magos reyes: una mala caricatura
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Una mala caricatura: los  magos reyes

Luis Fernando Paredes Porras

Lejos de la búsqueda de la felicidad infantil mediante los obsequios, los cuales pueden ser, en el mejor de los casos, estímulos reforzadores del buen comportamiento, los funcionarios y políticos que reparten juguetes entorno al 6 de enero, buscan otras cosas con mayor ánimo, que la felicidad de los niños a quienes terminan usando.

Estas prácticas lejanas a la esencia de la tradición de los reyes magos tratan de justificarlas desde la idea de que no  todos los niños son visitados por los personajes bíblicos, así que, hay que propiciar la felicidad en aquellos infantes que están privados de dicho goce y, ya encarrerado el funcionario y el político, tomarse fotos para pretender  justificar  uno, el cumplimiento de las obligaciones y el otro regodearse  en sus aspiraciones. En ambos casos terminan usando a los niños.

Si queremos hacer un bien a la niñez - no tan sólo los funcionarios públicos y políticos- ,  sugiero tomemos en cuenta que la creación de ciudadanía desde temprana edad implica la aplicación de estrategias donde se respete la inteligencia infantil; de ahí que todo funcionario público, comenzando en las escuelas con directores, maestros, administrativos, servicios de apoyo, presidentes de comités de padres de familia, pasando luego a al barrio o colonia con su presidente y así nos vamos recorriendo en las estructuras  que tienen el deber de funcionar para el bien público, pueden y deben hacer una directriz de sus actuar el cumplimiento de los derechos de la infancia y por consecuencia, la participación infantil. El político deberá entonces capacitarse para llevar a rango de ley, desde su sitio en turno, las prácticas que garanticen un estado respetuoso de los derechos de los niños.

Ya la UNICEF desde mediados de la última década del siglo pasado habla de ciudades amigas de los niños y no se trata de parques temáticos, sino de ciudades que favorezcan el desarrollo de la infancia, donde los parques y jardines son seguros, agradables y donde los políticos y funcionarios públicos toman en cuenta el sentir y pensar de los niños para diseñar políticas públicas. Si aquellos que juegan a repartir regalos el 6 de enero bajo la premisa de que eso hará felices a los niños tomaran en cuenta las obligaciones que tenemos todos para hacer realidad los derechos de la infancia, no se quedarían tan sólo que ese esfuerzo y buscarían, como prioridad, habilitar parques y jardines para que los niños jueguen, que es la mejor manera de hacer feliz a un niño.

De tal manera que el juego que los adultos muchas veces asumimos de mostrarnos protectores de la infancia es insuficiente frente a la realidad que viven nuestros niños desde sus derechos, de ahí la oportunidad de servirles a través de la gestión y aplicación de recursos destinados a que rescaten el placer de jugar en ambientes seguros.

Dice la iguana que a ella no le traen nada los Reyes Magos y que esa tradición no le gusta mucho por dos cosas, primero porque antes regalaban artefactos con los cuales les disparaban y, segundo,  porque actualmente quienes juegan a regalar juguetes buscan ser magos reyes, esos que, por arte de “magia” desparecen después las arcas repletas de recursos para vivir como “reyes” pasando a ser, una caricatura que no divierte a nadie y un mal ejemplo para nuestros niños.

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