El ritual de bañarse en año nuevo
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El aseo es esencial para la paz y la tranquilidad, si tranquilo quiero estar, me debo bañar.

Anónimo

El final del año es un momento perfecto para hacer un balance de nuestros éxitos y fracasos y con la finalidad de que el próximo año sea mejor algunas personas basadas en sus creencias hacen uso de diferentes rituales que consideran los ayudarán a lograr sus objetivos y metas en los próximos doce meses.

Uno de estos rituales es el del baño ya que el estar limpio es un ejercicio de reflexión e introspección que, por un lado, nos sirve para quitar la suciedad adherida al cuerpo. Y, por otro lado, por el efecto estimulante que el baño y la ducha ejercen en la circulación lo que nos permitirá sentirnos de manera óptima para trabajar en alcanzar nuestros propósitos.

Pero el baño diario no ha sido visto como a lo que hoy estamos acostumbrados ya que en la antigüedad tuvo cierta animadversión. Tal vez nunca nos hemos preguntado cómo era el ritual del baño en la antigüedad. Los baños colectivos surgieron al parecer en la India, en la ciudad de Mohenjo-Daro hace 5,000 años. Eran recintos pavimentados cuyas bañeras o tinas contaban con desagüe y un pozo suministraba agua al baño principal y a los baños menores hechos de ladrillo cocido e impermeabilizados con una capa de betún.

También los babilonios practicaron el baño público en la desaparecida ciudad de Mari hace más de 4,000 años. Lo tomaban la familia real, la nobleza y también parte del pueblo, como un ritual de purificación.

El interés del mundo antiguo por el baño se relaciona también con la Medicina y la magia. Durante muchos siglos simbolizó el apego a las cosas del cuerpo. Mientras que por otra parte fue símbolo de purificación y tuvo carácter religioso: en Grecia se bañaba incluso a las estatuas de los dioses.

De este carácter sagrado, en algunos de los primeros pueblos antiguos derivó la costumbre de que la novia tomara un baño en una fuente especial para purificarse y conseguir la virtud fertilizadora del agua en vísperas de su enlace matrimonial. Ese mismo sentido tienen los baños lustrales en diversas religiones. Es decir, se bañaba a la novia antes del matrimonio y se lavaba al difunto antes de enterrarlo, cosa que todavía hace actualmente la religión judía.

Se recomendaba el baño para curar enfermedades del cuerpo y del alma, y era visto como remedio natural contra las depresiones, y contra la enfermedad en general: baños de

tierra, para combatir la tuberculosis; de hojas de abedul, contra el reumatismo y la hidropesía; baños de heno, o de saúco, contra el dolor de huesos y como remedio natural para las hemorroides baños de salvia. Y como norma higiénica se recomendaba lavar las manos, la cara y el cuello. Algunos pueblos como el judío hicieron del lavatorio de manos antes de la comida, y del baño en las mujeres tras el periodo menstrual, ley de obligado cumplimiento.

El baño también tenía vinculaciones con la Medicina: Eurípides (484 a.C.-406 a.C.), en su tragedia Ifigenia en Táuride, dice: “El mar lava y cura todos los males de los hombres”. Los griegos fueron los primeros en considerar que el baño y la natación ponían en forma el cuerpo humano. El naturalista e historiador Gayo Plinio Segundo (23-79), también conocido como Plinio el Viejo, curaba su asma en la bañera. Con la caída del Imperio Romano y la irrupción de los bárbaros prácticamente se abandonó el baño público y privado.

El baño caliente fue visto por la Iglesia como un peligro para la castidad, ocasión de pecado, excitador de los sentidos, y se llegó incluso a recelar del contacto con el agua. Clemente de Alejandría (150-215) sólo permitía el baño a las mujeres una vez al mes. San Agustín solo autorizaba a sus monjes un baño caliente al mes, y el baño de agua fría para dominar y apaciguar las pasiones.

Entre los personajes famosos por su aversión al baño, sobresalió a mediados del siglo XV Luis XI de Francia (1423-1483) apodado “el Prudente”. Se bañó una sola vez en su vida por prescripción del médico de la Corte. Así, los nobles de Versalles (Francia) se limitaban a mojarse la punta de los dedos con agua de rosas o unas gotas de zumo de naranja.

En cuanto a los baños de mar, es un fenómeno social que apenas tiene siglo y medio de antigüedad. Pronto se vio que era excelente terapia para las personas de edad. Esta convicción médica, acompañada de ciertos logros sociales hizo posible que se desplazaran grandes masas de gente a las orillas del mar. Se le concedió gran valor higiénico e incluso medicinal al agua salada.

Juzgue usted, amable lector.

 

Jorge A. Rodríguez y Morgado

Twitter @jarymorgado

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