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  EDUCACIÓN

Isabel Specia Cabrera* 

La educación en nuestro país ha sido históricamente uno de los factores determinantes en el desarrollo nacional. Al parecer esta frase sólo queda en eso, en una frase. Si recordamos que desde tiempos inmemorables los maestros han formado a millones de mexicanos, entre los que ahora se encuentran quienes detentan el poder, podríamos plantear una situación incomprensible, ¿cómo es que de 71,000 maestros que presentaron el examen de ingreso al servicio docente sólo 23,245 la acreditaran?, menos de la mitad.

 

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Es curioso si desde un punto de vista no tan estricto pensamos que muchos de nosotros, o de nuestros hijos pasaron o pasan por el aula en la que se encuentra un profesor que no acreditó el examen. Me viene a la mente una situación vivida en el primer año de educación primaria de mi hijo menor. Al revisar su libreta de tareas me encuentro con un ejercicio, escrito por su profesora, que decía: buscar en la “cosina” de mamá objetos que empiecen con “C”. La tarea me dejaba claro que el niño debía identificar dicha consonante y su sonido; pero su maestra no había entendido las reglas.

 

Escribí un breve mensaje en el que pedía a la maestra corregir su ortografía pues esto perjudicaría al grupo. La respuesta: nada. Y si pudiera haber grabado, filmado o escrito en algún lugar todos aquellos errores que a lo largo de la primaria encontré en sus profesores, tendría una gran lista de anécdotas.

 

Pero ese no es el tema. La importancia en el examen, no radica en quien acreditó y quien no, ni siquiera en si influye o no en el desempeño del profesor en el aula. Lo importante en este resultado, es saber ¿qué pasará en el futuro? ¿Habrá alguna modificación congruente en la selección del profesorado, o seguirán latentes los vicios del pasado? Lo importante o trascendente sería tomar una real conciencia de que no se trata de un examen para evaluar los conocimientos del profesor, se trata de buscar profesores comprometidos con la práctica docente, pero sobre todo, se trata de dignificar al sector educativo.

 

Otorgar a los docentes de todas las herramientas necesarias para su desempaño profesional, no limitaría su capacidad. Hace muchos años escuché a un suizo decir “si vivo bien no me distraigo en mi trabajo”. Cuántos y cuántos profesores se ven en la necesidad “económica” de atender grupos en más de una escuela, no puedo, ni en lo más remoto, imaginar cómo tratará a sus alumnos si desde ya su trabajo es “algo que debe hacer” para vivir.

 

Llegar al aula, debería ser una satisfacción, no una obligación; llegar al aula, debería ser un deleite, no un agobio, llegar al aula debería representar el reto de trabajar con seres humanos, que sienten, piensan, actúan, pero sobre todo, y lo más importante, aprenden.

 

La educación va más allá de un momento compartido en el salón de clase. Un profesor, para lograr serlo al cien por ciento, requiere de materiales adecuados que le permitan impartir su clase, un trato digno como formador de futuros profesionistas, capacitación constante profesional, no los simples cursos de intercambio de experiencias, y un salario que cubra sus necesidades básicas de forma decorosa: alimento, casa, vestido y recreación.

 

En el momento que el trabajo docente sea dignificado, los que requerimos de una institución educativa para la formación de nuestros hijos sabremos que se dedicarán a tomar clase, que no encontraremos las escuelas con las banderas roji-negras en señal de huelga, que los niños que ingresen a un plantel escolar serán tratados como niños, no como delincuentes o víctimas de abuso sexual.

 

Cualquier padre de familia podrá confiar en la institución pues ésta contará con profesores capacitados, satisfechos por ejercer una profesión ligada estrechamente al desarrollo del país.

 

No veamos si el profesor acreditó o no, no juzguemos tan a la ligera el desarrollo de una evaluación. No califiquemos la tarea del docente por medio de una serie de reactivos, que no siempre reflejan los conocimientos, lo mejor será ver la forma de otorgar al maestro el lugar que le corresponde en los ejes que mueven al país.

 

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal.

 

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