exterminio. Fenómeno que dentro de las elecciones presidenciales en la coyuntura de la guerra en contra del crimen organizado, y con amplias posibilidades de regresar a los Pinos, el PRI nacional ha operado un ejercicio de reconciliación sui géneris, en donde el pragmatismo se ha impuesto.


Primero se hizo una mención kafkiana, que desde el ejecutivo estatal  se impulsaban las precandidaturas de todos los aspirantes a puestos de elección popular, de todos los partidos políticos.  Este fenómeno aunque se sigue afirmando por Bartlett y Cantorán, no se mira coherente. Lo que sí resalta es el cambio de estafeta de la dirigencia tricolor que pasó del marinismo al melquiadismo; y que en ese cambio se valoró la posición incólume del senador Morales Flores, de su priísmo bajo ninguna sospecha. Víctor Díaz Palacios, René Lechuga Fosado, Jesús Morales, llevan la responsabilidad de buscar triunfos electorales inobjetables.


Kafkiano también resulta el generador del “juicio” obra de Kafka, en donde metafóricamente un grupo de priístas encabezados por el ex gobernador Manuel Bartlett, salen huyendo del PRI, juegan con nombres y amenazas, para que al final del cuentas, y de haber iniciado procesos para ser tomados en consideración por las izquierdas unidas, resultaron grandes ganadores como precandidatos a diputados por los cuatro distritos de la capital y si no cambian las cosas también  alcanzaron candidatura en el distrito de Atlixco . Mientras que al marinismo-zavalismo también le ha tocado su distribución de responsabilidades en el ánimo del PRI para retornar a Los Pinos con la ayuda del voto duro poblano, con distritos sui géneris como: Tehuacán, Izúcar; Ajalpan, Texmelucan entre otros; amén de que otro de los suyos coordine la campaña presidencial.


Así el PRI viejo que surgió después de la crisis política poblana de principios de los setenta, más el nuevo PRI que nació con el gobernador Bartlett y se consolidó y cayó con el marinismo, está de nuevo completamente de pie con tambores de guerra pasando por encima de quien no los comprenda y no valore la urgencia de recomponer el poder político poblano. A diferencia de lo que hoy afirma el ex senador Bartlett, que los priistas transformados en panalistas es obra del ejecutivo estatal; resulta ficta, los panalistas fueron el brazo operador del PRI como SNTE. Ahora bien, a lo que Bartlett se referirá será al hecho de que algunos por ahí están anotados en una precandidatura, quizá a cambio de no haber sido tocados bajo ninguna circunstancia en supuestos actos de corrupción a su paso en la administración marinista. La pregunta crucial hoy es otra, ¿la alternancia ha creado una elite de poder capaz de enfrentar a la reorganización elitista del PTRI?, la respuesta es sencilla ¡no! Y eso será un factor en las elecciones que vienen.


raymundo_garcia_garcia_3

 

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.