Un mundo raro. Acuarela en tequila, y acordes de ranchera
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

alejandro tamariz campos.jpg

José Alfredo Jiménez, muere el 23 de noviembre de 1973, dejando constancia no solo de una melodía sencilla y lúdica, si no de una característica de algo que se llama identidad nacional, que no son, más que el conjunto de caracteres que definen el temperamento mexicano del siglo XX, postrevolucionario, y que son vigentes a la fecha.
 
jose alfredo jimenez acuarela.jpg

José Alfredo Jiménez, nace en Dolores Hidalgo, Guanajuato, el 19 de enero de 1926, y se traslada a los 8 años de edad a la Ciudad de México, y a los 14 años, empieza a componer sus primeras canciones.

Evidentemente sin formación musical, se dice que ni siquiera la guitarra sabía tocar, y siempre se vio obligado a buscar a profesionales para poner en papel pautado sus composiciones, entre ellos Rubén Fuentes, y como el decía, componía de a silbidito, y de a silbidito realizó una gran variedad de melodías exquisitas, y con su también limitada formación escolar, exquisitas poesías épicas, del pueblo, de su sentir, de su melodrama marcado en los años 50’s.

Por allá del año de 1948, canta por primera vez en la XEX, y más tarde en la XEW, emisoras radiofónicas de la época, acompañado del trío los rebeldes, cuyo principal guitarrista es el dueño del restaurante “La Sirena”, donde él trabajaba de mesero. Pero es hasta 1950., cuando graban su canción “Yo”, donde comienza su carrera y su fama de compositor en esa época de oro del cine mexicano.

Cantador de la derrota, de la tragedia, de la ablución en el alcohol del dolor que doliendo alivia, enmarcando la apoteosis de la cantina, el parnaso del fracaso, del despecho, de la frustración y del grito ahogado en tequila que hace catarsis y terapia, que exalta la caída, el sufrimiento, la pobreza, la mala suerte y demás peculiaridades del vencido, del herido de muerte, de la agonía.

José Alfredo Jiménez, representa la sabiduría del pueblo hecho folklor, cuando menos, por saberse de donde se duele, del mexicano desheredado, del mexicano de la orfandad, del mexicano que exalta la pobreza como un valor moral máximo, a la par de los melodramas del cine mexicano de los años 50’s, y a la par de otros compositores de la época, como Cuco Sánchez, Tomás Méndez, Rubén Fuentes, Tata Nacho, Manuel Esperón.

Yo sé bien que estoy afuera, pero si se atontan me meto, se me acabó la fuerza de mi mano izquierda, por eso te solté la rienda, y si te vas es porque yo quiero que te vayas, no cuando tu quieras, y yo quiero que te vayas por el mundo, y quiero que conozcas mucha gente, yo quiero que me compares hoy como siempre, para que al fin comprendas que el amor bonito lo tenias conmigo, y vas a extrañar mis besos en los propios brazos del que este contigo, porque aunque no tengo dinero, tengo mucho corazón, y cuantos millonarios quisieran vivir mi vida, y si nos dejan, buscamos un rincón cerca del cielo, y cuando te hablen de amor y de ilusiones, di que vienes de allá, de un mundo raro
.

Protagonista de la tragedia, del barrio, del arrabal, de la cantina, del bar, del cabaret, del quebranto, del machismo exacerbándola, del canto a la mujer que lleva la maldad consigo, de la perjura, de la traicionera, de la mancornadora, de la pérfida, del amor de la vida, José Alfredo Jiménez, hace alarde del sufrimiento, como para competir, para ver quién es más desgraciado, del conmiserado, del amor en la orfandad, del gusto por el drama, y obviamente de la revancha, “que bonita es la venganza, cuando Dios nos la concede”, del rito del delirio en el alcohol en las malas, “ando borracho, ando tomando, porque el destino cambio mi suerte”, o en la buenas, “por el día en que llegaste a mi vida, Paloma querida me puse a brindar”, en el drama de la tragedia extrema, “de mi mano sin fuerza se alzó mi copa sin darme cuenta, ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza”, del estado de abandono, “entre copa y copa se acaba mi vida, llorando borracho tu pérfido amor”, la embriaguez es el rito más de la derrota que del triunfo en el amor, como patología del dolor de este pueblo de poetas, la embriaguez es poesía épica, elegía, autobiografía y test sicológico, como aquella tradición de pueblos ágrafos, es memoria del sentir del mexicano, como la Iliada y la Odisea, como el Cantar de Mío Cid, o como la toma de Zacatecas por Pancho Villa, y José Alfredo Jiménez, sin proponérselo, es el imaginario de una memoria nacional.

Cantor, autor y protagonista de la tragedia y de la derrota, con tintes de esa memoria del colectivo, del populachero, del pueblo, y con aguas de agave, hago esta acuarela de José Alfredo Jiménez, en el aniversario de su muerte.

* Alejandro Tamariz Campos egresado de la Facultad de Derecho de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, combina la pasión por la pintura y las letras con el ejercicio profesional.
 
Más de la obra de Alejandro Tamariz Campos:

next
prev

Hay 1012 invitados y ningún miembro en línea