LAS RELACIONES AFECTIVAS EN LA EDUCACIÓN, LA GRAN DIFERENCIA
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

Por: Azucena Bravo Zequeira*

 (nov 2007)

 

 “La verdadera educación consiste en sacar a la luz lo mejor de una persona”

 

 

Gandhi

 

 

 

“La letra con sangre entra”…. no hay afirmación más equivocada y cruel que ésta, sin embargo retrata una realidad que correspondió a un momento histórico de nuestra educación en México. Afortunadamente el enfoque en la educación ya es totalmente diferente y las relaciones afectivas juegan un papel preponderante, marcando la gran diferencia en los resultados de los aprendizajes y su repercusión de los mismos en la vida de los alumnos.

 

Es importante primero resaltar el significado del afecto: “hecho espiritual (no material) de difícil explicación que se manifiesta en nuestras emociones; todo acto (comportamiento) de ayuda, cuidado, etc. que contribuya a la supervivencia de otro ser vivo” (M.P. González, E. Barrull. Biopsychology). Igualmente importantes es la relevancia del afecto, ya que este es una necesidad primaria para el ser humano, sin exagerar, como lo es el oxígeno, ya que es imprescindible para la supervivencia de los seres humanos y no puede sustituirse.

 

El afecto está íntimamente ligado a las emociones y es algo que fluye entre las personas, algo que se da y se recibe, es algo esencial para la especie humana, en especial en la niñez y la enfermedad, sin embargo proporcionar afecto es algo que requiere esfuerzo y culturalmente estamos poco acostumbrados a demostrarlo; sobre todo en un escenario educativo, donde sólo vamos a enseñar, no a mostrar afecto, reconocer que lo que experimentamos como afecto son todos los actos (hechos, comportamientos) por los cuales una persona ayuda a otra, de la forma que sea, proporcionándole protección y conocimientos, resolviéndole problemas, apoyándole en los momentos difíciles, etc., de ser así, habremos dado un paso de gigante hacia la comprensión y el dominio de los fenómenos afectivos.

 

Por otro lado y contradiciendo la definición del autor de referencia, el afecto es un hecho físico, real y no espiritual y si somos capaces como docentes de ver esto, podemos ser capaces de hacer las relaciones afectivas una herramienta y un vínculo básico con nuestros alumnos.

 

Refiriéndonos a las perspectivas pedagógicas desde la pedagogía tradicional, pasando por la tecnología educativa, escuela nueva hasta la didáctica crítica, todas carecen o han carecido en mayor o menor medida de las relaciones afectivas.

 

 

 

“El alumno aprende mejor en una comunidad de aprendizaje atenta y bien integrada” (Jere Brophy, La Enseñanza). Un ambiente de aprendizaje propicio proporciona aprendizajes eficaces, teniendo en cuenta el cuidado y atención que involucra la relación maestro-alumno y alumno-alumno y trascienden las diferencias de género, cultura, religión status socioeconómico, discapacidad o cualquier otra diferencia individual. En estos contextos se pretende que los alumnos utilicen los materiales educativos con responsabilidad, participen activamente en las clases y contribuyan al bienestar personal, social y académico de todos los miembros del grupo en un ambiente afectivo propicio.

 

 

 

Con la finalidad de generar un clima que permita construir una verdadero ambiente de aprendizaje en la clase, los maestros deben desplegar los atributos personales que los conviertan en maestros con misión educativa y ejes de socialización, mostrando en primer lugar respeto, un ánimo alegre, una actitud amistosa, madurez emocional, sinceridad e interés por sus alumnos como personas con individualidad, virtudes, defectos y personalidad propia y como estudiantes. El profesor debe mostrar preocupación y afecto por los alumnos, estar atento a sus necesidades y a sus estados de ánimo y trabajar con ellos para que a su vez, muestren estas mismas características en la relación con sus compañeros y sus seres queridos.

 

 

 

El profesor debe crear dinámicas en los escenarios educativos, donde sus principales actores desarrollen los contenidos y aprendizajes esperados juntos, interactuando donde también se tome en cuenta su cultura familiar, para poder trasladar los aprendizajes de la escuela al hogar y el profesor pueda establecer relaciones cooperativas con los padres de familia y estimular la participación activa en el aprendizaje de sus hijos.

 

 

 

El profesor promueve una actitud de aprendizaje al proponer actividades y destacar lo que el alumno aprenderá de ellas, al tratar los errores como parte natural del proceso de aprendizaje y al alentar y motivar a los estudiantes a trabajar en equipo, ayudándose entre sí. También les enseña a hacer preguntas sin inhibirse, a hacer contribuciones sin temor a ridiculizar con base en el respeto de todos, y colaborar sin distinción de género y en grupos en todas las actividades de aprendizaje.

 

 

 

La motivación de este ensayo surgió del texto de “Educación, globalización y pobreza en América Latina” de José Rivero, en el apartado de las Insuficiencias de las reformas en materia de equidad, específicamente la que se refiere a “Maestros empobrecidos no preparados para trabajar con pobres”, y el cual se refiere a un estudio de la UNESCO que señala un descubrimiento muy importante en el sentido de que “el clima favorable para el aprendizaje en el aula, por sí solo, influye más en los aprendizajes que el efecto de todos los demás factores” y yo agregaría en un ambiente donde los valores y el afecto sean lo más importantes.

 

 

 

Existen testimonios, inclusive llevados a la pantalla sobre como los lazos de afecto entre el maestro y sus alumnos marcan la gran diferencia, tal es el caso de la cintas “La sociedad de los poetas muertos” del director Meter Weir, con Robin Williams, donde los métodos didácticos del profesor nos muestran una libertad de pensamiento, buscando hacer personas pensantes y donde la pasión y la poesía son sus principales medios de sensibilización y de estrecha relación afectiva con sus alumnos, y “Con ganas de triunfar” del director Ramón Menéndez con Edward James Olmos, donde nos muestra como un profesor es capaz de desarrollar el potencial de unos chicos en un mundo con cero de posibilidades a través del afecto, haciéndolos capaces de ganar un concurso de álgebra a nivel nacional.

 

 

 

Como conclusión, creo que una “revolución afectiva” sin importar el nivel educativo, significaría un avance gigantesco, tremendamente significativo para el futuro de la educación y para el futuro de los niños y jóvenes de nuestro país o del mundo, y es algo que no nos cuesta nada, pero representa la gran diferencia en muchos casos para continuar estudiando o abandonar los estudios, ya que desgraciadamente la desintegración familiar y la falta de valores en nuestra sociedad, hacen que para algunos niños el único afecto que puedan recibir sea el de sus profesores.

 

 

 

V. Azucena Bravo Zequeira (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es alumna de la Maestría en Formación Permanente en el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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