Mozart
Minuto a Minuto

 

 

5 de diciembre de 2011

El 20 de Julio de 1782 Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) le escribió una carta a su padre en la que le mencionaba una extraordinaria y difícil tarea: transcribir una de sus óperas para que se ejecutara por instrumentos de viento, de modo que fuese tocada por una banda, teniendo como límite una semana, además de tener como encargo componer una sinfonía. En un estado de angustia, planteaba el reto de arreglar una obra para orquesta y sin perder el sentido original, mantener el efecto sonoro del trabajo ya escrito en una forma realmente soberbia.


De aquí surgiría lo que ahora se conoce como “rarezas y sorpresas”, que constituyen unos de los repertorios que menos se escuchan (y se conocen) de este autor.


mozartLas razones por las que menciono este suceso poco divulgado en la vida de Mozart, obedecen a que es muy difícil abordar algo interesante que no implique el conocido aspecto que llega incluso hasta la ridiculez, de un niño prodigioso y angelical, que contrasta con una personalidad transgresora, desobediente, indisciplinada y vulgar.


Por otro lado, se ha descrito a su esposa como una mujer simple, de pocos alcances intelectuales, mediocre y pequeño burguesa llamada Constanze, que ha sido bastante maltratada por la historia, sin tomar en cuenta que fue ella, quien estuvo nada más casada con uno de los más grandes genios que ha tenido la humanidad.


Siempre será difícil describir qué sucedió con esta pareja a tantos años de distancia. Lo cierto es que en 1791, año de su fallecimiento, apenas con 35 años de edad, Mozart compuso su vigésimo concierto para piano en enero. Al mismo tiempo hizo numerosas entregas constituidas por “pequeños encargos” como obras para armónica de vidrio, danzas, contradanzas, melodías y piezas diversas para que en el mes de julio, esbozara su inmortal Requiem, aceptando al mismo tiempo la composición de su ópera La clemenza di Tito, que el músico de la corte Antonio Salieri (1750-1825) había despreciado. Prácticamente no tuvo tiempo de festejar el nacimiento de su hijo (Franz Xaver Wolfgang) pues al haber terminado después de dos meses agotadores esta ópera, terminó la partitura de La Flauta Mágica, que marcó un verdadero hito en el arte del canto pues hizo un planteamiento totalmente novedoso de teatro musical fantástico y fantasioso.


Sin el mínimo descanso, escribió también piezas espléndidas para su logia masónica mientras seguía trabajando en su Requiem. Hablamos entonces de casi treinta obras geniales, de las cuales al menos 5 eran de gran envergadura. Con este frenético trabajo, la esposa debió haber sufrido lo insufrible, además de tener qué enfrentar el rechazo de la familia política.


Al hablar de Mozart, siento la necesidad de reivindicar a Constanze, quien desde el inicio de su relación amorosa, debió aguantar que su futuro marido, se iba a refugiar en ella después de un fracaso sentimental con una hermana mayor (Aloysa Weber).


Los dos debieron amarse mucho pues no puede explicarse de otra manera la gran cantidad de vicisitudes que tuvieron qué enfrentar. Ya que era para Mozart determinante el consentimiento de su padre para casarse, trató de presentarla personalmente, circunstancia imposible por las tensiones emocionales de trabajos infinitos. Para atenuar la furia del papá después de la unión marital el 4 de agosto de 1782, compuso la Gran misa en do menor (KV 427) para estrenarla en Salzburgo con Constanze como primera soprano solista, lo que nos indica claramente que ella conocía a la perfección el genio de su esposo. Desgraciadamente este proyecto nunca pudo llevarse a cabo, lo que marcó definitivamente la desaprobación de ése matrimonio.


El drama continuó con el nacimiento de 6 hijos: Raimund Leopold (17 de junio de 1783-19 de agosto del mismo año), Karl Thomas Mozart (21 de septiembre de 1784-31 de octubre de 1858), Johann Thomas Leopold (18 de octubre de 1786-15 de noviembre de ese año), Theresia Constanzia Adelheid Friedericke Maria Anna (27 de diciembre de 1787-29 de junio de 1788), Anna María (25 de diciembre de 1789, fallecida poco después de su nacimiento) y Franz Xaver Wolfgang Mozart (26 de julio de 1791-29 de julio de 1844), de los cuales sólo dos sobrevivieron: Karl Thomas y Franz Xaver Wolfgang.


Tragedias, desdichas, desaventuras, infelicidades hacen de la obra de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart (su verdadero nombre), algo que sensibiliza profundamente. Inspiración literalmente mágica, melodiosa, inmortal y de una belleza indescriptible, me hacen decir, cuando me preguntan cuál de sus obras me parece la más hermosa, simplemente digo ¡todas! Por eso afirmo, como lo escribió alguna vez (en una carta fechada en abril de 1787) “Cada día agradezco esta felicidad y se la deseo a todos mis semejantes” y bajo cualquier circunstancia, me refugio en una, la que sea, de sus composiciones. Mozart es y seguirá siendo Mozart… por siempre.

(Imagen: Wikipedia)

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Jose_Gabriel_Avila-Rivera 

 

José Gabriel Ávila-Rivera es médico egresado de la BUAP, especialista en Epidemiología e investigador del Proyecto de Salud Ambiental y Humana, Departamento de Agentes Biológicos, Facultad de Medicina de la BUAP

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