Thelvia nos obsequia
Minuto a Minuto

17 de enero de 2014
       
   “Yo soy una pregunta sin respuesta”, dijo la poetisa. Y agregó: “Aquí, ante el espejo, / siento deseos de extender la mano / y decir: mucho gusto en conocerla”.

   Imagínese usted. Si la mismísima Thelvia Marín  no ha concluido el inventario de sus paisajes interiores, ¿qué esperar de la exploración emprendida por nosotros, ínfimos mortales que ni siquiera hemos acariciado su epidermis en sueños?

thelvia con argelio   Mayúscula indagación es tal sondeo. ¿Hurgar en la escultora, quien en piedra grabó cánticos que andan por los 32 puntos de la rosa náutica? ¿En la combatiente clandestina, cuyo cuerpo aún cimbrea ante la mención de sus compañeros caídos en la lucha? ¿En la periodista, tan incisiva como esa mirada suya, capaz de taladrarnos hasta los tuétanos? (Y un largo etcétera).

   Baste decir que Thelvia nos acaba de entregar un cofre, no henchido de alhajas coruscantes, sino de palabras como balazos, aunque por los dominios de la ternura transite.*

   Allí, en versos tajantes como párrafos de filósofo, se transparenta el magisterio de Rafael García Bárcena. Si su maestro dijo “Eres en mí / toda una nada viva. / / Tú, inmensa, / estás clavada en mí, / sin mirada, / sin voz, / sin sonrisa, / ¡sin ti!”, la discípula, con la misma vocación de absolutidad sin retrocesos deja plasmado: “Ahí está el universo, / no es de nadie: / ¡llévatelo si puedes!”.

   Nació Thelvia allá por la cintura de la Isla, comarcas donde se asentaron abundantemente quienes los cubanos --contra toda lógica, pues también lo somos--  llamamos isleños.  Y la descendiente, en sus versos, no olvida a aquellos laboriosos y tozudos inmigrantes, llegados de las islas que los antiguos nombraron Afortunadas: “Canarias, hasta ti vuelo / en las alas del que adora / tu recia estirpe, y añora / el claro azul de tu cielo. / En mi ser, descorro el velo / de los que a Cuba emigraron: / mis abuelos, que entregaron / con el trabajo más duro / de sus manos, lo más puro / que de su amor, nos legaron”.

   Olvidé declarar que Thelvia nació aquejada de grave trastorno endocrino: de su poros no brota sudor, como en los demás, infelices de baja estirpe, sino puro estrógeno, extracto hormonal femenino. Con tal predisposición, ¿iba el amor a estar ausente de su poemario?

   No. Y ella fustiga allí sin misericordia a quienes piensan que tal sentimiento es incapaz de hacer noticia de primera plana. Por el libro anda y desanda ése, cuyas manos son “dos vestales gemelas / que encendieron / mi lámpara de amor”, al cual reta: “...prueba a matarme, / clavando en mi fetiche / los alfileres de tu adiós; / y olvida el nombre / con el que un día tu boca / me pronunció”.  Aunque, de todas maneras, quiera atesorar en la memoria a “todos los que han sentido amor / durante siglos”, los que han susurrado  “un «te quiero» mil veces repetido”.

   A modo de despedida, un obsequio, no mío sino de esa loca de la casa que llaman La Poesía:

              Es demasiado el número de ausencias
              para que mayo, abril o agosto
              quieran dejarme sin septiembres.
              De algún lugar lejano o próximo
              surge el fantasma que les roba
              las formas a mis células.
              No es un morir,
              diría:
              más bien será la noche
              que se quedó en suspenso.
              Hierve el cristal
              que habrá de ser la copa
              donde pueda quizá beber
              un adiós o el color de unos ojos.
 
*Thelvia Marín: Piel de sílabas. Antología poética (1957-2011).Ediciones Cubano-Canarias. La Habana, 2011.
 
Argelio Santiestiban (Banes, Cuba, 1945): Periodista, escritor, profesor.

Escribe para revistas, periódicos, radio y TV desde los años ´60.  Perteneció al staff en La Habana de la agencia noticiosa Reuters. Más tarde, al equipo de reportajes especiales de Bohemia, publicación decana de Cuba.  

Ha sido colaborador de todas las publicaciones nacionales de su país.

Estuvo entre los creadores de la TV Educativa en Cuba.

Correalizó un gran número de videodocumentales, exhibidos en el país y en canales extranjeros.

Es autor de varios libros, en su mayor parte  dedicados a la historia y el folklore de Cuba. Entre ellos: El habla popular cubana de hoy (tres ediciones: 1982, 85 y 97), Uno y el mismo (1994, estudio sobre folklore cubano comparado),  Picardía cubiche (1994, sobre el humor popular), Anécdotas de Cuba (1999), Cuando el pueblo jugó a ser Papá Dios (2011, sobre la toponimia cubana), etc.

   También se desempeñó en la divulgación científica, con los títulos Qué es la Química y Qué es el petróleo (Serie Cuadernos Populares, Instituto Cubano del Libro, 1969).

Entre otras distinciones periodísticas y literarias recibió, en su primera convocatoria, junto a Nicolás Guillén, Eliseo Diego y Tomás Gutiérrez Alea –entre otros--, el Premio Nacional de la Crítica, que concede el Ministerio de Cultura cubano.

 También ha sido premiado o mencionado en los concursos de Periodismo Científico Fernando Ortiz, de Humorismo Marcos Behemaras, Primero de Mayo de la Central de Trabajadores, Festival de la Radio, etc.

Ha elaborado guiones de multimedia y campañas publicitarias.

Ejerció la docencia durante una veintena de años, incluido un lustro impartiendo clases en la Prisión de La Habana.

Actualmente mantiene espacios fijos en revistas, publicaciones electrónicas y la radio.

Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.