SOBRE LA LLEVADA Y TRAÍDA "EDUCACIÓN CON CALIDAD"
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En este sentido, sería necesario reflexionar en el ámbito en el que sucede la educación, actualmente se habla de educación formal e informal para señalar el contexto escolarizado o extra escolar en el que el fenómeno ocurre. Es importante reflexionar también respecto a dónde, cuándo y cómo nos educamos y educamos a la vez a quienes comparten con nosotros el tiempo y el espacio.

 

El ser humano inicia su educación desde que nace, incluso hay quienes afirman que desde el vientre materno, el desarrollo humano implica un continuo aprendizaje y éste ocurre en diversos ámbitos, no sólo en el escolar. ¿Entonces por qué nos referimos casi exclusivamente al ámbito escolarizado, cuando hay individuos que nunca han pisado una escuela y son seres humanos más “humanizados” que muchos que han invertido gran parte de su tiempo de vida en las aulas escolares.

 

Estamos preocupados y ocupados en los parámetros arbitrarios e importados que pretenden medir cuantitativamente la calidad educativa. ¿Nos interesan pues los números y las estadísticas o las personas, su desarrollo, capacidades y oportunidades?

 

Actualmente la importancia de la calidad se remite a los parámetros cuantitativos que son requisitos para conseguir los recursos humanos o materiales que se requieren en la educación escolarizada: escuelas, directivos, profesores, alumnos, libros, uniformes, bibliotecas, computadoras, bases de datos, enciclomedia, Internet… y un largo etcétera que se va acrecentando en la medida que la tecnología avanza y produce recursos útiles en el ámbito educativo.

 

Es primordial preguntarnos al respecto si la tecnología está al servicio del hombre, o el hombre al servicio de la tecnología. Estamos equivocando las prioridades educativas y en este afán perdemos de vista lo primordial: la humanización de los educandos que supone, no siempre naturalmente, la humanización de los docentes.

 

Ahora bien ¿Cómo podríamos medir la calidad de las personas?,  habrá jerarquías en esta medición, habrá quienes ocupen auténticamente la zona VIP de la humanidad? ¿Quiénes serán los encargados de tal medición y que atributos les permitirán erigirse en jueces de sus semejantes?

 

En fin, la reflexión sobre el tema debe ser amplia para incluir en ella la calidad de todos los elementos involucrados en el fenómeno educativo. De tal suerte y para finalizar esta breve reflexión me remito a la finalidad educativa que señala el artículo 3º. de nuestra Carta Magna y que alude al desarrollo y convivencia armónicos de los mexicanos.

 

Pensemos pues en este parámetro, en la armonía o desarmonía de nosotros, de quienes nos rodean y de la sociedad que conformamos. ¿Estamos respondiendo cualitativamente a esta finalidad? Evidentemente no. ¡Emprendamos pues acciones cualitativas que nos permitan alcanzar este objetivo!

 

Es imperativo pasar del discurso a la acción, de la promesa a la concretización. “Educación con calidad”… ¡Dejemos de llevar y traer la frase! … si no es ahora ¿cuándo?, si no somos nosotros ¿quiénes?

 

Referencias

 

 

 

 

 

  • Gastaldi, Í. (1994) Educar y evangelizar en la postmodernidad. Ecuador: Abya Yala.

     

  • Lonergan, F. Bernard J. S.J. (1993) Filosofía y método. Topics in Education. Toronto: Universidad de Toronto.

     

  • Universidad Iberoamericana. (1985) Filosofía Educativa. México: UIA.

     

  • Wilde, Oscar. El Crítico Artista en Obras Completas. s. l., s.f. s. edit.

     

 

 * María Cristina Gómez Guerrero es Maestra en Linguística por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y catedrática de la Universidad Iberoamericana de Puebla y del Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE)