LOS ENTUERTOS DE UNA CANDIDATURA
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Raymundo García García*

En los preparativos para la competencia electoral por el gobierno del estado de Puebla en México,  se ha venido construyendo un camino en dos vías:

dentro del PRI la reproducción más atrasada de su vertiente autoritaria, reducida a la cerrazón de un burbuja que cada día da muestras de una explosión crítica, provocada por la exclusión y si es posible eliminación política del adversario; mientras que por el otro lado se viene abriendo un camino nada fácil donde actores de la sociedad civil, están impulsando la contracción de  un gran frente social encaminado a construir un gobierno de alternancia, que tenga como objetivo producir una importante reforma del estado poblano, a través de la construcción de un urgente cambio institucional, que sea capaz de permitir la cimentación de normas legales que lleven a Puebla a un estadio de mejor desarrollo social, humano, político y económico.

En el PRI, partido en el gobierno estatal; de manera sui generis se apostó por la reproducción más atrasada de la línea sucesoria, en el nombramiento del candidato a gobernador de dicho partido político –la del autoritarismo y la exclusión-. Partido en donde curiosamente el actor salvador del proceso, que representaría el rostro modernizador, ha sido el más cuestionado, el más descalificado, el más denostado, para que no sea candidato –Enrique Doger-.

El plus del ex rector, ex presidente municipal de la ciudad de Puebla, radica en formar parte de la élite modernizadora dentro un partido viejo y con prácticas añejas. Pero también apuntalan ese plus político, sus amplias relaciones de tipo nacional e internacional, que desde hace varios años ha venido construyendo de forma exitosa, inclusive dejándose utilizar políticamente por sus momentáneamente contrincantes internos en su partido, cuando así convino a los intereses de ambos grupos: el dogerista y el marinista.

 

Pero quizá el mayor capital político del ex presidente municipal, está en su tenacidad de enfrentarse a un aparato de Estado, en su lucha por coronarse candidato a gobernador, haciendo caso omiso a las múltiples voces que infinidad de veces lo ha dado por aniquilado en el camino.

De momento está a debate mediático los requisitos para la inscripción como precandidato a gobernador, se cuestiona en particular la falta de una militancia de 10 años, y de paso el cargo de dirigente partidista. Rápido se olvida que Doger buscó ser candidato a diputado federal tricolor por el distrito federal cuatro, allá en el año 2003 y fue precandidato a gobernador en el mismo año, y por supuesto que no lo hizo en calidad de miembro de la sociedad civil, sino porque cumplía con los requisitos partidista; además, se olvida que haciendo caso omiso de la legislación universitaria, durante la dirigencia estatal de Moisés Carrasco, el entonces rector fue nombrado consejero estatal del PRI, y después del entuerto legal y de las graves consecuencias que produciría en la conducción de la BUAP, se medio corrigió  el entuerto.

Doger como político moderno que es, está apostado por la democratización, legalización y legitimación de un proceso electoral interno, que sabe la sociedad lo exige y el estado mexicano lo necesita de forma urgente. De ahí, que con su tenacidad, este político de nuevo cuño, primero pospuso la emisión de la convocatoria en su partido, se inscribirá en la disputa por la nominación de la candidatura y por esto, hoy día, se convierte en el actor más importante de una lucha que Puebla libra en el camino por su democratización.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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