De reformas electorales
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Raymundo García García*

 

Mientras en Puebla, algunos medios de comunicación hacen un intento desesperado por tratar de llamar la atención buscando influir en la futura agenda legislativa del Congreso local, con un tema por demás barroco de una particular reforma electoral; en el ámbito nacional, se abre desde los centros académicos, un análisis de los logros de la reforma electoral 2007/2008, así como la viabilidad y escenarios de otra reforma electoral federal para que en su caso pudiera estar publicada el próximo 4 de julio del año 2011.



El gobierno alternativo que los poblanos se han adjudicado en las pasadas elecciones, como jamás había sucedido, estará íntimamente relacionado con el pulso de la política nacional, me atrevo a pensar, que estará muy atento a todas sus señales, movimientos y rumbos; particularmente en materia de legislación política electoral, pero para tomar ese asidero. Primero, una reforma electoral poblana deberá poner al día, todas y cada una de las instituciones electorales que el PRI ha mantenido en la obsolescencia porque así convino a sus intereses; segundo,  para la trascendencia del gobierno alternativo, la reforma electoral poblana deberá ser parte de una auténtica reforma del Estado de Puebla; y tercero, la reforma del Estado y su variante, la reforma electoral local; deberá enarbolar los temas sustanciales de la reforma electoral federal 2007/2008 que dejó en la basura la reforma electoral poblana 2009 y si se da la reforma federal 2011, hacerla centro de debate de los poblanos. El tema de una mini o maxi gubernatura  se convierte en pecata minuta.

Reelección de legisladores y ayuntamientos, introducción de la segunda vuelta en elecciones presidenciales, están resultando propuestas de poca monta, frente al reconocimiento del fracaso sociológico de la reforma electoral 2007/2008, adjudicado a la falta  de decisión de la autoridad electoral de tomar decisiones sancionadoras –le tembló la mano aplicar la ley frente a medios de comunicación masiva y a partidos políticos-: las juanitas y juanitos violentando la lucha por la equidad de género; el uso de tiempos de Estado para propaganda electoral violentado por los infocomerciales, pago de entrevistas, despliegue de imagen de políticos y familiares en medios de comunicación masiva burlando el anhelo de equidad en la competencia; autoridades amparadas en el ejercicio de sus derecho natural y humano de apoyar a un candidato en tiempo no laborable, o introduciendo recursos de manera soterrada de gobiernos de todos los colores partidistas, golpean y golpearon a los principales objetivos de la reforma electoral 2007/2008, calificada como nacida en la orfandad.

La detención abrupta de la cerrar neoliberal en el ejercicio de la contratación de tiempo pata campañas, por la perversa tentación estatalista del control totalitario, simple y sencillamente provocaron la reacción de los grupos poderosos de los medios de comunicación, y los legisladores reformadores al guardar silencio ante la amenaza de sus carreras políticas, no defendieron la reforma y las autoridades electorales se apanicaron y al reforma se colapsó. Mientras en la realidad se ponen en duda el papel de mayor fiscalización a partidos políticos, cuando todo mundo sabe que es muy costoso el acceso al poder, donde los topes de campaña sólo sirven para el arranque de campañas. 

El camino de de reformismo político electoral mexicano iniciado desde el proceso de su federalización allá en 1946, y puesto de manifiesto en las grandes reformas de 1977, 1987 y 1996, en el año 2007, simplemente se truncó y el caso del hoy diputado perredista Godoy, es la mejor expresión de la pérdida de la autorregulación y pérdida de sentido reformista.  Todos los actores políticos –los partidos- saben que sus adversarios violan la ley es más compiten en encontrar las mejores formas para que formalmente no sea vulnerado el derecho electoral y dar rienda suelta a elecciones competitivas dentro de un escenario real de libre mercado político, al que obligadamente le hace falta la libertad de contratar espacios en medios de comunicación; una auténtica reforma electoral deberá de revalorar la visión estatalaria del uso de medios, ya que en la realidad tal control fue soberanamente pisoteado y convertido en una disposición legal ineficaz. Reforma electoral federal pero con una visión liberal de la competencia, con compra de espacios para u mayor controla los partidos políticos.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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