Cien años de conservar… ¿qué?
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

09 de junio de 2017

Una tradición, pero no tanto musical como de ACTITUD hacia el Poder. Eso era, al menos durante mi estancia allí, hace 40 años, lo más conspicuo del lugar, más aún que la diligente práctica de los estudiantes dedicados, que siempre abundaron. (Como un amigo, Máximo, que alguna vez me preguntó por qué no avanzaba en violín si practicaba diariamente durante horas.)

Desconozco si la situación ha variado radicalmente desde entonces, aunque es poco probable, pues así, con sus inveteradas carencias y vicios, la Institución de marras resulta de lo más funcional para el Sistema.

 Me refiero, por supuesto, al Conservatorio de Música y –todavía en esa época- Declamación del Estado (de Puebla), que gozó de un inmerecido prestigio social como formador y promotor de músicos-artistas –no, no es redundancia-, como puede comprobarse a lo largo de su historia, pues aunque siempre hubo –y habrá- músicos sobresalientes que pasaron por sus aulas, lo fueron por su esfuerzo y el de sus maestros, los pocos que tenían al Arte por encima de sus deberes burocráticos, como el de adular a sus “superiores” (¿?).

El por qué de tan indeseable condición no es un misterio ni mucho menos: hace más de treinta años encontramos su explicación al aplicar un análisis materialista a los hechos, tomándolos tal como se daban, junto a sus relaciones, despojados del aura de trasnochado romanticismo que suele acompañar todo lo concerniente a las “bellas artes”.

¿Por qué, en lugar de salir concertistas, directores de orquesta o compositores, como prometía el Plan de Estudios entonces vigente, los egresados, desertores –la mayoría- y expulsados sólo legaban a engrosar las filas de los subempleados del ramo, cuando no a dedicarse a algo muy distinto de lo que habían cultivado durante los mejores años de su vida: la Música?

Pregunta dura pero fundamental, primero, para entender qué fue lo que pasó, pero también y no menos importante, esbozar OTROS caminos más eficaces para lograr esas metas, tanto para las nuevas generaciones de aspirantes a músicos, como para tranquilidad del espíritu de quienes, sin saber cómo, nunca vieron cumplidas sus aspiraciones artísticas en ese medio supuestamente óptimo.

A riesgo de sonar esquemático, lo que descubrimos fue que la situación particularmente desfavorable de los músicos académicos o de escuela, tiene su origen –matrix- en la forma misma de estar concebida ésta, como reflejo o función de la situación social (política, económica) del músico en la vida REAL, reproduciéndola ideológicamente en los estudiantes al adoctrinarlos de hecho en las escasez material, la obediencia –so pena de exclusión- y la resignación fatalista, remanente anacrónico y fuera de contexto de la idea romántica del “artista incomprendido”, de modo que los egresados –por cualquier vía- simplemente se adaptaban al medio, sin intentar comprenderlo y, mucho menos, TRANSFORMARLO.

¿Cómo lo conseguía? En principio, enajenando al recién llegado de sus intenciones, pues sin importar qué música específica quería hacer éste, le imponía un programa supuestamente universal abstracto que lo desubicaba, alejándolo cada vez más de cualquier realización práctica. Esto en TODOS los géneros, incluyendo el Clásico, desde luego.

Seguía la enseñanza en condiciones materiales deplorables, sin las mínimas instalaciones para hacer MÚSICA, precisamente: no existía nada remotamente parecido al aislamiento sonoro, a fin de evitar interferencias.

Algo tan importante como las presentaciones PÚBLICAS, se dejaba totalmente al azar, sin la menor consideración para el artista en ciernes ni sus invitados…

Y así se DEScuidaban sistemáticamente todos los detalles, prefigurando lo que encontraría ya como músico profesional al salir de la Escuela. Además, no faltaba el maestro que lo introducía en el subempleo en cuanto pudiera medio leer y tocar de corrido: ése era el verdadero objetivo y nivel de la enseñanza. Para el suficientemente terco como para terminar la Carrera, lo que lo esperaba era encontrar empleo como auxiliar de enseñanza elemental, por no decir coadyuvante en el adoctrinamiento de niños y adolescentes a través de coritos “patrióticos” y similares.

En fin, que lo realmente CONSERVADO era la estructura de Poder político imperante en la sociedad. ¿Y el Arte? Eso quedaba a cargo del propio estudiante, sin más.

 

Autor:  Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

 

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